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Katsuki se colocó el delantal con movimientos bruscos y lo ajustó con fuerza, como si al apretar el nudo pudiera contener el mal humor que llevaba encima. No era raro que estuviera de mal humor, pero ese día en particular parecía estar más irritado que de costumbre. Y cuando las cosas se ponían así de feas, solo había una solución: preparar su curry extra picante, el que podía hacer llorar a cualquiera que se atreviera a probarlo.

Caminó hacia la nevera, la abrió de un tirón y comenzó a revisarla con la mirada, buscando los ingredientes que necesitaba. Sin embargo, mientras exploraba el contenido de los estantes, sus ojos se detuvieron en algo. Una pequeña caja transparente, arrinconada en una esquina. Dentro de ella había un trozo de pastel de fresa que Eijiro se lo había dado un par de días atrás, insistiendo en que lo probara.

Al ver ese maldito pastel, Katsuki frunció el ceño de inmediato. No era solo el hecho de que no le gustaban las cosas dulces lo que lo irritaba, sino que, por alguna razón, ese color rojo y blanco lo hacía pensar en alguien. En un alumno en particular, alguien cuyo cabello tenía esos mismos colores.

Sintió una punzada de frustración al darse cuenta de que ese mocoso de dos colores se había colado otra vez en su mente sin permiso. No tenía ni puta idea de qué mierda le estaba pasando, pero una cosa era segura: todo era culpa de ese crío. Cerró la nevera de golpe, haciendo que el ruido resonara por toda la cocina. Se quedó inmóvil por unos segundos, hasta que una expresión de desagrado se formó lentamente en su rostro.

«Su puta madre»

Volvió a abrir la nevera de un tirón, agarró la pequeña caja con más fuerza de la necesaria y se dirigió directamente hacia el cubo de basura. Sin pensarlo dos veces, levantó la tapa y lanzó el maldito trozo de pastel de fresa dentro.

¿Parecía una reacción inmadura? Quizás. ¿Le importaba lo que pensaran los demás? Para nada.

Suspiró profundamente mientras se llevaba las manos a la espalda para desatar el delantal. Miró hacia el reloj que estaba pegado a la pared y se dio cuenta de que ya eran casi las diez de la noche. Había pasado todo el día sin comer nada. ¿La razón? Básicamente había estado corrigiendo un montón de exámenes y fichas de sus estudiantes, lo cual había tomado más tiempo del que había anticipado.

Ah, pero eso no era todo... También había estado pensando en algo que realmente lo tenía distraído: el hecho de que estuvo a punto de besar a su puto alumno.

«Joder, debes dejar de pensar en ese mocoso o terminarás con canas antes de los treinta»

Tiró el delantal sobre la encimera de la cocina y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia la entrada. Tal vez lo mejor sería salir a comer algo fuera. Se puso los zapatos y la chaqueta rápidamente y tomó las llaves de su casa, estuvo a punto de tomar también las de su auto, pero optó por ir caminando. Necesitaba despejarse y, con suerte, encontrar un lugar donde pudiera relajarse un poco y olvidarse de toda esa mierda.

(...)

—Llámenme si necesitan que los venga a recoger, no importa si son las tres de la madrugada.

Touya soltó una risa divertida.

—Claro, por supuesto.

Mientras Touya cerraba la puerta del coche y se despedía del chófer, Shoto observó la casa de Mirio frente a él. Desde el exterior, ya podía escuchar la música a todo volumen y las risas de las personas que estaban dentro. Se dispuso a dar un paso hacia la entrada, pero antes de hacerlo, Touya lo detuvo al agarrarlo del hombro.

—Más te vale no meterte en problemas esta noche, Todoroki Shoto —dijo el peliblanco, mirándolo seriamente.

—¿Y desde cuándo me he metido en problemas? No soy así —respondió Shoto, sonriendo de lado.

Teacher [BakuTodo]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora