Capítulo 9: Au revoir, París

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Fina estaba agotada, los últimos tres días habían transcurrido entre discusiones con su padre y consultas médicas. Su padre era tan testarudo o más que ella y arrastrarle primero al dispensario de la doctora Borrell y a la consulta del especialista después le había costado mucho esfuerzo. Aún les faltaba conocer los resultados de las últimas pruebas que le había realizado el cardiólogo, pero ya les había avanzado que tenía datos suficientes para que se preocuparan. Su padre estaba muy débil, de eso no había duda, ella misma había comprobado en esos días como se fatigaba visiblemente al realizar el más mínimo esfuerzo y debía estar preparada para afrontar la enfermedad.

Habían transcurrido cuatro días desde su llegada a Toledo y le atormentaba el paso del tiempo, había conseguido juntar días libres en el trabajo para ausentarse durante una semana, semana y media como máximo, pero visto el grave estado de salud actual de su padre debía tomar una decisión cuanto antes. No podía volver a París, no así, no dejándolo solo. Era consciente que si no regresaba en la fecha prevista su superior contrataría a otra persona para cubrir su puesto y ella perdería todo lo que había conseguido en los últimos años. ¿Por qué era todo tan complicado? O renunciaba a su vida o renunciaba a acompañar a su padre en la lucha contra su enfermedad. Renunciar a su trabajo, a París, la obligaba a volver a vivir sin ser ella misma, sin mostrarse tal y como era.

Salió de su habitación y se dirigió a la cocina para desayunar con su padre y le encontró ya terminando su café y sus tostadas.

- Padre, ha madrugado hoy, pensaba que podríamos desayunar juntos, así me cuenta cómo ha pasado la noche. – La joven se acercó a la mesa y se sentó junto a su padre.

- Hija, no insistas, estoy bien, tan solo me fatigo más de lo que lo hacía antes.

- Eso no es lo que nos han dicho los médicos. – Para Fina era imposible no insistir, la salud de su padre era demasiado importante para ella como para dejarlo pasar.

- No pienso seguir escuchándote más, aun no nos han dado los resultados de las últimas pruebas. Tengo que llevar a Damián a Toledo y no quiero que me espere. – Terminó su café de un sorbo y se levantó.

- A las doce nos espera la doctora Borrell para darnos los resultados, no debería trabajar hoy. Es usted un cabezota irremediable, tiene que hablar con Don Damián sobre su enfermedad y cuidarse más. – Fina tomó una rosquilla de la mesa y la mordisqueó enfadada. – Si hace falta voy yo misma a Toledo a por usted para que no falte a la cita.

- No digas tonterías, Fina, no pienso abandonar mi trabajo, nunca lo he hecho y no va a ser este el momento de hacerlo. Por lo que tengo entendido estaremos de vuelta en la fábrica antes de las doce, así que no tendré que faltar a la cita. ¿Contenta?

- Lo estaré cuando le vea aparecer por la puerta del dispensario. – Añadió mientras masticaba el último trozo de su rosquilla.

- No te comas todas las rosquillas, que nos conocemos. – Isidro miró a su hija con gesto inquisidor.

- Descuide, descuide, váyase ya que tienen que volver pronto. – Dijo mientras le señalaba la puerta con una mano y cogía otra rosquilla con la otra.

Isidro salió por la puerta de servicio en dirección al garaje de la finca y Fina se quedó maldiciendo la paciencia que debía tener con su padre. Ella solo quería cuidarlo, pero él no se lo iba a poner nada fácil. Se levantó y se dispuso a prepararse un café, mientras continuaba ensimismada en sus pensamientos. Estaba tan absorta que no oyó la puerta de la cocina abrirse ni los pasos de la persona que acababa de entrar acercándose a ella. Escuchó un hola a su espalda que casi le provoca un infarto. Saltó de golpe y se dio media vuelta con la mano en el pecho y la respiración agitada para toparse de lleno con esos ojos azules que la miraban con preocupación.

Toledo - París - ToledoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora