Sumida en la rutina, pasaron los cinco días y llegó el que lo cambió todo.
Salí antes que nadie de clase, cuando el timbre aún no había sonado, y me fui a mi habitación.
Dejé mis cosas encima de la cama, me metí en la ducha, y respiré.
Solté todo el aire que parecía que había estado conteniendo. Solté todas las lágrimas que se iban camuflando con el agua de la ducha. Pero sobre todo solté todo lo que llevaba sintiendo.
Lo que sentía durante todo el año se profundizaba ese día.
Parecía que todo el año fuera como un ejercicio de preparación.
Para que las emociones no me arrollaran como un huracán que no se detiene y que arrasa con todo a su paso.
Para que no me desmoronara del todo.
Para que no acabaran conmigo.
Estaba lejos del único lugar en el que me apetecía estar ahora mismo. Con mi madre.
Sabía que este día llegaría. Algunos años fueron más llevaderos, pero este no iba a ser uno de ellos.
Salí de la ducha a desgana, me vestí y me eché en la cama. Cogí el móvil y llamé a mi madre por videollamada.
― Hola cariño. ― Una sonrisa le apareció en la cara, pero no le llegaba a los ojos. No la iba a culpar cuando a mi me pasaba lo mismo.
― Hola mamá.
Me fijé en su cara. Tenía ojeras, y su cara había perdido ese brillo que siempre tenía. Esa alegría.
Nuestros dolores eran por el mismo motivo, pero ambas lo sentíamos de diferentes maneras.
Supongo que sí que es verdad eso que dicen del dolor. Es algo que queremos evitar siempre, pero es algo inevitable para todo el mundo en algún punto de su vida.
Igual que la pérdida.
A nosotras nos tocó antes de tiempo.
― ¿Cuánto?
― Nueve. ― Intenté contener las lágrimas. ― ¿Y tú?
― Este año diez. ― Su susurro me encogió el corazón.
Cada año nos hacíamos la misma pregunta, porque llegamos a un punto en el que ninguna de las dos sabía cómo describir lo que sentíamos, así que decidimos ponerle puntuación.
― ¿Algún año dolerá menos?
― No lo sé. ― Me miró con esos ojos que eran iguales que los míos. ― Supongo que depende de cuánto estés dispuesto a superar a esa persona.
No sabía cómo estar dispuesta a superarlo.
No sabía cuál era el comienzo.
No quería hacerlo.
Pero sé que debía.
― He visto que esta noche hay una celebración que organiza la universidad en un hotel de allí. ― Dijo mi madre cambiando de tema, mientras veía que se quitaba las lágrimas incipientes en sus ojos.
― ¿Cómo lo sabes?
― Sigo a la universidad por Instagram. No estoy tan anticuada como crees. ― Ambas reímos. ― ¿No quieres ir, verdad?
― No sienta que sea lo correcto. ― Confesé.
― Cariño, no te puedes culpar por vivir. ― Aparté la mirada del móvil y de su cara y la centré en la estantería de Madeleine y sus libros.

ESTÁS LEYENDO
Hechos De Oportunidades
RomanceTras la muerte de su padre, Olivia y su madre deciden irse de su hogar en Londres para empezar de cero en Australia, pero cuando la carta de la Universidad de Huntford llega, su mundo se pone patas arriba. Sin esperar nada, conocerá a gente que le c...