Capitulo 6

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Todavía no era capaz de abrir los ojos, pero algo me hizo despertar. Lentamente me acomodo, y mientras siento el rayo de luz pegando directo en mis ojos, recuerdo todo lo que pasó anoche.

¡Mauricio se quedó a dormir conmigo!

Veo la mesa y la mayoría de las velas estaban acabadas, era lógico, pasaron toda la noche iluminando. Quedaron solo tres un poco gastadas pero todavía estaban encendidas. Veo a mi lado, y Mauricio seguía dormido, sonrió sin desearlo. Me acerco a las velas encendidas y las apago. Paso mis manos por los ojos suavemente y suspiro. No me había fijado de la hora, hasta que la puerta se abre. Sus miradas son de sorpresas, las cuales pasan de mí, hacia Mauricio y luego hacia toda la sala.

— ¿¡Qué pasó aquí, Alonza!?— Hago que baje la voz, y me acerco a ellos rápidamente.

— Mauricio me acompaño para que no me quedara sola.

— ¿Por qué él, Alonza?

— Cálmate mi niño— Mi nana lo toma de los hombros, pero estaba alterado.

— Él estaba aquí cuando me llamaste, solo fue amable y agradezco que se haya quedado. Fue muy extraño, pero me sentí incapaz de quedarme sola— Veo que respira profundo y cierra los ojos un momento. Se empieza a escuchar un ruidito, me volteo y era Mauricio quién se estaba despertando. Al abrir completamente los ojos, se fija en todos nosotros. Juraría que se puso nervioso. Rápidamente se levanta, quitándose las sábanas de encima y dirigiendo su mirada a nosotros.

— Buenos días... Anoche...

— No te preocupe. Ya les expliqué.

— Igual. Quiero que sepan que solo quise cuidarla. Ví que estaba algo asustada y con lo de su tobillo, no era justo que me fuera y la dejara así.

— Gracias— Mi nana le sonríe, mientras él se acerca por completo.

— Un gusto verlos.

— Quédate a desayunar, Mauricio.

— Disculpa, no puedo. Mi madre debe estar muy preocupada, anoche no pude avisarle porque no había señal— Asiento y entonces retrocede a recojer las sábanas y almohadas.

— ¿Que haces?

— No puedo dejar este desorden.

— Déjalo.

— ¿Segura?— Yo asiento— Gracias.

Lo tomo de las manos cuando llega a la puerta y le susurro.

— Gracias a tí— Sonríe de lado.

— A pesar de la lluvia y los truenos, fue una bonita noche. Y no agradezcas, me gustó acompañarte— Sonrío soltando sus manos y seguido él se despide cerrando la puerta.

Al irse, los dos me veían diferente, Alejandro con una mirada acusadora y mi Nana sonriendo. Cuando estábamos desayunando, les estaba contando todo lo que pasó con Mauricio.

— La verdad me sorprendió lo desconcertado que estaba al verme aquí.

— Cuídate y no le des muchas explicaciones.

— ¿No has conseguido nada?

— Nada certero aún.

— Necesitamos encontrar algo y...— Me quedo un momento callada. Alejandro me lee la mente y se pone serio.

— ¿Que estás pensando?

— A ver ¿Cómo podríamos llegar con Rodrigo?— Su mirada cambió.

— No Alonza. Es arriesgado.

Hasta mi último aliento Donde viven las historias. Descúbrelo ahora