Desnudo y envuelto entre las sábanas, la luz de la mañana entraba suavemente por la ventana. Al mirar a mi alrededor, me di cuenta de que Logan no estaba. Todo indicaba que se había ido hace mucho tiempo. Respiré hondo, intentando ajustar mis pensamientos, pero algo en el ambiente me perturbaba. Se escuchaba más ruido de lo normal, casi como si una multitud se congregara cerca.
Guiado por la curiosidad, me vestí rápidamente y salí para descubrir qué sucedía. Para mi sorpresa, una familia se estaba mudando a la casa de al lado. Los camiones de mudanza bloqueaban la calle y los muebles y cajas apilados en el jardín parecían contar una historia nueva. Observé con detenimiento cada movimiento, pensando en cómo esta nueva presencia podría transformar el barrio y mi vida cotidiana.
Mientras miraba a los nuevos vecinos instalarse, una mezcla de emociones me embargaba. Por un lado, el misterio de Logan y su abrupta desaparición seguía en mi mente, una incógnita que aún dolía. Por otro, la llegada de una nueva familia despertaba en mí una esperanza renovada, la posibilidad de nuevas interacciones y amistades. La vida, con sus giros y sorpresas, nos invita constantemente a adaptarnos, a abrirnos a lo inesperado. Y así, con el corazón dividido entre la ausencia y la expectativa, me quedé contemplando desde el umbral, esperando que el destino me revelara los próximos capítulos de esta historia en la que estamos todos inmersos.
Los nuevos vecinos parecían interesantes, así que tomé la decisión de acercarme a saludarlos. — ¡Hola!— exclamé con fuerza, asegurándome de que pudieran escucharme.
Para mi sorpresa, una mujer de no más de treinta y cinco años, con una expresión amistosa y simpática, respondió: — ¡Oh!, hola. Soy Martha, tu nueva vecina.
—Me llamo Sam, — respondí, con una sonrisa en los labios, —es un muy buen vecindario— Las palabras parecían fluir con naturalidad mientras trataba de transmitir una calidez genuina.
—Sí, eso veo, — contestó Martha, con una mirada de aprobación en sus ojos. —Bueno, seguiré acomodando todo esto, que si no, nunca voy a acabar— Con un gesto de despedida, volvió a la vorágine de la mudanza.
Me quedé allí, parado en la entrada, observando como los de la mudanza llevaban muebles y una infinidad de cajas dentro de su nueva morada. Entre todo ese caos organizado, vislumbré a un chico muy atractivo caminando al lado de una chica igual de linda. Sus pasos parecían sincronizados, como si fueran reflejos de una misma alma.
Las hojas crujían bajo sus pies mientras el sol se ponía en lo más alto del cielo. En ese instante, sentí una brisa suave que parecía cargar consigo promesas de nuevas amistades, momentos compartidos y tal vez, la frescura de una primavera que apenas comenzaba en este pequeño rincón del mundo.
Cada gesto, cada palabra intercambiada, eran pequeños hilos que comenzaban a tejer la tela de una nueva historia en este vecindario. Y así, con la expectativa latiendo en cada esquina, supe que algo especial estaba por comenzar.
El fin de semana había desaparecido en un parpadeo, y seguía a la espera de que Logan regresara, pero no había rastro de él por ninguna parte. El lunes llegó y con él la rutina de las clases. El director había pedido verme en su oficina, una convocatoria que despertó en mí una mezcla de curiosidad y aprensión.
—Con respecto a tu solicitud sobre el cambio de clase, — comenzó con un entusiasmo que parecía fuera de lugar en aquel contexto.
—Sí, ¿Qué ocurre con esa solicitud? — pregunté, sintiendo una inquietud crecer en mi interior.
—Ya no tomarás la clase de filosofía del profesor Logan, — respondió, la emoción evidente en su voz.
— ¿De verdad?— La desilusión debió de ser más que palpable en mi rostro, a pesar de mis esfuerzos por enmascararla.
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Diario de un Adolescente
Historia CortaLa novela narra la cautivadora historia de Sam Miller, un joven de 17 años que se enfrenta al desafío de vivir solo en casa debido a los constantes viajes de sus padres. Durante su último año de preparatoria, Sam conoce a un hombre que cambiará su v...