Esta semana Kento no tuvo ninguna misión en compañía de Itadori así que estuvo reincorporado a su horario normal en las oficinas donde trabajaba. Decir que estaba cien por ciento concentrado sería una mentira, cada dos por tres su mente se veía gratamente invadida por el rostro de Kiyotaka, sonrisas tímidas, ojos brillantes, recuerdos de la última caminata nocturna que hicieron. - Kiyotaka - susurró y dejó de teclear en la computadora y se recostó sobre el respaldo de su silla, una sonrisa boba adornaba sus otrora serias facciones, el recordar a Kiyotaka corriendo detrás de Nana en "su" patio, le hacía tener el corazón cálido. En verdad, se sentía renovado, feliz tan solo con recordarlo.
Mientras tanto Kiyotaka tomaba notas velozmente en su tablet, las incesantes reuniones eran agotadoras pero necesarias. Si bien pudo tener un inventario a tiempo sobre qué objetos malditos desaparecieron durante el incidente en el intercambio entre escuelas, la nueva información obtenida por parte de los espías que tenían infiltrados dentro de las líneas enemigas, procuraban un plan urgente de acción. Así que estaba nuevamente tapado de papeleo, y debía contactar nuevamente con un gran número de hechiceros. El panorama no era el más favorable dentro del mundo de la hechicería. Tras haberse suscitado el incidente del desfile de los cien demonios, el consejo de hechiceros estuvo demasiado interesado en saber cómo hizo Yuki para reclutar y manipular el descomunal número de maldiciones que se presentaron durante aquella noche. Las investigaciones concluyeron que Yuki y su secta estuvieron reclutando a hechiceros talentosos, que cabe mencionar, no eran precisamente todos adultos. El rango de edades de los reclutados era muy variable, Ijichi enfatizó la presencia de un niño de 15 años. Era el hijo adoptivo de Tsukumo Yuki.
Por aquella época en el 2006, año en que fuera asesinada Amanai Riko, la hechicera de grado especial Tsukumo Yuki acudió a Geto Suguru y durante su charla mostró un gran interés en hacer que todos los humanos se convirtiesen en hechiceros para que, las maldiciones dejen de existir. Geto Suguru tenía otra idea, eliminar a los humanos no hechiceros y así erradicar a las maldiciones, eso sería más sencillo pensaba. Yuki no simpatizaba con la idea de Suguru, sin embargo lo dejó estar y continuó con su vida nómada experimental, con el objetivo de saber más sobre la energía maldita, su manipulación y la posibilidad de hacer que los humanos dejasen de engendrar maldiciones mediante su energía y sus emociones. En sus viajes alrededor del mundo, se encontró con un hombre del que se enamoró y con quien engendró un hijo. Ambos compartían la misma fascinación por la investigación y experimentación y ya que la mayor producción de hechiceros, energía maldita y maldiciones, se daba en Japón, decidieron mudarse al país natal de Yuki. Permanecieron en una de las islas del país nipón, varios meses investigando hasta que un día en el que la alfa salió a una isla vecina para conseguir unos insumos para su siguiente experimento, los pobladores irrumpieron en su hogar y, azuzados por el miedo que les causaba aquella extraña familia, atacaron al omega de Yuki y a su bebé. No había sido su intención el asesinarlos, pero en cuanto la pareja de Yuki vio que tenían a su bebé, los atacó para defender a su hijo. Ya con su pequeño en brazos intentó huir, pero fueron alcanzados por un disparo que atravesó el pecho tanto del omega como de su bebé, muriendo instantáneamente.
Yuki llegó poco después y se encontró con una terrible escena, su casa incendiada y saqueada, sus queridos familiares no estaban por ningún lado así que por un instante albergó la esperanza de que estuvieran a salvo lejos de ahí, eso no duró mucho. No muy lejos de la casa y aun dentro de los terrenos de su propiedad, algunos de los pobladores se apresuraban a cavar un agujero, había algo cubierto con una tela blanca. Corrió hacia ellos y descubriendo la tela, se desplomó sobre el suelo. Su esposo y su bebé estaban muertos. El incidente no quedó registrado porque no hubieron sobrevivientes entre los habitantes de la isla. Yuki mató a todos colocó una barrera que impedía que terceros salieran con vida si es que lograban ingresar a esa isla. Segada por la ira y el dolor, consideró un ligero cambio en sus planes con los no hechiceros ¿por qué debía ser buena con aquellos que solo traían dolor a este mundo? Los hechiceros se sacrificaban por limpiar y proteger el mundo para los humanos, para que no tengan que lidiar con las maldiciones, seres repugnantes que ellos mismo engendraban con sus emociones, la sola existencia de los humanos no hechiceros era la verdadera peste en el mundo pensaba Yuki.
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El Estoico y El Leal
FanfictionKento es un hombre recto, amable y testarudo, que se ha quedado estancado en los dolorosos recuerdos de un acontecimiento trágico. Aunque a ojos de los demás sea una persona poco expresiva y menos emotiva, en lo profundo de su ser, su alma llora por...