Capítulo 5: Confianza Mutua (Final)

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Data: ¡Devidramon! ¡Reacciona!

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Data: ¡Devidramon! ¡Reacciona!

El dragón de las sombras no responde a sus súplicas, sólo ruge con ferocidad ante quienes solían ser sus amigos mientras extiende sus garras, tocando el suelo, y rasgarlo en su avance asesino contra ellos.

Con tal de mantener su promesa, la demonesa saca fuerzas de donde no tiene, para sujetar nuevamente al humano, y tratar de sacarlo de aquel lugar. Ve la entrada al jardín trasero del castillo como la mejor opción, pero la misma tiene un guardía esperandolos.

Lady: ¡Maldito seas, Wizardmon!

El mago cuyo cuerpo se contorsiona a cada paso que da, alza su báculo e invoca varios relámpagos de tonalidades espectrales, nacidos de la tormentosa nube que oculta el techo del Hall Principal.
Y los apunta contra el dúo encadenado, listo para lanzar su ataque.

La demonesa se maldice, y piensa en dar la vuelta, pero la figura de aquel dragón se acerca por detrás, quién al igual que el mago, enciende sus garras en un rojizo intenso como la sangre.

Data: ¡Lanzame a Devidramon!

Lady: ¡¿Estás loco?! 

Data: ¡Solo hazlo!

Le aclara mientras levanta la espada oxidada, en un intento de explicar sin mediar palabras, a lo que la demonesa, viéndose sin opciones, y sabiendo que no tiene la fuerza para contratacar por su cuenta, toma una decisión.
Afloja su agarre del humano, soltandolo lo suficiente para sostenerlo con el gran guante demoníaco de su brazo derecho, y de un giro rápido, voltearse de frente al Devidramon.

A medida que el humano se acerca al dragón demoníaco, su pulso se acelera hasta un punto incalculable, con solo una idea en su cabeza que retumba con un grito desesperado.

Data: «¡Que funcione! no… ¡TIENE QUE FUNCIONAR!»

Mientras su brazo izquierdo era sujetado por el guante demoníaco, concentra toda su fuerza en el derecho para sostener la espada oxidada. Su mango arisco, su hoja sucia y corroída, prueba del tiempo bajo tierra, es la única manera que el humano tiene para poder actuar, el poder “hacer algo”, deseando con todas sus fuerzas que funcione.

Un segundo, es tan solo un segundo en que transcurre todo, Data puede ver de cerca las fauces del dragón, sus grandes y afilados colmillos, generando esa bruma espectral que recorre su cuerpo. Sin desviar la mirada, hace lo posible para dirigir su brazo derecho contra aquella bruma, rogando con todas sus fuerzas el no fallar, y siendo incapaz de poder presenciarlo por el propio empuje de Lady Devimon.
Finalmente, escucha un alarido de dolor.

El mentón del dragón es rajado por la espada, no hay un daño visible, pero grita como si le hubieran abierto la mandíbula, perdiendo el equilibrio en su asalto, y estando a punto de caer encima de ellos. O eso habría ocurrido, si no fuera porque la demonia es capaz de mantener su empuje al girar, pasando por debajo del dragón, y dejando que sea el mago quién reciba de lleno el peso de su amigo, aplastandolo, y evitando que ataque con sus rayos espectrales.

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