¿Nuevo Heredero?

198 17 3
                                    


POV: Narrador Omnisciente

Meena se quedó durante unos minutos simplemente mirando de forma atenta la manera patética en cómo el Conde junto a su hijo continuaban ladrando en alto, prácticamente al nivel de sus pies, siendo incapaz de poder levantar sus cabezas del suelo por temor de que la gran Duquesa lo tomara como una ofensa hacia su persona. Si la pelinegra debía ser completamente sincera con respecto a la situación en la cual se encontraba, realmente no estaba interesada por seguir observando la forma en que ambos nobles se estaban comportando para mantener sus cuellos unidos a sus cabezas, francamente, ella estaba más interesada por el pequeño niño que aún se encontraba sentado a su lado. Se podría decir que le causaba curiosidad el notar lo pequeño y delgado que era, tanta era la delgadez que exponía que fácilmente podría llegar a romperse si es que el agresivo viento del invierno lo llegase a tocar, por lo cual ella no pudo evitar mirar hacia su alrededor para ver si las ventanas estaban cerradas. Tras asegurarse de que todo estuviese como correspondía regresó su atención en el menor, a simple vista parecía estar hecho de papel, daba la sensación de que debían tratarlo con cuidado porque si no se rompería, pero a pesar de lo frágil que se veía, el chico poseía unos ojos ardientes, aquellos que gritaban querer seguir viviendo.

A pesar de que no había sido realmente su intención, de todas formas no pudo evitar el sentir que él le estaba haciendo recordar a la cruel infancia de la cual había sido sometida; cuando tenía su edad también se vio en la necesidad de tener que luchar por sobrevivir, a pesar de que no había más herederos que pudiesen amenazar su legítimo puesto, de todas formas siempre había alguien que trataba de arrebatarle la vida, así que no le quedó de otra más que vivir con el ferviente pensamiento de que en cualquier momento, sin importar la ocasión o el lugar alguien trataría de asesinarla así que debía estar siempre con la guardia en alto. Por ese simple motivo desde que tenía uso de razón se obligó a tener que intoxicarse con distintas plantas hasta que su cuerpo se las arregló para lograr inmunidad a cada veneno que su paladar llegó a tener contacto. Lucho día tras día hasta que su cuerpo quedó en gran medida cubierto por las gruesas cicatrices, práctico con la espada hasta que sus palmas quedaron con la forma de su espada y no se detuvo ni siquiera cuando el dolor era más que insoportable. A pesar de todo lo que había estado realizando, tardó bastante en entender el por qué le estaba pasando todo eso, tuvieron que pasar largas noches donde lo único que hizo fue llorar al no ser capaz de comprender la situación, había sido una niña pequeña, encerrada en un frío cuarto oscuro mientras que, en pleno silencio no podía evitar el llorar con sus dos manos aferrándose a su pequeño estómago ante el dolor abrasador que la envolvía cuando la planta venenosa terminaba siendo más fuerte que su sistema inmunológico, fueron incontables noches donde debió morderse la lengua ante el insoportable dolor que a travesaba su piel cuando las heridas se abrían, noches largas y frías donde no era capaz de vestirse ante las marcas que cubrían sus palmas. Realmente fueron días duros, horas de infiernos, pero aun cuando no quería admitirlo, todas esas situaciones fueron necesarias para que ella pudiesen entender que tenía que convertirse en una bestia si realmente quería sobrevivir.

Tristemente esa había sido la dura vida que el mundo le había obligado a someterse para poder sobrevivir, un lugar oscuro y sombrío, donde el frío era algo natural para ella y el calor un sentimiento vago y poco reconocido, fueron situaciones horribles que en gran medida su propio cerebro se había encargado de suprimir, pero de las cuales aún quedaban vagos rastros que le hacían pensar que lo natural era matar. Decidió quedarse en silencio con sus ojos aun fijos en la expresión del menor, a pesar de que lo que ella había vivido se había vuelto una cruel rutina jamás iba a olvidar el fuego en su propia mirada, aquellas flameantes ganas de vivir que envolvían por completo sus orbes, era una mirada que erizaría la piel a cualquier persona que lo veía, y quizás por esa razón no podía creer que ahora mismo estuviese viendo a su yo de niña reflejada en aquel muchachito. El chico no podía hablar, la falta de lengua le impedía decir todo lo que cruzaba por su mente, pero no era necesario las palabras para que ella comprendiera que él tenía toda la intención de mantenerse con vida, aun cuando eso significaba perder lo poco que tenía. Se quedó en un completo silencio sintiéndose incómoda por todo lo que estaba pensando mientras que sus ojos seguían aún sobre el menor, dime... ¿Ellos crearon esa mirada en tu rostro? se cuestionó sin ser capaz de poder decirlo a viva voz, a la vez que decidía girar su rostro posando durante unos segundos su mirada en el Conde que seguían ladrando, ¿Por qué lastimar a un mocoso? no lo entendía, su cabeza no estaba preparada para poder comprender la razón que llevaría a una persona para meterse con un ser tan indefenso e inútil como lo era un niño, ¿Qué sentido tendría para usarlo? no lo había, lastimar a un niño no traería ningún beneficio a menos que lo quisieras mantener con vida, como había sido su caso. ¿De qué forma debería torturarlos? a pesar de que no le importaba la gente en general, no pudo evitar el preguntarse con seriedad que iba a hacer con ese par de idiotas.

La Tirana Del Norte (G!P) MeenBabeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora