Alvertencia:Esta historia contiene relaciones toxicas, protagonistas muy intensas, lenguaje vulgar, escenas sexuales muy explicitas por esa razon esta histia es +18.
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La puerta del apartamento de Taehyung se cerró con un golpe que resonó en el pasillo. Los pasos rápidos y agitados de ambos fueron el único sonido que llenó el pequeño espacio por unos segundos. Jimin apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Taehyung lo empujara contra la pared, atrapándolo entre sus brazos con una intensidad casi abrumadora.
—¿Te das cuenta de lo que hacemos? —Taehyung murmuró, su respiración pesada mientras su frente rozaba la de Jimin. Sus ojos oscuros ardían con una mezcla de furia y deseo incontrolable.
Jimin intentó hablar, pero sus palabras se ahogaron cuando los labios de Taehyung lo atraparon en otro beso salvaje, profundo, cargado de frustración. Lo que había comenzado en el club continuaba ahora, y ambos estaban más allá de detenerlo. La racionalidad se había quedado atrás desde el momento en que sus miradas se cruzaron.
—Cállate... —susurró Jimin entre besos, mientras sus manos se aferraban a la espalda de Taehyung, tirando de él con fuerza, como si necesitara sentirlo lo más cerca posible.
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El apartamento estaba oscuro, apenas iluminado por las luces de la ciudad que se filtraban a través de las cortinas mal cerradas. Pero ni siquiera necesitaban luz para saber lo que estaban haciendo. Lo conocían demasiado bien. Cada toque, cada suspiro, cada movimiento estaba cargado de la misma tensión que los había atormentado durante años.
Taehyung deslizó sus manos por la cintura de Jimin, aferrándolo con fuerza, como si intentara anclarlo en la realidad. Pero era inútil. Ambos estaban cayendo en el mismo pozo sin fondo, en esa espiral de emociones que siempre terminaba en lo mismo: caos.
—Maldita sea, Jimin... —jadeó Taehyung cuando rompió el beso, su mirada llena de una mezcla de rabia y deseo—. Sabes lo que haces conmigo, ¿verdad? Sabes lo que me haces sentir...
—¿Y tú qué crees? —Jimin lo retó, sus labios hinchados por los besos y sus ojos brillando con la misma intensidad. No había lugar para la razón en este momento. Solo importaba el aquí y el ahora. Sabían que lo que tenían era destructivo, pero lo necesitaban. Se necesitaban el uno al otro de la forma más cruda y primitiva posible.