Múltiples pensamientos invadían la mente de Kiyotaka. ¿Por qué Kento se marchaba? ¿A caso había sido todo una mentira? Está bien, se dijo. Seguro Kento solo lo veía como un amigo, en verdad no estaba enamorado de él y de no ser por las malditas feromonas aquello entre los dos jamás habría pasado. Al menos esta vez se pudo sentir querido por un momento. Al menos Kento no parecía sentir asco.
Empezó a sollozar en silencio, es feo sentirse rechazado pero si así debía ser, estaba bien. Jamás obligaría a Kento a quererlo.
La doctora Ieiri le dio su espacio y salió del consultorio dejándolo un momento a solas. Se acurrucó hacia un lado y lloró amargamente en silencio. - Ya sabía que no debía hacerme ilusiones - se dijo. Cerró sus ojos obligándose a dormir para no llorar. La puerta se volvió a abrir e Ijichi no se movió, siguió llorando acurrucado sobre su lado izquierdo. - En verdad lo quería - sollozó.
- ¿Qué es lo que querías? - Ijichi pensó que quien había entrado era la señorita Ieiri mas sin embargo, era Kento. Se acurrucó más contra su pecho, no quería que él lo viera así. Hería su orgullo el que lo viese así de afectado. - Ijichi - Había vuelto a ser "Ijichi" ahora. Era obvio que Kento trataba de poner distancia entre ellos. - Ijichi...por favor responde. - Kiyotaka se molestó mucho, no era justo que ahora lo tratara como un simple compañero de trabajo. Después de todo, seguía siendo su amigo. Y si ya no quería serlo, pues esperaba darle más razones para alejarse de una vez y dejarlo pasar su duelo.
- Kiyotaka, - dijo, con la voz un poco rasposa - mi nombre es Kiyotaka, Kento. - El antes mencionado pudo ver las lágrimas frescas en sus mejillas - Que sepas que recuerdo todo lo que sucedió. Estoy muy seguro que no fueron solo las feromonas lo que me impulsaron a aceptar acostarme contigo.
- Iji...Kiyotaka - se corrigió - comprendo que puedas creer eso, pero en realidad solo fueron las feromonas.
- ¡Estoy enamorado de ti! - Kento cayó. "Es solo el efecto del destino" se dijo, dispuesto a mencionarlo - Y no creo que sea porque seamos destinados. No te atrevas a decir eso. Yo... yo no me sentí instantáneamente deslumbrado por ti. - lo miraba fijamente a los ojos - Me pareciste muy guapo, es verdad. Pero te veías muy triste, sin propósito. Eres una persona noble y honesta Kento pero no soportaba el hecho de que tú mismo buscaras hundirte en el fango. Siempre diciendo por lo bajo que odiabas esto y que odiabas aquello y sin embargo, estabas ahí delante de los otros, tan firme... tan estoico, haciéndote el fuerte, el valiente. - Kento lo oía aceptando que era verdad todo lo que decía - Sé que eres valiente y sé que eres fuerte, pero en las condiciones en las que estabas solo estabas siendo necio, no querías aceptar la ayuda médica. No me gustabas. - Suspiró, Kento miraba al suelo - Era verdad que quería formar una familia en el futuro, pero cuando te lo dije, lo hice para darme ánimos porque en ese momento sabía que yo no podría tener hijos. - Kiyotaka había empezado a llorar de nuevo sin siquiera darse cuenta. Kento lo abrazó al escuchar tales noticias, se sentía pésimo - Tuve una serie de irregularidades en mis ciclos, la doctora me dijo que se debía a que empecé un proceso de reajuste hormonal para acoplarme con mi pareja. - ¡¿QUÉ?! - Debido a las circunstancias de mi técnica ritual, el alfa que me hizo esto debía ser mi pareja destinada. Así que si no lo encontraba tendría que hacer un tratamiento y si eso no me ayudaba, tendría que hacerme una histerectomía total - ¿Así que yo hice esto?, se cuestionó Kento - a las finales en verdad sería un maldito omega inservible...
- No digas eso Kiyo...- lo abrazó más fuerte - estarás bien, eres perfecto tal y como eres. El no poder hijos no te hace inservible Kiyo...tienes mucha luz en ti y tienes muchos talentos.
- Ha, gracias. - Apoyó su cabeza sobre el hombro de Nanami y respiró profundo - Me sentí molesto contigo, porque mientras yo me daba ánimos tú solo te querías hundir. Entonces te vi empezar a prestar atención a tu vida. No sé qué te hizo cambiar pero me alegré mucho por ti. Aquel día en tu casa cuando estuviste enfermo, en verdad deseé que te mejoraras - se aferró un poco más al cuello de Kento - luego cuando empezamos a reunirnos, en un principio accedí a entablar amistad contigo porque pensé que algo de compañía te haría bien. Cuando yo enfrente dificultades tanto en mi niñez como en mi adolescencia, jamás estuve solo. Así que no me pareció justo que tú superaras tus adversidades solo. Sobre todo si aun después de tantos años por tu cuenta, no habías logrado hacer nada. Kento. Con el pasar de las semanas te pude ver por quién eras realmente. Tenías muchas ganas de vivir de pronto, lo podía ver en tus ojos. Esas sonrisas que me regalabas y todo el amor que demostrabas por Nana, hicieron que te ganaras un espacio en mi corazón. Sin embargo, me sentí frustrado. Si me enamoraba de ti, sabía que en algún momento yo desearía más y precisamente era yo quien nunca te podría dar más.
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El Estoico y El Leal
FanfictionKento es un hombre recto, amable y testarudo, que se ha quedado estancado en los dolorosos recuerdos de un acontecimiento trágico. Aunque a ojos de los demás sea una persona poco expresiva y menos emotiva, en lo profundo de su ser, su alma llora por...