𝒳𝒳𝐼𝒳- 𝓛𝓪 𝓷𝓾𝓮𝓿𝓪 𝓫𝓻𝓾𝓳𝓪-

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*Separador: Carly*

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*Separador: Carly*

Bien, eso no me lo esperaba en lo absoluto...

Volteé a mirar a todos, pero parecía que cada uno estaba intentando digerir las recientes palabras que la bruja acababa de pronunciar.

—¿Cuál mate? — Preguntó su padre — Infinity no lo ha encontrado, ella nos habría dicho.

Si antes los reyes ya se encontraban completamente preocupados y tristes por su hija, la reciente información les había caído como un maldito huracán.

—¿Cómo podía haberles dicho algo? La idea de que estuvieran hablando de exterminar la especie de su mate ya era suficiente para tenerla perturbada.

—¿Exterminar su especie? — La oración se deslizaba de los labios de la Reina como una letanía, cada palabra cargada de una urgencia desesperada. Samantha, sin embargo, no pudo más y la interrumpió con un suspiro.

—Cuando volvimos aquí te lo dijimos, hay demonios que son como nosotros. — La voz de su esposa, dulce y familiar, sacó a Evanna de su estado de pánico. Se abalanzó sobre ella, buscando refugio en ese abrazo que las protegía del mundo.

—¿Los "hijos de las sombras"?

—Si, ellos. Tienen consciencia al igual que lazos, Evanna no los habría ayudado si no fuera así. — Señaló a la chica dormida en la cama. — No lo había entendido por completo hasta que Eva me dijo lo de Finy. El único que sufre no es aquel demonio en el infierno, sino también su mate. Pasar la eternidad sola suena tortuoso, y más si no hiciste nada para merecerlo.

La Reina se acercó a su hija con una mirada inundada de culpa y se arrodilló a su lado. Acarició su cabeza con todo el amor que tenía por ella y sus ojos terminaron por inundarse de lágrimas.

—Salgan, todos. — Daniel, con el corazón en un puño, ordenó al ver a su esposa en aquel estado.

Nadie se opuso a aquella orden, ni siquiera Evanna, que parecía desesperada por llevarse a la chica al inframundo.

Al salir, me refugié en el abrazo de mi amiga. Sus brazos me envolvieron con la calidez familiar que tanto necesitaba en estos momentos. Eva y su mujer, igual de abatidas que nosotros, reflejaban el dolor que nos unía a todos por lo ocurrido con Gally y Finy.

Sentí un pinchazo de culpabilidad de ver a mi amiga tan mal, pues no hacía mucho, Kennedy y yo, cegados por la desesperación de creer que Gally había sido secuestrada por la bruja, casi la habíamos obligado a usar su don para buscarla.

Y digo "obligamos" porque Evanna estaba bastante negada a buscar a la bruja, pues estaba convencida de que no ganaríamos nada teniéndola cerca, a pesar de nuestras insistentes súplicas.

Los tres necesitábamos de Gally, sobre todo ahora que todo se estaba yendo a la verga.

Suspiré y acaricié la cabeza de mi amiga al sentir como se alejaba lentamente de mi cuerpo.

Infierno Escarlata (C.E 2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora