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La fiesta estaba siendo de lo más aburrida para Mel. Sentada en una mesa, al lado de Jayce, solo escuchándolo a él hablar de sus proyectos. Estaba bien hacer algo por la ciudad, pero era demasiado cansado solo escuchar su voz, así que decidió intervenir.
— Sí — rio ella —. He estado pensando en otro proyecto. ¿Os gusta el arte?
— Sí, bueno...
— No es lo mío.
— Conozco algunas obras, pero no más allá del tema.
La gente habló medio susurrando y Mel se sintió algo avergonzada.
— He pensado en inspirarme en Friedrich para mi nuevo proyecto — siguió —. ¿El mar de hielo?
— Perdona, ¿quién?
— Creo que no he oído ese nombre jamás...
— Lo siento, consejera Medarda, pero Jayce nos estaba hablando de sus nuevos avances.
— Sí, claro — siguió el chico —. Como decía...
Pero Mel dejó de escuchar, harta de que nadie de los presentes valorara el arte tanto como lo hacía ella. Apoyó su espalda en la silla y bebió de su copa de mala manera, dejando ir un suspiro pesado.
— El mar de hielo es una buena propuesta.
Mel se giró hacia la chica que tenía al lado. No sabía de quién se trataba. Había estado a su lado durante todo el evento y no se habían dirigido la palabra, solo para saludarse. No se sorprendió de que el único presente que supiera valorar lo realmente bello fuese una mujer, aunque se emocionó cuando se dirigió hacia ella con esas palabras.
— Es mi favorita — continuó la chica —. Aunque El caminante sobre el mar de nubes no está nada mal — sonrió.
— ¿Te gusta el arte?
— He estudiado toda su historia, aunque no soy una gran fanática. Me gusta la pintura.
— ¿También pintas?
— Es a lo que me dedico, algo muy poco común en hombres como ellos — les señaló —. Me parece muy raro que te guste, siendo consejera...
— El arte es mi forma de despejarme de todo. Me relaja.
— Sí, aunque aprenderse la pronunciación de los artistas franceses me dejó loca. — Mel rio ante el comentario — Pronuncié mal a Delacroix durante un año seguido.
— ¿En serio? No es para tanto.
— Para mí sí que lo fue — sonrió —. Cézanne también fue de los peores.
— ¿Y a Renoir?
— También. Dios, no me acordaba de ese — rio —. ¿Cuál es tu autor favorito?
— ¿Solo uno?
— Solo uno.
— No puedo elegir. Ingres y sus paisajes son impresionantes. Aunque Monet también me inspira, es un clásico — respondió, emocionada por que le hubiera preguntado —. ¿Qué hay de ti?
— Van Gogh es demasiado clásico, ¿no? — Mel hizo una mueca —. Creo que Fragonard.
— Muy buena elección — sonrió.
La velada se le pasó volando a Mel, hablando de los pintores y miles de obras que a las dos les encantaban. En cuanto terminó el evento, Mel se fue a despedir de ella la última, después de haberse quitado de encima a los hombres.
— Bueno... me ha encantado hablar contigo. Espero que nunca dejes tu lado artista — le dijo ella.
— Mhm, claro que no. ¿Estás por aquí?
— Sí, no vivo lejos. Hago exposiciones todos los jueves, podrías venirte...
— No faltaré — sonrió —. ¿Tu nombre?
— ___.
— ___... Sí, tu nombre es más fácil de pronunciar que el de Delacroix — bromeó, y ambas rieron.
— Nos vemos, Mel.
— Adiós — dijo, y se quedó mirando probablemente a la chica que no se quitaría de la cabeza durante semanas, o puede que meses.
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Por si alguien no sabe como se pronuncian los nombres, aquí os lo dejo. (Al menos, así es como lo aprendí yo)