Max caminaba por las calles tranquilas de Londres, un bolso en mano con pequeños regalos para Pato y Sergio. Había aprovechado una pausa en su agenda de carreras para visitarlos, aunque el peso de los rumores constantes lo mantenía inquieto. Sabía que, aunque el tiempo con su hijo y Sergio era preciado, tenían que enfrentar los crecientes cuestionamientos de la prensa tarde o temprano.
Sergio lo recibió en la puerta de su departamento con una sonrisa cansada pero genuina.
—Justo a tiempo, Max. Pato acaba de terminar su almuerzo.Max entró, dejando el bolso en el sofá mientras sus ojos recorrían el lugar. Era acogedor, con juguetes esparcidos por la sala y fotos de Pato decorando las paredes. Aunque no dijo nada, el entorno le hizo sentir una punzada de tristeza; había perdido tanto tiempo importante en la vida de su hijo.
—¿Dónde está Pato? —preguntó Max, acomodándose en el sofá.
—En su habitación jugando. Seguro sale en cualquier momento para ver qué trajiste —respondió Sergio mientras servía café.
Como si lo hubieran llamado, Pato apareció en el marco de la puerta, frotándose los ojos y sonriendo al ver a Max.
—¡Papá!El corazón de Max se derritió con la emoción del niño, y en un segundo lo tenía en brazos, escuchando sus risas y respondiendo sus preguntas sobre el contenido del bolso. Mientras Pato revisaba los regalos con fascinación, Sergio los observaba en silencio. Había algo tan natural en la conexión entre ellos que le hacía preguntarse por qué había tenido miedo de compartir esta parte de su vida con Max.
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Después de un rato, Pato empezó a mostrar signos de cansancio. Sergio lo llevó a su habitación para la siesta, dejándolo arropado entre sus juguetes favoritos. Cuando regresó a la sala, encontró a Max sentado, mirando una de las fotos de Pato.
—Es increíble cuánto se parece a ti —dijo Max, con un leve tono de melancolía.
Sergio tomó asiento frente a él, su rostro mostrando la misma seriedad. Ambos sabían que era momento de hablar.
—Max, tenemos que decidir qué vamos a hacer con todo esto —comenzó Sergio, entrelazando las manos.
Max asintió, dejando la foto sobre la mesa.
—No podemos seguir ignorando los rumores. La prensa no va a detenerse, y creo que ambos sabemos que ocultarlo más tiempo no es una opción.Sergio lo miró con cierta preocupación.
—Lo sé, pero tampoco quiero que Pato esté en el centro de atención. Él no pidió esto, y no quiero que crezca rodeado de cámaras y preguntas constantes.Max entendía completamente el miedo de Sergio; él mismo lo compartía. Pero también sabía que la verdad tenía que salir eventualmente.
—Podemos hacerlo de una manera que proteja a Pato. Necesitamos asesorarnos.—Ya lo había pensado —admitió Sergio—. Mi agente de relaciones públicas me sugirió que tuviéramos una reunión para planificar cómo manejar esto. Podríamos hablar con tu equipo también, si estás de acuerdo.
Max asintió, su semblante serio pero decidido.
—Claro que estoy de acuerdo. Si vamos a hacer esto, debemos hacerlo juntos. Quiero ser parte de la vida de Pato en todos los sentidos, no solo en privado.---
Unos días después, Max y Sergio se reunieron con sus respectivos agentes de relaciones públicas en un despacho privado en Londres. Era una reunión crucial para determinar cómo manejarían las especulaciones sin poner en riesgo la privacidad de Pato.
—La situación actual está en un punto crítico —dijo Anne, la agente de Sergio, mientras ajustaba sus gafas y repasaba unas notas—. Las especulaciones no solo afectan sus carreras, sino también la percepción pública. Necesitamos aclarar algunas cosas sin revelar más de lo necesario.
—Estoy de acuerdo —dijo Thomas, el agente de Max—. Si permitimos que los rumores sigan creciendo, eventualmente alguien podría descubrir la verdad de una manera que no podamos controlar.
Sergio respiró hondo, sintiendo la presión del momento.
—¿Qué sugieren?Anne miró a ambos con seriedad.
—Nuestra recomendación es hacer una declaración conjunta. Nada demasiado detallado, solo confirmando que tienen una relación cercana por el bien del niño. No necesitan entrar en detalles sobre la paternidad o su situación personal.Thomas añadió:
—También podemos incluir una solicitud a los medios para que respeten la privacidad de Pato. Eso ayudará a establecer límites claros.Max se inclinó hacia adelante, sus ojos azules brillando con determinación.
—Estoy de acuerdo con establecer límites. Pero quiero dejar claro que Pato es mi hijo. No quiero que nadie dude de eso.Sergio lo miró, sorprendido por la firmeza en su voz.
—¿Estás seguro? Eso podría intensificar el interés en él.—Lo estoy. Pato merece que el mundo sepa que tiene un padre que lo ama y lo apoya.
Después de un largo debate, llegaron a un acuerdo. Harían una declaración conjunta en las redes sociales, manteniendo la privacidad de Pato pero confirmando que Max y Sergio estaban trabajando juntos como padres.
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Esa noche, Sergio y Max cenaron juntos en el departamento de Sergio, aprovechando un momento de calma antes de la tormenta que sabían que desatarían con su declaración.
—¿Crees que estamos haciendo lo correcto? —preguntó Sergio mientras recogía los platos.
Max asintió sin dudar.
—Sí, Sergio. No podemos seguir escondiéndonos. Y más que eso, no quiero que Pato crezca sintiendo que tenemos que ocultarlo. Él merece saber que estamos orgullosos de ser sus padres.Las palabras de Max resonaron en Sergio, llenándolo de una extraña mezcla de alivio y miedo. Sabía que, pase lo que pase, estarían enfrentando esto juntos.
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Al día siguiente, ambos publicaron la misma declaración en sus redes sociales. Era un mensaje sencillo, acompañado de una foto de las manos de Max, Sergio y Pato entrelazadas, sin mostrar los rostros.
"Queremos compartir algo importante. Como padres, nuestro principal objetivo es el bienestar y la felicidad de nuestro hijo. Agradecemos a todos por su comprensión y pedimos respeto a nuestra privacidad mientras seguimos construyendo una vida familiar llena de amor y apoyo mutuo."
La respuesta fue inmediata. En cuestión de minutos, las redes sociales estallaron con comentarios de apoyo, sorpresa y, por supuesto, más preguntas. Pero Sergio y Max sabían que habían tomado el primer paso necesario para enfrentar el futuro con claridad y sin miedo.
Por primera vez en mucho tiempo, Sergio sintió que podía respirar un poco más tranquilo. Sabía que aún había retos por delante, pero con Max a su lado, estaba listo para enfrentarlos.
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Bajo las Luces de la Tentación
FanfictionEn una fiesta exclusiva, Checo Pérez, un joven doncel de 18 años con sueños de ser modelo, y Max Verstappen, un prometedor piloto de 20 años, se encuentran y se sienten atraídos de inmediato. Tras unas copas y una conversación ligera, deciden dejars...