°•.Una Noche de Terror.•°

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Estaba lloviendo y había una niebla que hacía casi imposible ver más allá de tus propias narices.
Emma iba corriendo lo más rápido que podía. No podía respirar, le ardían los pulmones, y veía borroso.
No se sentía las piernas.
Subió corriendo la colina, casi tropezándose con las lápidas.
Cuando llegó a la cima, vio a varias personas reunidas en corro.
Empujó a todos para poder pasar, y cuando lo logró, vio un ataúd abierto. En su interior estaba Michael, sin vida.

-¡MICHAEL! -gritó Emma con toda la fuerza de sus pulmones, abrazando el ataúd como si se le fuese la vida en ello. Mike estaba muerto. Ya no estaba con ella.
Le había perdido y no había podido evitarlo.
No podía respirar. Sentía que iba a morir ella también.
Notaba el sudor frío humedeciendo su pelo y cayendo por su frente.
Todo el mundo se sacudía a su alrededor.

-¡EMMA!

Emma abrió los ojos de par en par, tomando una bocanada de aire.
Le dolían los pulmones y la garganta, como si llevase corriendo y gritando durante horas. Estaba sudando y temblando.

-Emma, ¡Emma! -le llamó Kim. -¿Estás bien? ¿Qué te pasa? Estabas gritando y llorando mucho.

Emma le miró y rompió a llorar de nuevo.
Kim le abrazó contra él, con fuerza pero con cuidado.

-Ya ya, ya pasó mi niña... -intentó calmarla. Pero Emma estaba aún hiperventilando y temblando. -¿Quieres decirme que ha pasado?

-No... no quiero... -murmuró Emma entre sollozos. -No quiero ir mañana a clase, no... no puedo... no puedo ver a mis compañeros... mañana no...

-¿A qué viene eso? -preguntó Kim sorprendido. -Pensé que este año estabas contenta con tus compañeros.

-No... mañana no... por favor... -suplicó Emma, aún llorando. -¡No puedo ir! No puedo, ¡NO PUEDO!

-¡Shhh! No grites, vas a despertar a los vecinos. -le pidió Kim, sin saber que hacer. Muchas veces su hija había tenido ataques de pánico, pero nunca hasta el punto de estar llorando y gritando sin entrar en razón, casi sin poder respirar.

-Vale, escúchame Emma. Estas teniendo un ataque, supongo que eres consciente, ¿no? -le dijo Kim con voz calmada, a lo que Emma no respondió. -Voy a ayudarte a calmarte, pero necesito que colabores, ¿vale?

Emma no respondía.
Kim se fue por un momento, y regresó con un par de mantas en las que envolvió a Emma.
Pero Emma se sacudió, quitándoselas de encima.

-¡NO QUIERO MANTAS! -gritó empujándolas lejos de ella. Se sentó en el borde de la cama y se cubrió la cara con las manos, aún llorando.
Kim se sorprendió por su repentina agresividad. Emma no era así.

-Vale eh... voy a prepararte la bañera, ¿vale? Un baño calentito, te pones otro pijama, y te preparo una tila, ¿suena bien? -le sugirió Kim. Emma solo asintió aun temblando.

Pero cuando se levantó para ir al baño, cayó al suelo inconsciente.

Despertó horas más tarde en una cama, pero no era la suya.
Tenía una máscara de oxígeno sobre el rostro, y estaba en una habitación blanca y muy limpia. Miró por la ventana. Seguía siendo de noche.
Se incorporó con cuidado para no desconectar los cables que tenía adheridos a la máscara. Pero Kim, que estaba a su lado, le puso una mano en el hombro, indicándole que se quedase tumbada.

-¿Cómo estás, mi niña? -preguntó Kim en un tono de voz suave.

Emma dudó si debería hablar con la máscara puesta, pero al final lo hizo igual. -No sé... ¿dónde estoy?

-En el hospital. -le explicó Kim. -Te dio un ataque de ansiedad muy fuerte y te desmayaste. ¿Qué te pasó?

Emma miró a su alrededor. No quería quedarse allí. -Papá. ¿Tan mala persona soy?

-¿A que viene eso? -preguntó Kim sorprendido.

-Me dijiste... que la muerte se lleva siempre a las mejores personas... ¿soy mala?

Kim se quedó pensando y recordó una conversación que tuvo con Emma hace años, cuando su amiga Ayla falleció.

"-¿Por qué ella? Era mi mejor amiga, la quería tanto... -le preguntó Emma llorando, un par de días después de recibir la noticia de la muerte de su mejor amiga.

-Así es la vida. Se lleva siempre a las mejores personas. Es injusto, ¿verdad? -respondió Kim, sin empatía alguna. -No es por el azar. A veces la vida decide llevarse a alguien, a veces le pedimos a la vida que se le lleve. Y se van. Aunque no quieran."

Kim se sintió inmediatamente mal. -No eres mala persona, tienes tus fallos, como todo el mundo. Nadie es perfecto pero eso no implica que seas buena o mala. ¿Pero a que viene eso ahora, Emma? ¿Qué ha pasado?

Emma suspiró. No sabía explicarlo.
Ese sueño... bueno, esa pesadilla, tan vívida, había despertado en ella algo terrible. Se había dado cuenta de que, en efecto, era mala persona. Y sabía que era verdad, por más que su padre o cualquiera se lo negase.
No se merecía a sus amigos. No se merecía tener una clase donde sentirse aceptada. No se merecía a su novio.
Mike.
Solo pensar en él volvió a ponerle de los nervios.
Ahora entendía cómo se veía él, un asesino con las manos manchadas de sangre.
Ahora entendía porque Mike estaba de bajón cuando fue a hablar con él.
Se sentía igual.
Mike sentía que no se merecía a Emma, porque era un asesino.
Y con ella era igual. Era una asesina. No se merecía a Mike. Mike merecía salir con alguien mejor.
Se miró sus propias manos, y por un milisegundo, se las imaginó cubiertas de sangre.

Se sobresaltó al escuchar como una maquina empezaba a sonar, como una alarma. Parecía estar en niveles críticos.
Emma se dio cuenta de que estaba hiperventilando de nuevo.

-Papá ¿me voy a morir? -preguntó Emma entre jadeos.

-No no, claro que no, solo céntrate en respirar y todo va a estar bien. -le aseguró Kim, intentando parecer tranquilo, aunque no lo estaba.

Un par de doctoras entraron para estabilizar las máquinas.
Pulsaron un botón para que la máscara funcionase más, y al poco rato Emma se durmió de nuevo.

Sin pesadillas, sin estrés, sin nada.
Solo sueño, descanso, por fin tranquilidad.

Cuando despertó estaba amaneciendo. Dormía de rato en rato, bastante poco, pero al menos estaba descansando.
Poco después de despertar, su padre entró con una doctora a la sala.

-Hey Emma, ¿cómo te sientes? -preguntó Kim.

Emma se tomó un momento para responder. Se sentía un poco mareada. -Bien... creo. Mejor al menos.

-Me alegro mucho. Las enfermeras van a traerte pronto un desayuno. -le dijo Kim con suavidad. -Mientras tanto, esta es la doctora Julie. Es psicóloga, me ha dicho que quiere hablar contigo para ver qué te pasó ayer. ¿Te parece bien?

-No. No quiero psicólogos. -dijo Emma. -Y ya te lo he dicho muchas veces.

-Emma cielo, por favor... lo que te ha pasado no es normal, no quiero que se repita. Solo habla con ella un poco, ¿por favor? -suplicó Kim. - Yo no estaré delante, puedes decir todo lo que quieras, desahogarte, lo que sea. Pero por favor, inténtalo. Solo esta vez. Quiero ayudarte.

Emma suspiró. No quería tener que contarle a alguien todo lo que llevaba dentro. Había cosas que no le había contado ni siquiera a Eva ni a Mike, y eran las personas más importantes para ella, ¿y se lo iba a tener que contar a una desconocida solo por tener título de psicología?

-Está bien... -murmuró Emma.

Kim suspiró aliviado. -Gracias Em, no sabes que alivio. Bueno, os dejo que habléis, ¿si? Me avisáis cuando acabéis.

Kim se levantó y salió del cuarto.

-Claro, no te preocupes. -dijo la doctora. En cuanto Kim salió por la puerta, se dirigió a Emma. -Bueno Emma, como ha dicho tu padre, soy la doctora Julie, y voy a escucharte para ver si podemos despejar tu mente un poco, ¿vale? -Emma asintió. -Perfecto cielo. Pues adelante, empieza a contarme. Todo lo que tengas en tu cabeza, sácalo. Dime todo lo que necesites sacar.

Emma se quedó en silencio. Era tan fácil de decir... pero había tanto, tantos pensamientos, tantas inseguridades, tantos recuerdos y tantos miedos, que no sabía como poner en palabras lo que le hacían sentir. -Vale, por dónde empiezo...

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⏰ Última actualización: Jan 14 ⏰

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