Era más que obvio que no podía seguir en su clase, después de lo que había sucedido el día de ayer. Decidido, fui a la dirección, con la esperanza de que quizás pudiera cambiarme de clase o encontrar alguna solución similar.
—Buenos días, director Michael— saludé al entrar a su oficina, con un nudo en la garganta y el corazón latiendo a mil por hora.
—¿En qué te puedo ayudar, Sam? — Me preguntó el director, con una voz calmada, mientras me indicaba con su mano que tomara asiento frente a su escritorio.
—Lo que sucede es que quería ver si había forma de cambiarme de clase— mencioné con cierto nerviosismo, sintiendo cómo el sudor frío recorría mi espalda.
—¿Qué clase quieres cambiar?— Inquirió con una voz muy seria y autoritaria que resonó en las paredes de la oficina.
—Quiero la clase de filosofía del profesor Smith— respondí, aún más nervioso que nunca, sintiendo que mi voz temblaba ligeramente.
—Vamos a ver, ¿Cuáles son los motivos del cambio? Tienen que ser motivos justificados para poder llevar a cabo la solicitud— explicó el director Michael, sin perder esa firmeza en su tono que tanto respetaba y que ahora me resultaba intimidante.
Luchaba por encontrar las palabras adecuadas, aquellas que pudieran transmitir la profundidad de mi malestar y la urgencia de mi petición. Era un momento crucial, cargado de incertidumbre y esperanza. Quería explicar cómo los eventos del día anterior habían dejado una marca imborrable en mi ánimo, cómo cada minuto en aquella clase se volvía un tormento que apenas podía soportar. Pero, sobre todo, deseaba que el director comprendiera que este cambio no era un mero capricho sino una necesidad imperiosa para seguir adelante.
Y así, entre suspiros y miradas esquivas, alcé la voz una vez más, buscando que mis palabras tocaran esa fibra de comprensión que todos llevamos dentro.
No podía evitar sentir un nudo en el estómago mientras pronunciaba las palabras con nerviosismo: —Si no se puede hacer el cambio, me gustaría dar de baja esa clase—. Mis manos temblaban ligeramente, reflejando la tensión acumulada de días de preocupación y desvelo.
El director, Michael, con una voz calmada que contrastaba con mi agitación, respondió: —Deja veo y te aviso—. Sus palabras, aunque tranquilizadoras en apariencia, dejaron en el aire una incertidumbre que se asentó pesadamente en mi ánimo.
Mientras me levantaba para salir de su oficina, una sensación extraña me embargaba. Mis pies parecían hundirse en un suelo que se deshacía bajo cada paso. Al abrir la puerta y dar el primer paso al pasillo, ahí estaba él. Nuestras miradas se cruzaron una vez más en un instante suspendido en el tiempo, cargado de tantas palabras no dichas y emociones contenidas. Sentí como si el mundo se paralizara a nuestro alrededor, permitiéndonos observarnos el uno al otro con una intensidad que escapaba a la comprensión.
Unos segundos más y el hechizo se rompió. Continué mi camino hacia la salida, mi corazón golpeando dentro de mi pecho como un tambor frenético. Al llegar a la puerta, no pude evitar girar la cabeza para echar un último vistazo y, en ese momento, vi al profesor Logan entrar a la oficina del director. Una mezcla de curiosidad y resignación se asentó en mi mente. Quizás Logan tenía la solución a mis problemas o tal vez él también compartía esa sensación de incertidumbre y duda que me había estado acompañando.
La luz del sol afuera me cegó momentáneamente, una bienvenida al mundo real tras el breve pero intenso interludio en la oficina. Me di cuenta de que, aunque mi solicitud estaba en el aire, anclada en las manos del director, necesitaba encontrar paz en mi interior. La vida seguía su curso y, con ella, yo también debía continuar mi camino, entrelazando mis pasos con los de quienes cruzaban mi senda, incluso si sólo era un breve cruce de miradas cargadas de significado.
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Diario de un Adolescente
Short StoryLa novela narra la cautivadora historia de Sam Miller, un joven de 17 años que se enfrenta al desafío de vivir solo en casa debido a los constantes viajes de sus padres. Durante su último año de preparatoria, Sam conoce a un hombre que cambiará su v...