Capítulo 9

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La cena transcurrió con una aparente normalidad, hasta que mi padre volvió a hablar.

—Ahora que las dos tribus Kayis están unidas, debemos coronar esta unión con una boda —dijo, su tono solemne.

Los presentes, al escuchar las palabras de mi padre, se miraron entre ellos, en especial Orhan Bey y Alaeddin Bey. Había expectación y algo de desconcierto en sus ojos.

—Gündüz Bey, habla claro —intervino Osman Bey, rompiendo el silencio, con la mirada fija en mi padre.

—Osman Bey, soy un gran bey con muchos seguidores. Al estar bajo tu mando y protección, debo renunciar a muchas cosas: fama, reputación... y para evitar que eso ocurra, ya sabes qué hacer —dijo mi padre, con un tono calculado.

—Dime a qué te refieres, Gündüz Bey —respondió Osman Bey, con una ceja alzada, en un tono que insinuaba prudencia, pero también curiosidad.

—Para proteger mi reputación y consolidar esta alianza entre nuestras tribus, quiero proponer un enlace. Por el bien de nuestra unidad, y por el de mi hija, deseo que mi hija Elçim se case con tu hijo mayor, Shehzade Orhan —concluyó mi padre, con firmeza en la voz

Al escuchar las palabras de mi padre, no podía creer lo que estaba diciendo. Mi corazón se aceleró, y un frío me recorrió el cuerpo. ¿Me estaba ofreciendo en matrimonio sin siquiera consultarme? Sentí cómo la habitación se volvía más pequeña, sofocante, mientras todas las miradas se dirigían hacia mí y hacia Orhan Bey, quien no parecía menos sorprendido.

—¿Qué estás diciendo, padre? —pregunté, intentando detenerlo, pero mi padre alzó la mano, indicándome en silencio que no podía hablar.

—Este asunto de bodas es muy importante... y esto ha sido muy repentino —intervino Osman Bey, su tono era firme, pero su rostro mostraba preocupación.

Mis ojos buscaron los de Orhan, deseando encontrar alguna respuesta en él. Lo que vi me dejó helada: sus ojos estaban ligeramente enrojecidos, y noté el brillo de unas lágrimas que luchaba por contener. Claramente, esta noticia no le agradaba más que a mí.

—Déjame hablar con mi familia —dijo Osman Bey, mirando a Malhun Hatun con una expresión grave—. Y tú deberías hacer lo mismo —concluyó, dirigiéndose a mi padre.

—Eyvallah, Osman Bey —respondió mi padre, inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto.

El ambiente estaba cargado de tensión, y aunque las palabras de Osman Bey habían dado una pequeña pausa, sabía que este asunto no terminaría fácilmente. Mi destino, una vez más, parecía estar fuera de mi control.

Cuando mi padre se levantó para marcharse, me dirigió una mirada que parecía querer decir algo, pero no pude descifrarlo. Me quedé inmóvil, observando cómo todos abandonaban la sala, incluido Orhan, sin que ninguno de los dos pudiera decir una palabra.

Después de que todos abandonaron la sala, me quedé sola, inmóvil por un momento. Mi mente era un torbellino de pensamientos. ¿Cómo podía mi padre decidir algo tan importante sin siquiera hablar conmigo? Sabía que la alianza entre las tribus era vital, pero ¿acaso eso justificaba que me ofrecieran en matrimonio como si no tuviera voz?

No podía soportar la sensación de estar atrapada en una decisión que no había tomado. Mi respiración se hizo pesada, y un impulso dentro de mí creció. Tenía que hablar con mi padre, y tenía que hacerlo ahora.

Sin pensarlo dos veces, me levanté y caminé rápidamente hacia la tienda de mi padre. A cada paso, mi corazón latía más rápido, pero la determinación que sentía superaba cualquier miedo.

Entre el deber y el corazónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora