Capítulo 11: Fontana

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Habíamos llegado a una parte donde había mucho bosque y selva. Avanzar por ahí fue un poco complicado.

Ya en la tarde, salimos a un campo abierto, y ahí estaba el campamento del que nos habló Minoris. Un montón de tiendas, carpas y demás cosas que ostentaban el escudo del reino de Nursa. Algunos soldados nada más vernos desde lejos, se acercaron a nosotros y nos atendieron.

Lo primero que hizo Minoris al encontrarse con ellos, fue presentarme a mí como su "salvador", pero creo que nadie se la tomó enserio. De todos modos, eso igual me incomodó.

Nos hicieron pasar a la más grande de esas tiendas y nos dieron de comer. También nos cambiamos de ropa.

─Pasaremos la noche aquí ─anunció la princesa─. Mañana partiremos hacia la capital, Fontana.

Dormir en un paisaje bonito estaba bien porque se siente como si acamparas, pero lo que no está chido es que haya muchos mosquitos por ahí. Y encima unos enormes, seguramente prehistóricos porque aquí hay puro animal prehistórico.

Año Unificado 652, Catorceavo día del Mes Livada

Por la mañana, despertamos, desayunamos y todo el campamento se levantó. Nos convertimos en una caravana de un montón de carruajes jalados por unos caballos peludos que llaman percherones. Lo curioso es que durante todo el viaje nunca vi ninguna ciudad o pueblo grandes, siempre veía una que otra casita perdida entre tanta vegetación o cerros, pero rodeada de enormes extensiones de cultivos. Un poco después Minoris nos explicó que Nursa es un reino esencialmente agrícola. Por esa razón lo que más veíamos eran cultivos. Es decir, esas casitas dispersas que veíamos eran propietarios de todas esas grandes extensiones de tierra, así que aquí todavía imperaba un sistema feudal.

Después de avanzar por algunas horas, por fin empezamos a ver algo más civilizado. Pero lo que vimos Koyara y yo nos dejó impresionados.

Situada en una montaña grande se encuentra la ciudad de Fontana, la capital del reino de Nursa. Si han visto esos wallpapers de ciudades como sacadas de un sueño, con casas de fantasía y cosas así, pues justo así era esta ciudad. Toda la mancha urbana cubría la totalidad de esa montaña y sus faldas y era rodeada por una muralla. Predomina un estilo arquitectónico similar al de las películas steampunk. Sobresale el Palacio Imperial, situado en lo alto de aquella montaña.

Nada más entrar a la ciudad, mucha gente se reunió a nuestro alrededor para darnos la bienvenida o simplemente por curiosidad. Formaban vallas humanas a la derecha y a la izquierda de nuestra comitiva. Y todos nos veían extrañados, sobre todo a mí. Minoris saludaba como si fuera una mandataria extranjera de gira por el país. Como es de la familia que gobierna este reino, debe de estar acostumbrada a esas cosas.

Finalmente llegamos al Palacio Imperial, un castillo de estilo medieval, pero con algunos aspectos que me recordaron al castillo de Disney. Como estaba situado en lo alto de la montaña, tuvimos que darle varias vueltas a las faldas de la misma para poder subir.

Entramos a los dominios del palacio, recorrimos unos jardines y llegamos a un recibidor. Bajamos de la carroza en la que veníamos y pues, déjenme decirles que desde ahí había una panorámica impresionante de toda la capital. Cómo me hubiera gustado tener en ese momento mi celular para tomar una foto. De hecho, hay varias cosas que me hubiera gustado grabar y fotografiar desde que llegué a este mundo.

Un séquito de soldados, y también de mujeres vestidas como maids nos esperaban a la entrada del palacio. En cuanto bajamos nos dieron la bienvenida muy respetuosamente. Aquí también vi lo que vi en la Sociedad de Aventureros de la isla Erus. Entre estas personas que nos recibieron, en los soldados, en la gente de la ciudad, vi personas con rasgos animales y también elfos.

Cuando los vi en la Sociedad de Aventureros no sabía nada de ellos, pero ahora sé que son otras razas que coexisten en este mundo junto con los humanos que parecen ser más numerosos. Las personas que tienen rasgos animales se conocen aquí como Humanimales y a los elfos los llaman dríadas. De hecho, llamarlos elfos es despectivo para ellos.

Minoris ordenó a las maids que nos prepararan y nos vistieran adecuadamente porque en la noche se celebraría una cena de gala para presentar formalmente al "Héroe que nos salvará del Rey Demonio" como ella lo dijo. Tras recibir la orden, las maids se acercaron a Koyara y a mí y con mucha amabilidad, pero también un poco a la fuerza, nos llevaron dentro del palacio. Al ingresar, a ella se la llevaron por otro lado.

He visto en internet y en libros fotos de algunos palacios europeos y el primero que me viene a la mente cuando pienso en el más ostentoso es el de Versalles en Francia. Ese también fue el primero que me vino a la mente cuando vi el interior del palacio. También le vi un poco de parecido con el interior de la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Las maids me condujeron por no sé cuántas partes del palacio. Pasamos por diversos salones, jardines y todo parecía tan laberíntico. Debo de recordar no andar solo o me perderé.

Finalmente llegamos a un lugar con varias habitaciones y entramos en una de ellas. Pero me sacó de onda que tan solo esta habitación era del mismo tamaño que toda mi casa en mi mundo. Y además tiene de todo. Por sí misma, funcionaría como una casa independiente.

─Por favor, quítese la ropa─ me ordenó una de las maids.

─¿Eh?

─Necesitamos probar cuál será el traje apropiado para usted, señorito.

─¿Señorito?

En otras circunstancias, quizá hubiera bromeado un poco al respecto porque ciertos pensamientos impuros invadieron mi mente, pero la profesionalidad y seriedad con que aquella mujer me dio la orden me hizo desistir y obedecí.

No sé cuántos trajes me habré probado, calculo que alrededor de 30. Qué fastidio.

Finalmente se decidieron por uno que se parecía al que usa la Bestia en esa película de Disney. También me hicieron un peinado como de niño bien portado y me enseñaron lo básico de la etiqueta y cómo debo comportarme. La nobleza y sus reglas raras.

Sali de la habitación y me encontré con Koyara la cual ya venía a verme.

No la reconocí al inicio por el vestido que llevaba. Era de esos vestidos victorianos bastante adornados. Se veía hermosa, pero la encontraba rara porque jamás la había visto tan bien vestida.

─Te ves... bien ─me costó trabajo decirle aquello y desvié la mirada.

─Gracias ─me respondió un poco colorada.

─Qué curioso que te vistieran a ti también si tú no eres una heroína, supuestamente.

─Minoris insistió ─dijo─. Quería que nos viéramos presentables. No me gusta usar este tipo de ropa, pero ya ni modo.

Nos hicieron pasar a un gran salón con muchas mesas y un montón de gente bien vestida con trajes y toda la cosa. Las típicas fiestas lujosas que hacen los nobles. Seguramente aquí hay mucha gente importante. Minoris, la cual también lucía un elegante vestidito similar al de Koyara, nos esperaba en la entrada de la recepción y los tres avanzamos en medio de aquel salón acaparando las miradas de todos. La princesa sonreía altiva, pero Koyara y yo estábamos hechos un manojo de nervios.

Tomamos asiento en una mesa especial desde donde todos nos podían ver. Vi que en una parte del salón que está más elevada había tres tronos grandes.

─¿Y ahí quienes se van a sentar? ─pregunté a Minoris.

─Ahí van...

El sonido de una trompeta anunciando algo la interrumpió, y de inmediato, un pregonero nos ordenó ponernos de pie y recibir con una reverencia a tres ancianos que entraron y ocuparon cada uno, uno de los tres tronos. Según el pregonero que nos indicó todo esto, aquellos tres hombres eran conocidos como El Triunvirato.

De lejos se veían bastante malhumorados. Noté que uno de ellos se nos quedó viendo mientras tomaba su lugar, nos lanzó una mirada despectiva tan penetrante que juro que la sentí físicamente. Aun no me conoce y siento que ya me odia.

Espero no cagarla como de costumbre.

Qualia - Fase 1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora