Capítulo 13

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Nunca me había puesto a pensar en lo realmente antigua que podría ser mi universidad. Si alguien me hubiera preguntado, habría dicho que tenía unos veinte, tal vez treinta años.

Y al final, resultó tener setenta.

Honestamente, no se veía tan... longeva.

El punto es que justo hoy era su aniversario, y en el campus habían cancelado las clases del día para que todo el alumnado pudiese participar de un festival que habían organizado, por lo que Johnny, Gabo y yo decidimos ir junto Alison y Carolina a disfrutar de todo lo que podría ofrecernos esta actividad.

Y, sobre todo, disfrutar que no había clases.

—Yo opino que el algodón de azúcar rosa sabe mejor que el azul —afirmó Carolina, llevando un trozo de su golosina a la boca con una sonrisa triunfante.

—Ambos saben igual —respondió Gabo con su típico aire indiferente.

Carolina le lanzó una mirada que podía derretir acero.

—Por lo visto, no sabes nada de dulces, Gabo.

—Es que él no tiene tiempo para cosas dulces. Prefiere amargarse con rock ochentero —intervino Johnny, con una sonrisita burlona.

—Y tú eres como una mosca en pleno verano: molesta y difícil de ignorar —espetó Gabo, levantándole el dedo corazón con toda la calma del mundo.

—Yo también te quiero, Gabito —respondió Johnny, imitando un saludo real con una exageración teatral.

Las risas de Alison y Carolina resonaron con fuerza, mientras yo apenas esbozaba una sonrisa, más interesado en los puestos que se extendían a nuestro alrededor. El festival estaba en pleno apogeo: luces brillantes decoraban cada esquina, música vibrante llenaba el aire, y los aromas de comida competían con el dulce perfume de las flores decorativas. Todo parecía diseñado para absorberte, para arrastrarte con su energía.

—¿Brant? ¿Estás en modo automático o qué? —La voz de Johnny me sacó de mi ensimismamiento.

—Solo estaba apreciando el ambiente —respondí con una sonrisa distraída.

—Es raro estar aquí y no tener que pensar en exámenes o tareas —comentó Alison mientras mordía una fritura.

—Raro, pero necesario —añadió Gabo—, sobre todo después de esa semana de exámenes infernales.

—No te quejes, que salías de cada prueba como si hubieras estado en un paseo por el parque —dije, arqueando una ceja en su dirección.

—¿No vieron mi cara mientras resolvía? Era puro drama y sufrimiento —respondió, llevándose una mano al pecho con teatralidad.

—Perdón por no fijarme en tu belleza, estaba demasiado ocupado tratando de no reprobar —soltó Johnny con una mueca exagerada.

Gabo, perdiendo la paciencia, salió tras Johnny, que ya corría entre los puestos, esquivando estudiantes mientras reíamos. Entre bromas, dulces y luces, el día avanzaba con la misma ligereza que una canción pegajosa.

Fue entonces cuando vi a Alison detenerse frente a un puesto. Sus ojos brillaron con emoción al leer un cartel.

—Para cerrar el festival habrá un concierto de rock en la explanada de la facultad de ingeniería. —Su voz estaba llena de entusiasmo.

Todos nos giramos hacia ella, que ahora tenía el anuncio en las manos. Johnny, curioso, se acercó.

—¿Rock? ¿Qué banda?

—Al parecer es una agrupación local. —Alison señaló el cartel con el dedo, mientras Gabo asentía.

—He escuchado algunos de sus covers, y son geniales —comentó Gabo, lo que ya era un gran cumplido viniendo de él.

Sombras del orgulloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora