Capítulo 46. Mirame a los ojos

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Elizabeth

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Elizabeth

—¡Mamá! ¡Ya basta! —Ambas entramos a la casa mientras mi madre, furiosa, no paraba de repetir, desde que salimos del instituto, lo inaceptable que había sido mi comportamiento.

—¡Pero, Elizabeth! ¿Es que acaso no te das cuenta? ¡Maldita sea! ¡Pudiste haber sido expulsada! —Mi madre se llevó las manos al cabello y comenzó a jalárselo suavemente—. ¡Tuve que rogarle a ese terapeuta para que te dejaran estar estos últimos días y pudieras graduarte! ¡¿Y ahora qué va a pasar?!

—¡Pues ya deberías estar feliz! ¡Al menos gracias a ti no me expulsaron! —Me crucé de brazos y le di la espalda.

—¿Es que no tienes decencia, Elizabeth? —Sentí su mirada fija en mi espalda, decepcionada y triste.

No quise responder. Estaba demasiado molesta por haber encontrado a mi madre en esa habitación con esa estúpida de Danielle. Me hervía la sangre de la rabia; ella había dejado de llorar solo cuando esa arpía se fue sin siquiera mirarme.

¡Ellos ya no eran nada!

Negué con la cabeza y me giré para enfrentar a mi madre, quien fruncía el ceño y me miraba con disgusto.

—¡Ellos ya no eran nada, mamá! —afirmé, queriendo asegurarle que yo no era la culpable aquí.

Ella retrocedió un par de pasos, y en su rostro apareció una expresión de desconcierto.

—¿De qué hablas, Elizabeth? —preguntó, ahora más confundida que molesta.

La verdad es que yo tampoco tenía muy claro qué habían hablado esa arpía y mi madre. Seguramente sobre cómo Danielle y el profesor mantenían una relación y yo me había entrometido... ¡Pero eso no es verdad! ¡Ellos ya no tenían nada!

—Ellos ya no estaban juntos, mamá... —Tragué saliva, nerviosa.

Mi madre se acercó a mí, escrutándome.

—¿Ellos quiénes...?

La tensión crecía con cada pregunta y cada respuesta. No podía seguir ocultándoselo, sobre todo cuando parecía saber lo peor. Intentar seducir a un profesor es algo que ningún padre toleraría, y estaba bastante segura de que Danielle ya le había contado todo. ¿Por qué, si no, para que me habrían llamado a esa reunión con el psicólogo y mi madre?

—La chica con la que estabas en ese lugar... —Suspiré—. Estaba en una relación con ese maestro...

Los ojos de mi madre se abrieron, sorprendidos.

—¿Y tú cómo sabes eso, Elizabeth...?

Me abracé un poco, tratando de sentir la seguridad suficiente para responder, pero no encontraba nada con qué defenderme. Sabía que todos estarían en mi contra.

El dolor de ser nosotros ✔️ Editando Donde viven las historias. Descúbrelo ahora