Capítulo Dos: La Cabaña

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Dylan me esta enviando lejos con Liam.

¿Qué haré ahora?

— Te voy a enviar lejos con Liam — habla Dylan sin ninguna reacción en su cara.

¿En serio me va a mandar lejos?

— ¿A donde piensas enviarme? — le digo y frunzo el ceño —, ¿qué? ¿Me enviaras a Hawaii? — le digo con sarcasmo y a Dylan se le oscurese la mirada.

— ¿Qué? ¡NO! ¿Estas loca? — frunce el ceño y avanza un poco hacia mi — ¿Por qué te enviará a Hawaii con tu guardaespaldas?

Se nota que entendió el sarcasmo.

— Pensé que querrías hacer algo lindo por mi para variar — le digo y pongo los ojos en blanco.

Dylan esta que prende humo por las orejas.

— Por el amor de Dios, Anastasia, ¡tu vida esta en peligro!

Ahhhhh.

Ahora si se preocupa por mi vida.

Hipócrita.

— Por favor. ¡Estas usando esto como una excusa para finalmente deshacerte de mi! — le grito y Dylan aprieta la mandíbula.

De reojo veo a Liam salir discretamente de la habitación cerrando la puerta detrás de él.

—  Ahí vas con el drama de nuevo — responde Dylan y me mira con fastidio.

— ¿Drama? — me exaspero y lo apunto con mi dedo —. Tu eres el que está siendo ridículo en este momento. ¿Qué tal si aumentas la seguridad? — lo empujo un poco y aprieto los puños en mis costados para aguantar de darle un puñetazo —. ¿Qué tal si usas las imágenes de seguridad de la casa para encontrar al tirador?

Él pone los ojos en blanco y comienza a teclear en su teléfono.

¿Me está ignorando el muy hijo de su mamá?

— ¿Por qué no le dejas la investigación a los hombres? — responde con fastidio y me da una sonrisa burlona —. Estoy manejando esto, y terminará antes de que te des cuenta. Pero no te vas a quedar aquí, y eso es definitivo. Fin de la discusión.

No lo puedo creer.

¿De verdad he aguantado todo esto?

— Solo admitelo, Dylan — lo miro directamente a los ojos —. ¡Quieres que me vaya porque quieres acostarte con tu asistente! Y si ya no estoy, pues, no hay nada que te detenga. ¿Verdad?

Dylan se ríe un poco y siente que mis mejillas arden de la rabia.

— No seas ridícula. Los hoteles existen por una razón.

Abro mucho los ojos y por un momento no sé qué decír.

Es la primera vez que me habla abiertamente de sus infidelidades. Siempre he sabido que lo hace, pero nunca lo ha admitido.

— ¡Lo ves! ¡Nisiquiera intentas negarlo! — Sonríe, pero aún así no dice nada. Es un cretino —. Dylan, por favor no me hagas esto.

Dylan deja de mirar su teléfono para mirarme a mi y alza una ceja.

— Ya está hecho. Lo acabo de confirmar por teléfono con mi equipo de seguridad.

Dejó caer los hombros derrotada.

— ¿Puedes al menos decirme a donde piensas enviarme? —le digo.

— Con esa boca tuya no hay muchos secretos que pueda confiarte — me dice y abro los ojos asombrada —. Liam y yo seremos los único que sabremos tu ubicación. No tendrás contacto con nadie más que tu guardaespaldas mientras estés allí.

Guardaespaldas [EN PROCESO] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora