El vehículo avanzaba a toda velocidad por una carretera oscura, iluminada solo por la luz de la luna y los faros delanteros. Rachel conducía, sus manos firmes en el volante, mientras que Nat revisaba las heridas superficiales de Eli en el asiento trasero. Bucky, en el asiento del copiloto, mantenía su mirada fija en el camino, pero de vez en cuando lanzaba una mirada preocupada hacia Rachel.
Eli estaba débil, pero consciente. Había empezado a murmurar algunas palabras, y aunque todavía no tenía la fuerza para hablar con claridad, la insistencia en sus ojos mostraba que reconocía a su hermana.
—¿Cuánto falta para llegar al punto seguro? —preguntó Nat, rompiendo el silencio tenso.
—Diez minutos. —respondió Rachel con voz cortante.
Nat asintió y volvió a centrar su atención en Eli.
—Necesitamos un médico. —dijo Bucky después de un rato, girando hacia Rachel.
—Lo sé. Tengo a alguien que nos puede ayudar. —respondió ella sin apartar los ojos de la carretera.
Bucky no dijo nada más, pero su ceño fruncido reflejaba su preocupación. Podía ver el peso que Rachel llevaba, no solo por lo que acababan de pasar, sino por todo lo que cargaba desde mucho antes de que él entrara nuevamente en su vida.
llegaron a una cabaña en buen estado en medio de un bosque denso. Rachel apagó las luces del vehículo y se bajó rápidamente, abriendo la puerta trasera para ayudar a Nat con Eli.
—Vamos, dentro. —ordenó Rachel, liderando al grupo hacia la entrada.
La cabaña era pequeña y modesta, pero estaba equipada con lo necesario para mantenerse fuera del radar. Rachel encendió algunas lámparas mientras Nat y Bucky acomodaban a Eli en el único sofá grande del lugar.
—Voy a llamar a nuestro contacto. Quédense con ella. —dijo Rachel mientras se dirigía a una habitación adyacente.
Nat y Bucky intercambiaron miradas antes de asentir. Rachel cerró la puerta detrás de ella y marcó un número en un teléfono seguro que tenía guardado.
—Necesito ayuda. Es urgente. —dijo, sin molestarse en saludar.
Del otro lado, una voz masculina respondió con calma.
—Lo esperaba. Estoy en camino.
Rachel colgó y respiró profundamente antes de volver a la sala principal.
—Alguien viene. Confío en él. —anunció, mientras recogía una manta y cubría a Eli con cuidado.
Nat se acercó a Rachel, colocando una mano en su hombro.
—Hiciste lo correcto. Ella está aquí, viva, gracias a ti.
Rachel no respondió, solo miró a su hermana, sintiendo una mezcla de alivio y miedo. Bucky, quien estaba apoyado contra una pared, observaba la escena en silencio.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó Bucky finalmente.
Rachel se giró hacia él, con una expresión cansada pero resuelta.
—Ahora esperamos. Pero esto no ha terminado. Ellos no dejarán que nos alejemos tan fácilmente.
El grupo cayó en un silencio cargado de tensión, cada uno reflexionando sobre lo que vendría. Rachel sabía que el rescate de Eli era solo el comienzo de una guerra más grande, y aunque había tratado de hacerlo sola, ahora no podía ignorar que necesitaría ayuda.
Mientras las primeras luces del amanecer se filtraban a través de las ventanas, Rachel se permitió un momento para sentarse al lado de Eli y tomar su mano.
—Te voy a proteger. —susurró, más para sí misma que para su hermana.
Bucky, observándola desde la distancia, hizo una promesa silenciosa: no iba a dejarla cargar con esto sola, sin importar cuánto intentara mantener a todos alejados.
Horas después, un vehículo se detuvo fuera de la cabaña. Rachel fue la primera en levantarse, tomando su arma de la mesa mientras se dirigía hacia la puerta. Bucky la siguió, aunque sin intervenir. Rachel abrió la puerta solo lo suficiente para asomarse, apuntando con el arma hacia el recién llegado.
—¿Rachel? —dijo un hombre con voz firme pero calmada.
—Aquí estoy. —respondió, bajando el arma lentamente al reconocerlo.
Era un médico de confianza, Rachel lo conoció cuando ella le salvó la vida de unos ladrones h desde entonces se hicieron amigos era alguien que sabía mantenerse en silencio y actuar con rapidez.
—Pasa. —ordenó Rachel mientras abría la puerta completamente.
El hombre, alto y delgado, con una pequeña maleta de cuero, entró a la cabaña y fue directo hacia Eli, quien seguía inconsciente en el sofá.
—Déjenme espacio. —pidió mientras abría la maleta.
Nat y Rachel se apartaron, aunque Rachel no pudo alejarse demasiado. Permanecía cerca, observando cada movimiento del médico mientras revisaba las heridas de su hermana.
—No es grave, pero está débil. Necesitará tiempo y cuidados para recuperarse por completo. —dijo el médico tras una revisión rápida.
Rachel soltó un suspiro de alivio, aunque su rostro seguía marcado por la preocupación.
—¿Cuánto tiempo necesita para estar fuera de peligro? —preguntó.
—Unos días de descanso absoluto. Después de eso, podría moverse con precaución. Pero no te recomiendo que la lleves a ningún lugar peligroso en este estado.
Rachel asintió lentamente, aunque sabía que quedarse en un solo lugar era un riesgo enorme.
—Gracias. Quédate lo que necesites. —dijo finalmente.
El médico asintió y empezó a organizar sus instrumentos. Nat y Bucky intercambiaron miradas, ambos sabiendo que Rachel seguía luchando internamente con el peso de todo esto.
Cuando el médico terminó de atender a Eli y se retiró a descansar en una habitación contigua, Nat se acercó a Rachel.
—Ella estará bien. Ahora necesitas descansar tú también. —dijo en un tono suave pero firme.
Rachel negó con la cabeza, su mirada fija en su hermana.
—No puedo. Si ellos saben que la saqué de ahí, vendrán tras nosotras. No puedo darme el lujo de bajar la guardia.
—No estás sola en esto. —dijo Bucky desde el otro lado de la sala.
Rachel lo miró, su rostro endurecido.
—Nunca lo he estado, pero eso no significa que confíe en alguien más para hacer las cosas que debo hacer.
Bucky dio un paso adelante, su mirada fija en la de ella.
—Sabes que no voy a irme. Ni Nat tampoco. Así que acostúmbrate a la idea de que no tienes que cargar con todo esto sola.
Rachel quiso replicar, pero las palabras de Bucky la dejaron sin respuesta. En el fondo, sabía que tenía razón. Sin embargo, la idea de depender de alguien más era algo que le costaba aceptar.
—Descansa un poco, Rachel. —añadió Nat, con una ligera sonrisa.
Rachel cedió y se dejó caer en una silla cercana, aunque su mirada permanecía alerta, como si cada sombra en la habitación fuera una amenaza.
Mientras la noche avanzaba, un silencio tenso se apoderó de la cabaña. Todos sabían que el peligro no había pasado y que lo peor podría estar aún por venir.
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Entré el amor y el odio
RandomEn un mundo de sombras y secretos, Rachel, una joven agente de Hydra, se encuentra con Bucky Barnes, el Soldado del Invierno. Criada para ser una arma letal, Rachel busca escapar de su pasado y encontrar la verdad sobre sí misma. A medida que se enf...