- Capitulo 11 -

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Desde la partida de los que vivían en Dragonstone las aguas se habían calmado, cada uno volvió a su rutina

Helena se pasó la mañana siguiente con sus hijos y bordando

Aegon emborrachándose y fornicando como un animal con cada puta que haya en el burdel, pero ese no era su principal objetivo, sino que era esconderse de su madre y de la guardia real

Alicent y Otto seguían encargándose del consejo, buscando la forma de poner su sangre en el trono, pues esa misma noche que los negros habían partido el rey Viserys se encontró con su muerte, sin antes pronunciar sus últimas palabras

Él había nombrado a Aegon y la reina lo había escuchado, cuando sucedió todo ella se encontró mal, pero no tardo en actuar rápido y juntar a todo el consejo real

Aemond, aislado de la situación del reino, decidió concentrarse en sus libros y entrenamientos, intentando olvidar a la Lannister junto a su estadía ahí, volviendo a dormir sus sentimientos, pero se le hacía imposible no pensar en ella

No encontró su consuelo en ninguna parte, así que fue con su hermana, preguntándose si podría ser de ayuda, pues desde niños tenían una relación estable, pero rara vez compartían cosas

Ella se encontraba en los aposentos de los gemelos jugando con ellos y la puerta estaba abierta, toco esta de igual manera avisando su llegada

- Oh Aemond, no esperaba verte – dijo risueña como siempre

- No tenía nada que hacer – se sentó en una de las sillas que estaban cerca, viendo el juego de los niños mientras jugaba con sus manos ansioso

- ¿Qué es lo que angustia, hermano?

- Nada importante – miro para abajo unos segundos y vio a su hermana concentrada en sus manos

- El dragón es fuerte solo, pero junto a otro es poderoso – los ojos de la mujer estaban perdidos mientras hablaba – El rojo pintara todo, pocos sobreviran.

Las palabras de ella lo habían dejado helado, ¿A qué se refería su hermana? ¿Quiénes vivirán? ¿Y quienes no?

- Helena ¿a qué te refieres? – pregunto inquieto

- ¿Referirme a qué? – parecía como si lo que acabara de decir se hubiera borrado instantáneamente de su cabeza - ¿Qué necesitas Aemond?

- Yo... - no supo que decir, en su cabeza pasaban sus palabras y hacían menos a los pensamientos de cierta Lannister

- Sé que es por Aerea que estas acá – corto cualquier cosa que pudiera pasarle al príncipe - Pero ¿qué es lo que te atormenta tanto?

- Nunca mencione a nuestra prima – lo asusto que alguien mal interpretara lo que paso en los aposentos de esta

- No, no lo hiciste, pero todos notaron como la mirabas – dijo volviendo la vista a sus hijos – Los rumores no mintieron cuando dijeron que era hermosa, pero a vos nunca te importo la belleza de una doncella

- No sé qué me pasa con ella - soltó frustrado, después de un silencio, pasándose las manos por la cara – Le dije cosas que no debía, madre me mataría si se entera algo de esto.

- ¿Qué sientes cuando esta ella cerca? ¿Estas triste porque ella se fue?

Él se le quedo viendo sin saber que decir ¿y si solo estaba confundido? realmente tendría problemas si algo pasara con ella

- No sé qué mierda siento por ella – se levantó de la silla empezando a dar vueltas por la habitación, hasta que paro en seco viendo hacia la ventana – Pero sé que cuando un hombre esta con ella, solo quiero arrancarle los ojos.

La Danza de DragonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora