Nunca pensé que me fuera a alegrar tanto de una pequeña casualidad.
En cierta parte me recordó al efecto mariposa.
Como algo tan pequeño puede cambiarlo todo.
Empecé a ser consciente de lo que sentía cuando la más mínima cosa me recordaba a ella.
El color amarillo.
Los atardeceres.
Los tulipanes.
Su nombre estaba presente en mi mente de formas que nunca pensé que fueran posibles.
Cuando sonreía al móvil, para darme cuenta poco después que se estaba convirtiendo en mi notificación favorita.
Cuando nos veíamos mi corazón le pertenecía, y cuando no lo hacíamos se lo llevaba con ella.
Desde el primer momento había sido así.
Pero fue Ethan quien me hizo abrir los ojos al preguntármelo.
― ¿Pero tú qué sientes por ella?
― Nada. ― Respondí. Estaba perdido en unas emociones que no reconocía. No sabía ponerle nombre. O puede que no quisiera reconocerlo en voz alta.
― Tío, te acuerdas de los detalles que te dice, le sonríes al móvil, me hablas de ella.
― Pero... ― No me dejó acabar, porque parecía que tenía mucho que decir.
― Te quedas hasta tarde hablando con ella, asesinas con la mirada a cualquier tío que se le acerque más de lo debido. ― Hizo una pequeña pausa. ― Incluso me dijiste que le querías dar tu camiseta de fútbol con tu número.
Se levantó y se puso a mi lado. Yo tenía la mirada perdida. Intentando asimilar lo que me estaba diciendo. Sentí su mano en el hombro.
― James, nos conocemos desde hace mucho. Y nunca te había visto así por nadie. ― Me dio un pequeño apretón. ― Que yo sepa, eso no es sentir nada, si no sentirlo todo.
― Tengo miedo. ― Dije casi en un susurro. No estaba acostumbrado a decir en voz alta lo que sentía.
― ¿De qué? ¿De sentir?
― Sí. Porque eso implica una posibilidad de sentir dolor en un futuro. De acabar con el corazón hecho añicos.
― Tu corazón se ha ido recomponiendo desde que la conoces. Ha ido uniendo pedacitos tuyos que no creías que estaban rotos. Eso es lo que te da miedo. Que sea capaz de curar algo que ella no rompió.
Se levantó y se fue a coger una toalla para dirigirse al baño. No sin antes decir una última cosa.
― Si te tienes que arrepentir de algo, que sea de haberlo intentado. Porque el peso de lo que no has hecho es mucho mayor.
Y se fue, dejándome a solas con mi mente.
El tatuaje que tenía en las costillas me hablaba.
Run the risk.
Mi madre siempre decía << Pesan menos las acciones de lo que has arriesgado, que la duda por lo que no has intentado >>.
Si tenía que hacer algo, lo haría con miedo.
Porque el miedo de perderla, aún sin ser nada, era mayor que el hecho de acabar con el corazón roto.
Tenía claro lo que quería.
Solo faltaba que ella quisiera lo mismo.
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Hechos De Oportunidades
RomanceTras la muerte de su padre, Olivia y su madre deciden irse de su hogar en Londres para empezar de cero en Australia, pero cuando la carta de la Universidad de Huntford llega, su mundo se pone patas arriba. Sin esperar nada, conocerá a gente que le c...