Llegué a un claro en el que vi algo que jamás me hubiese imaginado. Había una cúpula de cristal enorme que se encontraba en el corazón del bosque. Parecía que no había nadie cerca, por lo que decidí acercarme. De repente, escuché unos sollozos provenir de aquel lugar. Me escondí detrás de un árbol para observar que estaba ocurriendo.
Por una puerta vi salir a una chica humana alta y muy delgada, de tez pálida, cabellos rubios y un vestido azul que llevaba un plato de comida en una mano. Parecía que se estaba acercando a algo, pero había un montón de piedras que no me dejaban ver a qué.
-Miles, te traje algo de comer.- Dijo la chica con voz suave y calmada.
Miles. Me pregunto quién será. Así que no estaba sola, interesante.
-Gracias María.-Oí una respuesta en un susurro, pero no pude ver de quién. Seguramente era de ese tal Miles.
-Tú come, yo iré a vigilar que no entre nadie, ¿vale?- María se levantó y se dirigió al mismo sitio del que había salido, desapareciendo de mi vista.
Me acerqué sigilosamente para ver quién era la persona que se escondía detrás de las piedras. Pero al parecer me escuchó, porque oí como algo corría a esconderse desde otro ángulo aún más lejos que antes.
-¿Hola?- Dije cautelosamente.
Observé como se asomaba una cola de color naranja terminada en puntas blancas y con un pelaje espeso. Supuse que era de un zorro, pero lo que me sorprendió fue ver dos colas. Así que hay dos zorros.
-No te haré nada, lo prometo.
Esas palabras hicieron que me dieran escalofríos. Recordé cuando todavía era pequeño, como un hombre de bata blanca se acercaba mi sonriendo alegremente. "No te haré nada, lo prometo", esas fueron las palabras que me dijo antes de conectarme a un montón de cables. Después de eso mis recuerdos son borrosos, seguramente por las descargas eléctricas.
Pero esta vez era diferente. No veía quién era, pero de alguna manera su voz me resultaba reconfortante, como me ocurría con María. Ella siempre me ha estado cuidando desde que tengo memoria. Es la única que no lleva una bata blanca, a lo mejor eso es lo que la hace buena. Probablemente todos los que lleven bata son malos, pero ellos no quieren. Sí, seguro que es eso. Me aclaré la garganta antes de hablar, aunque lo único que salió de mi garganta fue un susurro. No estaba acostumbrado a hablar mucho.
-¿Llevas una bata?
-¿Qué?- Escuché como la persona estaba confundida.
-Que si llevas una bata blanca de esas... Las que hacen que seas malo.- Dije.
Hubo un silencio largo antes de volver a oírle.
-No, no llevo ninguna bata.- Me afirmó y, por alguna razón, le creí. Tiene gracia, porque ni siquiera le había visto y ya me generaba confianza.
Después de un rato, decidí asomar mi cabeza para ver quién era el misterioso chico.
Entonces lo vi. Vi como una cabeza se asomaba de entre las piedras, observé como sus orejas se ladeaban y sus ojos azules se movían de un lado a otro buscándome. Me acerqué lentamente a la cúpula y apoyé una mano sobre el cristal.
-Hola.
El zorrito salió de donde estaba y, cuál fue mi sorpresa al descubrir que las dos colas pertenecían a él. Pero no me importaba en absoluto. Noté como se movía de manera cautelosa, como si tuviese miedo.
-Hola.- Respondió con algo de dificultad.
Era un zorro de, más o menos, mi edad. Tenía el pelaje algo sucio y con heridas recientes. Supuse que era muy torpe. Era bastante delgado y algo bajo para su edad. Pero lo que más me cautivaron fueron sus ojos azules, tan profundos e inmensos como un océano. Te podías perder en ellos por horas y no darte ni cuenta.
-¿Quién eres?- Susurró, haciendo que me costase entenderlo.
Me señalé a mi mismo con orgullo.
-Soy Sonic, Sonic el erizo.- Exclamé.
El zorrito me miraba extrañado y ladeaba la cabeza.
-Nunca había oído ese nombre.- Dijo.
-Bueno, es que es único, como yo.- Sonreí con algo de arrogancia. -¿Y tú?¿Cómo te llamas?- Pregunté.
-Soy Miles... Miles Prower.
-Mira tú por donde, yo tampoco había oído ese nombre en la vida. Qué cosas, ¿no?- Bromeé.
Solo me quedaba observando al erizo mientras contaba como había sido algo que se llama "mudanza". Me parecía increíble que alguien me hubiese encontrado y que no se hubiese asustado o burlado por mis colas. A mi me habían dicho que lo iban a hacer. Al parecer el jefe de las batas blancas me había mentido, otra vez. Pero no es su culpa, es por las batas que llevan puestas, seguro.
Sonic era el primer chico que había visto en mi vida. Todos en el laboratorio eran hombres humanos ya mayores. María era una chica de dieciséis años, pero aún así me sorprendía ver a alguien de, aproximadamente, mi edad.
Nunca celebraba cumpleaños, solo sabía que existen gracias a las historias que me contaba María, por lo que no sabía mi edad. La descubrí gracias a una de mis fichas que estaban almacenadas en el oficina de uno de los señores con bata. Después de pillarme dentro de aquel sitio, me castigaron. Estuve en una habitación a oscuras por veinticuatro horas enteras, fue horrible.
Observé a Sonic de nuevo. Era una persona muy relajada y sociable, era casi imposible sentirse incómodo con él. Gesticulaba mucho mientras hablaba de como una vez le gastó una broma a su hermana. De alguna manera me consiguió sacar una pequeña sonrisa, olvidándome en donde me encontraba en ese momento.
-Hey, que casa tan chula. Eso de la cúpula es muy original.
Ese comentario me trajo de vuelta a mi triste realidad.
-Casa...- Murmuré mientras me imaginaba junto a mi madre acurrucados en una chimenea, tal y como me contaba María de qué manera pasaba las vacaciones de invierno.
-Oye Talis, ¿estás bien?- Arqueé una ceja al escuchar el mote que me había dado.
-Uh, perdón. No sé por qué lo dije, me salió solo, yo...
-Me gusta.- Dije con una pequeña sonrisa de lado.
Sonic solo me miró divertido. Nos quedamos perdidos en nuestras miradas durante un buen rato, hasta que escuché unas conocidas llaves que me sacaron del trance en el que me encontraba.
-Tienes que salir de aquí ya.- Le advertí mientras miraba hacia la puerta.
Me giré a verlo y agitó la mano en forma de despedida.
-No es hora de pensar, es hora de correr.- Dijo riéndose.
Escuché aterrado como la puerta se abría mientras salía el hombre de bata blanca. Me giré para ver al erizo, pero este había "desaparecido". Me quedé procesando durante un momento lo que acababa de ocurrir.
-Tú, zorro. El jefe quiere verte. Toca otra ronda de descargas.- Me espetó mientras me sujetaba por los dos brazos. En fin, de vuelta a la rutina.
Salí corriendo en dirección a mi casa y observé aterrado como empezaba a oscurecer.
-Genial, ahora papá me va a matar.- Murmuré para mis adentros.
Mientras me acercaba a la entrada, el chico zorro apareció en mi mente.
"Que chico más inusual" pensé antes de tocar la puerta principal.

ESTÁS LEYENDO
El corazón del bosque (Sontails)
FanfictionEn lo más profundo de los árboles, entre las sombras acechantes, en el corazón del bosque se haya un secreto en donde aguardan múltiples vidas que silenciar. ¿Qué será de Sonic cuando descubra ese oscuro secreto?¿Podrá confiar en el zorrito tan tími...