Las vacaciones habían llegado a su fin, y con ello, Max y Sergio regresaron a sus respectivas rutinas. El jet privado de Max despegó primero, llevando al holandés de regreso a su residencia en Mónaco. Mientras tanto, Sergio y Pato volaron hacia Londres, donde la vida cotidiana y las responsabilidades los esperaban.
Sin embargo, ninguno de los dos podía ignorar el vacío que las vacaciones habían dejado.
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Max cruzó la puerta de su lujoso departamento en Mónaco con una expresión que mezclaba cansancio y melancolía. A pesar de la vista perfecta del mar Mediterráneo y la elegancia minimalista de su hogar, todo le parecía insípido.
El silencio era casi ensordecedor. No había risas infantiles resonando en los pasillos ni pequeños pasos correteando por el suelo. Tampoco estaba Sergio, tarareando cualquier canción mientras preparaba algo en la cocina o lanzando un comentario sarcástico para hacerlo reír.
Max dejó su maleta junto a la entrada y se desplomó en el sofá. Su mente regresó a las vacaciones: a Pato gritando emocionado mientras jugaban en la playa, a la manera en que Sergio lo miraba cuando pensaba que él no estaba prestando atención. Cerró los ojos y dejó escapar un largo suspiro.
—Esto no es vida —murmuró para sí mismo.
El tiempo que había pasado con ellos le había confirmado algo que ya sabía pero que ahora sentía con más fuerza: los necesitaba. No solo a Pato, su hijo, sino también a Sergio. La idea de una vida juntos como familia no era solo un sueño; era su objetivo, su meta más importante.
Max se puso de pie con determinación. Su mente estaba más clara que nunca: haría todo lo necesario para conquistar a Sergio. Quería que vivieran juntos, que compartieran no solo las vacaciones, sino también los días comunes, los momentos felices y los difíciles. Quería que su departamento se llenara de risas y amor, no de un vacío que lo carcomía lentamente.
—Esto no puede seguir así. Voy a luchar por ellos —se prometió en voz alta.
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En Londres, Sergio también sintió el cambio. A diferencia de Max, su casa no estaba completamente en silencio. Pato llenaba el espacio con su habitual energía, aunque incluso el pequeño parecía darse cuenta de que faltaba algo.
—¿Papá Max va a venir pronto? —preguntó Pato mientras jugaba en la sala.
Sergio, que estaba organizando algunos documentos, se detuvo un momento y lo miró.
—No lo sé, hijo. Tiene trabajo, pero seguro vendrá cuando pueda.Pato asintió, aunque su expresión reflejaba cierta decepción. Sergio se acercó y le acarició el cabello.
—¿Lo extrañas mucho?
—Sí, pero tú también lo extrañas, ¿verdad? —dijo el niño con una inocencia desarmante.
Sergio sonrió, pero no respondió. La verdad era que sí lo extrañaba. Había momentos en los que incluso se encontraba esperando escuchar uno de los malos chistes de Max o ver su sonrisa despreocupada iluminando el día. Sin embargo, no quería complicar las cosas. La relación que tenían ahora era cómoda, tranquila, y Sergio temía que cambiarla pudiera arruinar lo que habían construido.
—No pienses en eso, Sergio —se dijo a sí mismo en voz baja mientras volvía a sus tareas.
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El regreso a sus respectivas vidas no pasó desapercibido. En cuestión de días, los rumores comenzaron a circular. Aunque no había fotos ni pruebas concretas, algunos periodistas habían captado información sobre las vacaciones privadas que Max y Sergio habían compartido.
En la conferencia previa al próximo Gran Premio, Max se enfrentó a una ola de preguntas al respecto.
—Max, ¿puedes confirmar que pasaste las vacaciones con Sergio Pérez y tu hijo?
Max, sentado con una expresión tranquila pero firme, asintió.
—Sí, pasé mis vacaciones con mi hijo. Fue un tiempo muy especial para nosotros.—¿Qué puedes decirnos sobre tu relación con Sergio? ¿Es cierto que están juntos?
La mandíbula de Max se tensó ligeramente, pero su tono permaneció sereno.
—No voy a responder preguntas sobre mi relación con Sergio. Lo único que quiero decir es que mi hijo, Pato, no tiene por qué estar en el ojo público. Es un niño, y quiero proteger su privacidad. Espero que todos puedan respetar eso.Aunque las respuestas de Max fueron medidas, el brillo en sus ojos al mencionar a Pato no pasó desapercibido para nadie en la sala. Incluso los otros pilotos que estaban en la conferencia miraron a Max con una mezcla de sorpresa y admiración.
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Más tarde, en el paddock, algunos pilotos se acercaron a Max para hablar sobre el tema.
—Entonces, ¿vacaciones en familia, eh? —bromeó Lando con una sonrisa pícara.
Max lo miró de reojo, pero no pudo evitar sonreír.
—Algo así.—Debo decir que nunca te había visto tan relajado como últimamente —comentó Lewis, cruzando los brazos—. Parece que te hace bien estar con ellos.
Max asintió, sabiendo que no podía negar lo evidente.
—Es verdad. Me hacen feliz.Charles, que había estado escuchando la conversación, dio un paso adelante.
—¿Y cuándo nos vas a presentar a Pato?—Cuando llegue el momento adecuado —respondió Max, manteniendo su tono reservado pero con una sonrisa suave.
Los demás asintieron, respetando su decisión, aunque era evidente que estaban genuinamente interesados en conocer al pequeño.
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Esa noche, mientras estaba en su hotel, Max volvió a mirar las fotos y videos que había tomado durante las vacaciones. Uno en particular, donde Pato y Sergio estaban jugando juntos en la playa, le arrancó una sonrisa.
—Son mi familia —murmuró para sí mismo.
Max sabía que el camino no sería fácil. Sergio era un hombre independiente y reticente a dejarse llevar por sus emociones, pero Max estaba dispuesto a demostrarle que podían tenerlo todo.
Tomó su teléfono y escribió un mensaje breve a Sergio:
"Espero que Pato esté bien. Lo extraño mucho. También extraño tus malos chistes."
No esperaba una respuesta inmediata, pero sonrió al imaginar la expresión de Sergio al leerlo.
Por su parte, Sergio recibió el mensaje mientras se preparaba para acostarse. Lo leyó varias veces antes de responder con un simple:
"Pato también te extraña. Yo no cuento chistes malos, tú tienes mal gusto."
Sergio soltó una risa suave al enviarlo, pero el calor que sintió en el pecho al pensar en Max lo dejó reflexionando mucho más tiempo del que habría querido.
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A pesar de la distancia, tanto Max como Sergio sabían que algo había cambiado entre ellos. Max estaba más decidido que nunca a demostrarle a Sergio que podían ser una familia de verdad, mientras que Sergio comenzaba a admitir, aunque a regañadientes, que quizá no estaría tan mal dejarlo intentarlo.
El camino sería largo, pero ambos estaban dispuestos a recorrerlo, aunque aún no lo supieran del todo.
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Bajo las Luces de la Tentación
FanfictionEn una fiesta exclusiva, Checo Pérez, un joven doncel de 18 años con sueños de ser modelo, y Max Verstappen, un prometedor piloto de 20 años, se encuentran y se sienten atraídos de inmediato. Tras unas copas y una conversación ligera, deciden dejars...