Bill

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Tom volvió después de unos segundos, vistiendo solo una bata semiabierta negra. En sus manos traía dos copas y una botella de vino. Seguí atentamente todos sus movimientos. Sirvió un poco de ese vino y se acercó a mí con una copa que bebía de a sorbos pequeños.

-Si quieres no continuar, podemos salir- dijo.

-Estás loco. He estado sin tus atenciones por mucho tiempo. Muero por hacer esto- respondí.

-Entonces debes saber algunas cosas antes de comenzar- dijo, y lo miré expectante. -Hay una palabra de seguridad y es "manzana". La dirás cuando ya no puedas resistir- explicó, y susurró en mi oído.

-Resistiré- dije, confiando en mi rudeza.

-Solo recuérdala- dijo, y se alejó un poco.

Me dio de beber lo que restaba de vino. Cuando dejé la copa vacía, se separó y fue a unos cajones para tomar una fusta de cuero negro. La dejó a mi lado y soltó mis esposas. Me tomó por las argollas que adornaban el collar y me hizo caminar hasta llegar a donde colgaba del techo unas cadenas. Tomó una y ajustó mi collar allí. Desató mis arneses de mi torso y me dejó desnudo.

Así me rodeó y tomó la fusta para pasarla desde el comienzo de mis shorts hasta la barbilla, jugueteando de paso con mis pezones. El primer azote fue en mi pierna. Ardió como un demonio, pero me mantenía sin gesticular dolor o placer. El segundo fue en la otra pierna, y este sí fue fuerte. Alcé mi pierna en modo reflejo, y él sonrió.

-¿Te dolió?- me preguntó en un susurro.

Negué de inmediato, y como respuesta, me dio otro azote en el culo que, a pesar de tener el short, también me dolió.

-Quítate la ropa- ordenó, y se sentó en una silla que daba justo frente a mí.

-Quítamela tú- dije en modo de broma, pero endureció su rostro.

-Tendrás un castigo- demandó.

-¿Qué?, ¿y por qué?- pregunté.

-Eres mi sumiso, y has desobedecido una orden- dijo, y sus palabras me hicieron reír. Pero él no rió conmigo. En su lugar, fue directo a otro cajón y sacó varias cosas, colocándolas encima del gabinete. Tomó una y se acercó. Lo vi sacarla de la cajita y del plástico para después empaparla de lubricante. No era muy amante de los juguetes sexuales, pero sabía perfectamente que era un dildo de color rosado. Cuando el lubricante lo empapó todo, se colocó atrás de mí y, como pudo, bajo mis shorts sin sacarlo del todo, urgió en mi entrada y lo metió de un movimiento. Gemí un poco, pero me recompuse.

Me subió de nuevo el short para luego acercarse al gabinete y tomar otra cajita. Sacó una especie de anillos, y allí sí tragué saliva.

-¿Te quitarás la ropa?- su pregunta me hizo desafiarlo a negar con la cabeza.

Colocó el anillo fuertemente sobre el gabinete y se acercó a mí de forma intimidante. Me abrió los shorts y los bajó bruscamente para sacarlos por mis piernas. Lo intenté abrazar, pero quitó mis manos de un golpe. Luego bajó mi ropa interior y la sacó con la misma rudeza. Se agachó para quitarme las botas y dejarme descalzo. Mientras lo hacía, yo intentaba tocarlo o algo, pero no se dejaba tocar. Tomó mis muñecas y alcanzó unas cuerdas para atarme las manos. Tomó de nuevo los anillos. Mi pene ya estaba muy duro, lo que facilitó el ingreso de los anillos. Uno en la base y otro cerca de la punta. El pre semen escurría por allí, así que solo unto sus dedos y los chupó, probando mi líquido.

Yo me quedé de piedra. Tom era muy bueno en la cama, pero no era tan sucio y lascivo como lo estaba siendo. Quise decir algo, pero no salía nada de mi estúpida y reseca boca. Como si hubiera leído mis pensamientos, tomó de nuevo la copa, sirvió más vino y me dio de beber un sorbo. -¿Quieres otro poco?- Hasta su tono de voz había cambiado. ¡Mierda! Si no metía su pene en mí, iba a correrme allí de pie.

𝑵𝒐 𝑷𝒖𝒆𝒅𝒐 𝑫𝒆𝒋𝒂𝒓𝒕𝒆 𝑰𝒓  ⟬ᵗʷᶜⁿʳ⟭Donde viven las historias. Descúbrelo ahora