Los Crouns
El sol se ocultaba lentamente en el horizonte, dejando que la oscuridad se deslizara sobre Arcadia, la ciudad que ahora compartían tanto Sofía como los Crouns. Mientras ella comenzaba a familiarizarse con su nueva casa y su nueva vida, el otro lado de la calle, más allá de las ventanas de la mansión de los Crouns, ocultaba secretos que pocos se atrevían a descubrir.
La familia Crouns, poderosa y temida, era el alma de la ciudad. No solo por la influencia de Frederick, el patriarca, quien había logrado construir un imperio de negocios ilegales que abarcaban desde el tráfico de información hasta los negocios más turbios que uno pudiera imaginar, sino también por la forma en que su familia se mantenía unida, casi como una máquina perfectamente aceitada.
Frederick Crouns, a sus 48 años, era un hombre que imponía respeto con solo mirarlo. Su estatura imponente, su rostro siempre serio y una mirada que parecía leer el alma de quien tuviera el valor de desafiarlo, hacían que nadie en Arcadia se atreviera a cruzarlo. Su presencia era tan poderosa que, incluso en los rincones más oscuros de la ciudad, su nombre era pronunciado con una mezcla de temor y respeto. Pero detrás de esa fachada de empresario exitoso, se encontraba un hombre que había construido su imperio con sangre, engaños y una red de aliados que parecían ser inquebrantables.
Elena Crouns, su esposa, tenía una belleza fría y calculadora. A sus 45 años, sus ojos verdes siempre estaban atentos a cada detalle, a cada gesto, a cada palabra que se dijera en su presencia. Como matriarca de la familia, Elena no solo gestionaba el hogar con una mano firme, sino que también era la encargada de mantener el equilibrio en los negocios, guiando a su marido con una sabiduría que solo una mujer con su experiencia podía tener. No era un rostro que se viera sonriendo con frecuencia, pero cuando lo hacía, su sonrisa era lo suficientemente aterradora como para dejar claro que siempre estaba dos pasos adelante.
Neidam, el primogénito de los Crouns, vivía bajo la sombra de sus padres, pero de alguna forma, había aprendido a ser aún más reservado que ellos. A sus 20 años, Neidam ya era conocido en toda la ciudad. No por sus negocios, no por la influencia de su familia, sino por la forma en que controlaba las situaciones con una calma imperturbable. A menudo, se lo veía salir con chicas, disfrutando de la vida, pero nunca perdiendo de vista el verdadero propósito de su existencia: mantener el legado de los Crouns intacto. Sin embargo, para él, la vida social no era más que una herramienta de distracción, una forma de pasar el tiempo mientras construía su propio camino hacia el poder.
Adrián, el hermano menor de Neidam, de 18 años, era la antítesis de su hermano. A diferencia de Neidam, Adrián no era frío ni calculador. De hecho, muchos lo consideraban un poco... peculiar. Le gustaba tocar la guitarra a horas extrañas, siempre vestía con ropa algo desaliñada y tenía la costumbre de hacer comentarios algo "extraños" que a menudo dejaban a todos desconcertados. Pero lo cierto era que su actitud despreocupada era solo una fachada. Detrás de su comportamiento relajado se encontraba un joven sumamente inteligente que había aprendido, aunque de una manera menos convencional, a manejar los negocios familiares. Sin embargo, su padre Frederick no estaba tan convencido de su habilidad para ser parte del negocio. De hecho, siempre se refería a él como "el idiota que prefiere una guitarra a un contrato". A pesar de las críticas, Adrián tenía una personalidad encantadora que lograba cautivar a todos, incluso a quienes conocían su verdadera naturaleza.
Esa noche, después de que el sol se ocultara, los Crouns se reunieron como era habitual. No era solo una cena familiar, era un consejo de guerra. Elena y Frederick estaban sentados en la cabecera de la mesa, mientras los hijos se acomodaban a su alrededor. Neidam, siempre serio, observaba en silencio, mientras Adrián, con su habitual desinterés, jugueteaba con un tenedor.
—Hoy recibí un informe de la situación en el distrito sur —dijo Frederick, con su voz grave cortando el aire como una cuchilla—. Necesitamos tomar decisiones rápidas. Los negocios están en juego.
Neidam levantó la mirada, su rostro imperturbable. Ya sabía lo que eso significaba. El distrito sur siempre había sido problemático. Su familia había tratado de controlar las pandillas locales durante años, y cada vez que parecían tener todo bajo control, alguien nuevo surgía para desafiar su poder.
—Lo solucionaremos —dijo Neidam, con calma, mientras tomaba un sorbo de vino. A nadie le sorprendió su respuesta. Sabían que él siempre encontraba una manera de manejar la situación.
Adrián, por otro lado, se mostró más interesado en el postre que en la conversación de negocios.
—¿Podemos hablar de algo más interesante? —preguntó, levantando las cejas con una sonrisa burlona. —Este asunto de las pandillas ya me tiene aburrido. ¿Alguien tiene algo de música para compartir?
Elena y Frederick intercambiaron una mirada, pero sabían que Adrián no iba a cambiar. A pesar de su actitud relajada, sabían que su hijo tenía algo que no podían ignorar.
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Mientras tanto, en la casa de Sofía, las cosas eran diferentes. Había pasado el día visitando a la amiga de su madre, Lucía, una mujer de 42 años que, aunque no compartía los mismos estándares de riqueza de los Crouns, tenía una vida cómoda y tranquila. Lucía era el tipo de persona que siempre te hacía sentir bienvenida, incluso cuando no querías estar allí. Su casa, aunque más modesta que la mansión de los Crouns, era cálida, llena de plantas y con una decoración colorida que reflejaba su personalidad extrovertida.
Lucía tenía un hijo, Tomás, un chico que, aunque un poco "raro", había logrado hacer que Sofía se sintiera un poco menos sola en su nueva ciudad. Tomás usaba lentes grandes, que hacían que su cara pareciera aún más peculiar, y su risa era contagiosa, aunque a veces algo extraña. Había algo encantador en su forma de ser, como si no le importara lo que los demás pensaran de él.
Sofía y Tomás pasaron la tarde conversando sobre cosas triviales, pero de alguna manera, la compañía de alguien que no pertenecía al mundo de la familia Crouns le dio un respiro a Sofía, aunque sabía que su vida no sería tan fácil de escapar.
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En la mansión de los Crouns, mientras tanto, las sombras se alargaban. Los negocios de la familia eran inquebrantables, pero la tensión nunca desaparecía. Frederick y Elena Crouns se aseguraban de que el poder nunca fuera cuestionado, y aunque Neidam se tomaba su tiempo para disfrutar de la vida, sabía que su destino ya estaba trazado. Y Adrián, aunque a menudo se mostraba indiferente, tenía una chispa dentro de él que, aunque parecía apaciguada, nunca desaparecía por completo.
El poder, la riqueza, la familia… Todo estaba entrelazado, y la vida en Arcadia nunca sería la misma.
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Así es como se desenvolvía la vida de los Crouns, tan compleja y llena de secretos. Sofía aún no lo sabía, pero su destino estaba a punto de cruzarse con el de esta familia, y lo que parecía ser solo un simple encuentro, cambiaría todo.
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Mi Obsesión Son Tus Deseos +18
Teen FictionDescripción del Libro Mi obsesión son tus deseos sigue la historia de Sofía, una joven que se muda a una nueva ciudad y se encuentra atrapada en un mundo de secretos y pasión. Su vida da un giro inesperado cuando conoce a Neidam, un enigmático chico...