Capítulo XIII

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Ahí, atado frente a Katherine, no podía hacer nada más que llorar, solo pensar en que Logan podría asesinarnos me aterrorizaba.

El crujido de la puerta al abrirse era una señal inequívoca de que el demente de Logan estaba descendiendo. Su voz resonó desde lo alto de las escaleras: — ¿Les molesta si pongo un poco de música? —. Preguntaba mientras bajaba apresuradamente.

Como si estuviera solo, mencionó: — Bueno, a quién le importa.

Logan, con una calma inquietante, se acercó a un tocadiscos clásico y, de repente, una hermosa canción clásica comenzó a sonar. Se aproximó a mí y, con delicadeza, me retiró la mordaza.

Por favor, déjame ir. No diré nada, te lo prometo, — le supliqué entre lágrimas. Parecía una súplica hueca en aquella oscuridad.

No, si te vas, la diversión se termina, — respondió Logan con una voz cargada de sadismo y locura.

Luego se dirigió a Katherine y le retiró la mordaza, pero ella no dijo nada. Su mirada, una mezcla de temor y desprecio, hablaba por sí sola.

No entiendo— dijo Logan, casi con curiosidad perversa, mientras le tocaba los senos—ya te habías escapado una vez, ¿por qué seguirme?

La atmósfera era pesada, llena de una tensión casi palpable. La música contrastaba brutalmente con la violencia y desesperación que se respiraba en la habitación. La melodía serena y tranquila de la música clásica solo añadía un matiz irónico a la situación. La mirada de Katherine no se apartaba de Logan, y aunque sus labios permanecían cerrados, su espíritu rebelde y fuerte no podía ser silenciado.

De fondo, la canción seguía sonando, tejiendo un sonido que se mezclaría para siempre con esa experiencia que, a cada minuto, se volvía más insostenible. Logan, con su mirada fría y distante, parecía disfrutar del terror que infundía, y nosotros, prisioneros de su locura, solo podíamos esperar en silencio.

Observaba cada movimiento que daba Logan, tratando de desentrañar sus intenciones. La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo cuando caminó hacia uno de los cajones que había en la habitación. De éste, extrajo una delgada navaja que tomó firmemente entre sus dedos. Con un paso seguro, se dirigió hasta donde estaba Katherine. La cuerda que la mantenía atada a la silla chirriaba con cada intento de liberarse, pero su mirada, fija y desesperada, no dejaba de seguir cada movimiento de Logan.

Sin mediar palabra, se acercó y comenzó a chuparle los senos como si fuera un bebé hambriento. La expresión de Katherine reflejaba un profundo desagrado y asco, su piel se erizaba ante el acto grotesco que se desarrollaba.

Estaban más deliciosos cuando eras más joven—, comentó Logan con una sonrisa torcida, quitándose un poco de saliva que se le escurría por la comisura de la boca. Las palabras resonaban fríamente, impregnando el ambiente de una crueldad casi insoportable.

Sin previo aviso, empuñó la navaja con una precisión escalofriante y empezó a cortar uno de los pezones de Katherine. El dolor abrumador hizo que ella lanzara un grito desgarrador, inundando el sótano con eco de su desesperación. El rostro de Katherine se transformó en una máscara de horror puro, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

Para, por favor—, suplicaba entre lágrimas, el rostro desfigurado por el miedo. La vista de la sangre brotando del seno de Katherine era insoportable. Logan, imperturbable, continuó su macabra tarea hasta que terminó de cortar el pezón completamente. Como un acto final de depravación, se lo llevó a la boca y empezó a comérselo.

No pude soportar más aquella escena dantesca y, sintiendo una náusea irresistible, comencé a vomitar. La repulsión llenaba mi ser, marcando de manera indeleble la horripilante realidad de aquel momento.

Desde el abismo de la desesperación, Logan, con una mirada hambrienta, murmuraba, —delicioso—, mientras terminaba de tragar el pezón que había cercenado a Katherine. No podía soportar la visión ni el dolor mental que aquello me provocaba; mi único pensamiento era escapar de allí.

¿Quieres probar? —, preguntó Logan con una calma que solo añadía más horror a la situación. La sangre en las comisuras de su boca era un testimonio de su demencia. Sacudí mi cabeza frenéticamente, incapaz de dar crédito a lo que estaba viendo. — ¡Estás enfermo! —, grité con todas mis fuerzas, pero mi voz apenas surtió algún efecto sobre él.

Logan, molesto por mi respuesta, se acercó a mí con una expresión cargada de ira desbordante. Su mano, fuerte y decidida, me golpeó en la cara con una fuerza inhumana, arrojándome a las sombras de la inconsciencia.

Al recobrar la conciencia, una escena aún más devastadora me recibió. Katherine estaba colgada del techo, sus brazos tensados por una cuerda que la mantenía suspendida en el aire. Su cuerpo desnudo y desfigurado mostraba las crueldades a las que había sido sometida. La brutalidad de Logan había sido insaciable, y ahora ella carecía también de su otro pezón.

Por favor, déjame ir—, supliqué con un hilo de voz, cada palabra arrastrada por el horror vivido, pues el hombre frente a mí no sabía de piedad.

Logan sonrió, un gesto que destilaba locura. —Qué bien, despertaste. ¿Alguna vez has mirado cómo le sacan los órganos a una persona? — Su pregunta, vestida en un mórbido tono de curiosidad, sumió mi alma en un abismo de desesperación.

La atmósfera estaba cargada de terror, mi corazón latiendo al ritmo de un tambor de guerra, mientras esperaba la próxima atrocidad de este monstruo en forma humana.

Diario de un AdolescenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora