Capítulo 15

1 0 0
                                    

Capítulo 15: Decisiones Cruciales

El frío de la noche envolvía el café, creando una atmósfera íntima y aislada del bullicio exterior de la ciudad. Mía y Iván se sentaron en una mesa cerca de la ventana, observando cómo la nieve seguía cayendo suavemente sobre las calles de París. En ese momento, parecía que el mundo se detenía para ellos, como si el tiempo mismo se hubiera ralentizado para permitirles tomar una decisión que cambiaría el rumbo de sus vidas.

Mía respiró profundamente, mirando a Iván con una mezcla de sentimientos encontrados. Sabía que lo que él acababa de decir tenía un peso enorme. Él le había expresado su preocupación, su amor, pero también su incertidumbre sobre lo que el futuro de ambos representaba. Iván, con su mirada fija en la de ella, esperaba una respuesta, pero Mía sentía que las palabras no podían abarcar todo lo que estaba en su corazón.

—Iván... —empezó ella, su voz temblorosa—, yo también he estado pensando en nosotros. En lo que significa estar juntos, pero también en lo que cada uno de nosotros está construyendo por separado. Cuando tú te fuiste, sentí que mi mundo cambiaba de una manera que no había anticipado. No solo porque te extrañaba, sino porque empecé a darme cuenta de lo mucho que valoro lo que he creado aquí.

Iván la escuchaba en silencio, sabiendo que cada palabra de Mía era importante. Él también había sentido la separación, pero había estado más enfocado en su crecimiento personal. No sabía si había llegado el momento de tomar una decisión, pero estaba dispuesto a escucharlo todo.

—Mi vida aquí ha tomado forma, Iván. Mi café ya no es solo un negocio, es una parte de mí. Y sé que podría ser más, que podría crecer más si le doy toda mi atención. Estoy tan orgullosa de lo que he logrado, de las personas que he conocido, de cómo mi sueño se ha hecho realidad... Pero hay algo que me sigue preocupando.

Iván la miró con más intensidad, curioso pero a la vez temeroso de lo que pudiera decir.

—¿Qué es lo que te preocupa? —preguntó con voz suave.

Mía se quedó en silencio por un momento, jugando con su taza de café mientras pensaba en la mejor forma de expresar lo que sentía. A pesar de la nieve que caía en el exterior, en su interior, todo parecía arder.

—Lo que me preocupa es que... no sé si puedo tenerlo todo. París me llama, Iván. Tu vida aquí, las oportunidades que tienes, todo lo que has conseguido... lo admiro tanto, pero a veces me pregunto si pertenezco realmente aquí. Quiero que tú también seas feliz, que sigas creciendo y persiguiendo tus sueños, pero no quiero perder lo que he creado aquí.

Iván la miró fijamente, el rostro marcado por una mezcla de preocupación y comprensión. Sabía que, en algún punto, este momento llegaría. El momento en que los dos tendrían que decidir si seguir juntos o si el destino los había llevado por caminos distintos.

—Yo también te admiro, Mía. Admiro lo que has logrado, y nunca querría que dejaras ir tus sueños por mí. Pero no quiero que esta distancia, o lo que sea que nos detenga, sea un obstáculo. Quiero estar a tu lado, pero si eso significa que tú no eres feliz... entonces tal vez sea hora de que pensemos en lo que realmente queremos. Porque lo que yo quiero, más que nada, es verte feliz. No importa dónde esté, si es aquí o allá. Si tú crees que París es lo que necesitas para crecer, entonces debo entenderlo. Lo que realmente quiero es que seamos honestos con lo que sentimos.

Mía lo miró, y por un momento el tiempo pareció detenerse. Había algo tan profundo en sus palabras, algo tan genuino, que sus dudas comenzaron a desvanecerse. Sabía que Iván nunca la presionaría para tomar decisiones que no le convenieran, pero también era consciente de que su relación no podía ser una carga que ambos debían cargar a cuestas.

—Entonces... ¿Qué hacemos? —preguntó Mía, su voz cargada de emoción, pero también de esperanza.

Iván sonrió, tomando su mano con suavidad.

—Hagamos lo que ambos necesitamos, sin miedo. Si eso significa que debo quedarme aquí, en París, o si debes quedarte en tu ciudad, lo entenderé. Lo que importa es que sigamos adelante con lo que sentimos, con lo que queremos para nosotros mismos. Y, si en algún punto nuestros caminos se cruzan de nuevo, estaremos mejor por todo lo que hemos vivido.

Mía lo miró fijamente, la calidez de su toque era lo que necesitaba en ese momento, el recordatorio de que su amor no dependía de un lugar, sino de lo que se habían dado el uno al otro.

—Tal vez... tal vez nuestros caminos se crucen, Iván. Y tal vez, cuando eso pase, estaremos listos para lo que venga. Pero ahora, debo seguir mi camino. Y tú el tuyo.

Iván la abrazó suavemente, sin palabras, porque entendía perfectamente lo que ella quería decir. No sabían lo que el futuro les deparaba, pero ambos sabían que lo más importante era estar en paz consigo mismos.

La despedida

Al día siguiente, antes de que Iván regresara a París, se despidieron en el aeropuerto, y aunque el corazón de Mía estaba lleno de incertidumbre, también había una sensación de alivio. Habían hablado con honestidad, habían compartido sus miedos y deseos, y eso los había acercado aún más. Ambos sabían que el futuro sería diferente, que sus caminos tomarían rumbos distintos por un tiempo, pero también sabían que la distancia no los separaría. Lo que habían compartido seguía vivo, y eso era lo que importaba.

—Te voy a extrañar —dijo Mía con una sonrisa triste, mientras abrazaba a Iván por última vez en ese aeropuerto.

—Yo también, Mía. Pero esto no es un adiós. Es solo un hasta luego. Y cuando nos volvamos a encontrar, seremos dos personas completamente nuevas. Con nuevas experiencias, nuevos sueños.

Con esas palabras, Iván se despidió de ella. No había promesas vacías, ni palabras que pudieran hacer el momento más fácil. Era solo la certeza de que este era el camino que necesitaban recorrer.

El avión despegó y Mía se quedó mirando cómo se alejaba. Un capítulo había terminado, pero su historia aún continuaba.

Viviendo con mi hermanoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora