Capítulo 24

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Después de aquella confrontación con Ayça Hatun, ella siempre que me veía se alejaba, pero en su mirada había algo que no podía ignorar: un creciente enojo y un rencor que parecía alimentarse día tras día. No sabía si su actitud era solo hacia mí o si había algo más que la atormentaba, pero su frialdad era evidente para todos.

Ese día estaba ayudando con las telas del vestido de mi boda. Había pasado horas eligiendo los colores y bordados, queriendo que todo fuera perfecto. Sin embargo, algo llamó mi atención: Ayça Hatun estaba escondida tras un árbol, observando mi tienda con una intensidad que me inquietó. Su mirada era penetrante, como si estuviera buscando algo o tramando un plan. Decidí dejar lo que estaba haciendo y observarla con cautela.

No pasó mucho tiempo antes de que la viera acercarse a mi tienda. Miró a su alrededor, como asegurándose de que nadie la veía, y luego entró rápidamente. Fruncí el ceño, alarmada. Unos minutos después, vi al pequeño Ghazi, que jugaba cerca, entrar tras ella, probablemente por simple curiosidad.

Me levanté de inmediato, un mal presentimiento creciendo en mi pecho. Caminé apresuradamente hacia la tienda, pero antes de llegar, el aire se llenó de un olor acre. Entonces lo vi: humo salía por las costuras de la tienda, y en un abrir y cerrar de ojos, una llama escapó, lamiendo el borde de la entrada.

—¡Fuego! —grité, alarmada, mientras corría hacia allí.

—¡Fuego! —grité, alarmada, mientras corría hacia allí

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Los gritos de alerta se propagaron rápidamente por el campamento, y varios hombres y mujeres comenzaron a correr con cubos de agua para intentar apagar las llamas

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Los gritos de alerta se propagaron rápidamente por el campamento, y varios hombres y mujeres comenzaron a correr con cubos de agua para intentar apagar las llamas. Pero mi atención estaba en algo mucho más urgente: los gritos de Ghazi, quien seguía dentro.

Sin pensarlo dos veces, me cubrí la boca con un pedazo de tela suelta y me lancé al interior de la tienda. El calor era sofocante, y el humo picaba en mis ojos, haciéndome difícil ver.

 El calor era sofocante, y el humo picaba en mis ojos, haciéndome difícil ver

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Entre el deber y el corazónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora