Al día siguiente, el plan de Osman Bey para conquistar Atranós y rescatar a mi padre se llevaría a cabo. La tensión en el campamento era palpable; todos estaban enfocados en sus preparativos. Los guerreros afilaban sus espadas, ajustaban sus armaduras y preparaban los caballos. Bala Hatun supervisaba el suministro de medicinas y provisiones para el combate, mientras Malhun Hatun organizaba la estrategia con los alp.
Osman Bey reunió a sus hombres al amanecer. Su voz firme y decidida resonó entre ellos:
—¡Hoy es el día en que Atranós será nuestro! Lucharemos con valentía y honraremos a nuestros antepasados. Primero, lo convertiremos en nuestro hogar, rescataremos a Gunduz Bey, y llevaremos la cabeza de Imren ante todos. Verán lo que sucede a quienes osan atacar nuestras tierras. Sepan esto, nobles soldados y hermanas de Kayı: en este día bendito de Ramadán, ¿están conmigo?
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—¡Estamos contigo! —respondieron al unísono, alzando sus espadas al cielo.
Me encontraba detrás de Osman, lista para la batalla. Mi arco colgaba a mi espalda, mis dagas aseguradas al cinturón. Aunque mi corazón latía con fuerza, no era miedo lo que sentía, sino una mezcla de determinación y sed de justicia. En mi mente, el recuerdo de Olivia, atrapada en el castillo, y el deseo de vengar la muerte de mi cuñada eran las llamas que avivaban mi espíritu.
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Osman Bey dio la señal, y el campamento se puso en marcha. Los estandartes azules de Kayı ondeaban mientras los caballos avanzaban en formación. El plan era claro: atacarían el castillo desde dos frentes. Osman lideraría la ofensiva principal, mientras Alaeddin Bey y un grupo selecto se infiltrarían para rescatar a mi padre y a Olivia. Yo había insistido en unirme a esta misión, y aunque Osman dudó al principio, finalmente aceptó.
Cuando llegamos cerca de Atranós, el sol ya iluminaba el horizonte. Desde nuestra posición en las colinas, el castillo se alzaba como una sombra imponente, con sus muros altos y torres vigilando el paisaje. Los sonidos de las trompetas resonaron cuando las fuerzas de Osman se acercaron.
—Recuerden —dijo Osman antes de dar la orden final—, ¡no solo luchamos por nosotros, sino por nuestro pueblo y nuestra fe! ¡Avancen!
Con un rugido unísono, la ofensiva comenzó. Mientras las tropas principales avanzaban hacia las puertas del castillo, nuestro pequeño grupo, liderado por Alaeddin, se dirigió hacia los túneles secretos que habíamos descubierto días atrás con Orhan. Olivia había utilizado esos túneles antes, y confiábamos en que nos conducirían directamente al interior del castillo.