Capítulo 10: Plata

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Oliver

-¿Te duele ? dijo Agatha presionando sobre unos de los moratones más feos del cervatillo. En el momento que presionó la herida empecé a notar un dolor en el brazo, no era muy fuerte pero nunca lo había sentido.

Los vampiros no sentimos el dolor, solo cuando se nos causa. Si te pegan un puñetazo, nos puede el puñetazo pero no las heridas posteriores, ni nos apuñalan sentimos el dolor de la arma atravesándonos pero nada más después. ¿Por qué coño me dolía el brazo a mí? La muchacha no reaccionaba, no le causaba dolor y yo cada vez entendía menos. ¿Por qué no le dolía? Empecé a buscar lógicas en mi cabeza hasta que una idea descabellada cruzó mi cabeza. La retiré en busca de otras más razonables pero era la única qué se ajustaba a los acontecimientos. No podía ser. No me podía estar pasando esto a mi. Tenía que comprobar que tan solo se trataba de una absurda idea.

Sin pensarlo di media vuelta y salí de la sala. Escuché las voces de Agatha, llamándome a gritos, pero sus exigencias no eran una de mis prioridades ahora. Mi paso era apresurado. Salí del edificio y el sonido de las calles me impactó pero no dejé de andar.

-Oliver ¿qué te pasa?- era Víctor, que había salido a mi búsqueda, pero decidí ignorarlo y seguir andando.

Cuando por fin pude ver el comercio de Samina mi pulso se aceleró y me adentré en él. Víctor me siguió.

-¿Amor? Pensaba que hoy tenías cita con el tribunal.- dijo ella al vernos entrar por la puerta. Para mi suerte, estábamos solos.

-Sí. Deberíamos estar allí pero Oliver ha salido sin más hacía...

-Samina, ¿es posible que un humano sea mi alma gemela?- pregunté sin rodeos.

-Pero, ¿qué dices?- dijo Víctor.

-Pues, no lo sé. Puedo buscártelo.

-Por favor.

-Cuando tenga algo te lo haré saber.

-Gracias.- estaba bastante nervioso pero sabía que tenía que cumplir mis obligaciones y volver al tribunal.- Venga Víctor, nos esperan. -dije y salí del local, mi paso era apresurado por lo que Víctor tuvo que correr un poco para situarse a mi lado.

-¿De qué cojones va todo esto?

-Creo que he sentido el dolor de la chica de la flor. Por eso necesito saber si existe la posibilidad o si desvarío.

-Te lo digo yo, desvarías. Y a eso súmale el enfado de Agatha, ¿no te podías esperar 5 minutitos a que terminara la sesión?

-No mamá. - dije y él negó con la cabeza.

Cuando entramos en el edificio, la puerta de la sala seguía abierta. Entramos con un paso más lento.

-La mortal es la flor. Lambet, puedes llevártela. Evans, tú te quedas.- Víctor me miró y yo asentí para qué se marchará, él no tenía que pagar por mis actos.

Apoyó la mano en su hombro y la sacó de la sala, acto después las puertas se cerraron.

-¿Vas a explicarme porqué me has interrumpido?- no contesté. - Si con tu muerte no matara el 50% de los recolectores de flores, ten por hecho que llevarías muerto más de un siglo. Aunque no te mate, insultarme de esa manera te traerá consecuencias. Desde ahora en adelante todos los privilegios obtenidos se te requisarán hasta nuevo aviso, serás como cualquier otro ciudadano.- dijo muy enfadada.- Ahora dame tu acceso.

Me acerqué a ellos y le di la piedra a Cornelius, uno de los acompañantes de Agatha, y este se la guardó. Las puertas se abrieron, era la hora de marcharse. Tampoco había sido tan malo.

Mientras pensaba en mis cosas no me di cuenta de que Drydeno había bajado la plataforma. Lo que pasó después fue muy rápido, sacó una esfera de plata de uno de sus bolsillos con un guante y, con la otra mano me cogió mi mano y deslizó la bola por la palma de mi mano. Mi subconsciente intentó retirar la mano pero me fue imposible, me tenía bien cogido. Noté como la mano se me tensaba por el dolor y la piel se me irritaba con el paso de la bola, dejando a su paso una herida abierta. No quise darle el gusto a Agatha de verme gritar de dolor, por lo que no solté ni un sonido. Cuando llego al final de mi palma me soltó y se guardó la dichosa canica.

-Ah, y la humana vivirá contigo así el proceso de curación será más rápido que en la mazmorra.- dijo Agatha con una sonrisa.- que tengas buen día, Evans.

Salí de la sala y, sentado en la escalera se encontraba Víctor con la chica. Este al verme se levantó con cara de preocupado y se acercó a mí.

-Tal vez no estés tan loco.- dijo.

El Secreto De Las FloresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora