Un dia para recordar

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NARRA SARA

Desperté al día siguiente con la suave luz del sol entrando por la ventana. El aroma del café recién hecho y las risas apagadas de los niños corriendo por el pasillo llenaban la casa de una calidez que hacía tiempo no sentía. Joe dormía a mi lado, su respiración tranquila, y por un momento me quedé observándolo, agradecida por tenerlo en mi vida.

Cuando finalmente me levanté, encontré a mi mamá y Danielle sentadas en el jardín, compartiendo una taza de café. Kevin jugaba con sus hijas, mientras Luca intentaba enseñarles un truco nuevo con la pelota. Parecía que todos habíamos decidido alargar este momento de felicidad tanto como fuera posible.

—¡Buenos días! —saludé, mientras me unía a ellas.

—Buenos días, hija. ¿Dormiste bien?

—Como nunca —respondí, mientras me servía una taza de café.

—Danielle y yo estábamos hablando de organizar algo especial hoy, ya que es su último día aquí —dijo mi mamá, lanzándome una mirada cómplice.

—¿Algo especial?

—Un almuerzo en el patio, todos juntos —añadió Danielle—. Kevin se encargará de la parrilla, y los niños pueden decorar la mesa.

Sonreí. Parecía una idea perfecta para cerrar este viaje lleno de recuerdos inolvidables.

NARRA JOE

Cuando bajé, Sara ya estaba afuera ayudando a Danielle con los preparativos. Me acerqué despacio y la abracé por la espalda, disfrutando de su risa cuando se dio la vuelta para saludarme.

—Buenos días, rockstar. ¿Dormiste bien?

—Contigo aquí, siempre —respondí, dándole un beso rápido.

Mientras ayudaba a Kevin a encender la parrilla, Luca se nos acercó con una propuesta.

—Joe, ¿puedes enseñarme a tocar la guitarra después de comer?

—Claro, Pulga. Pero esta vez tendrás que aprender algo más complicado.

Luca puso una cara de desafío que me hizo reír. Ese niño tenía más energía y determinación que cualquiera que hubiera conocido.

A medida que avanzaba la mañana, los niños decoraron la mesa con flores y servilletas de colores. Mi papá ayudó a Kevin con la comida, y Sara y su mamá prepararon una ensalada. Todo el ambiente era de colaboración y alegría.

NARRA SARA

Cuando llegó la hora de almorzar, la mesa estaba lista. Los colores vibrantes, las risas de los niños y el delicioso aroma de la comida hacían que todo se sintiera como salido de una postal. Me senté al lado de Joe, con Luca frente a nosotros y mis papás a mi derecha.

—Un brindis —dijo Kevin, levantando su copa—. Por las nuevas amistades, las familias unidas y los recuerdos que estamos creando juntos.

Todos alzamos nuestras copas y brindamos. Mi mamá se secó una lágrima discreta, y yo sentí que mi corazón estaba a punto de explotar de tanta felicidad.

Después del almuerzo, nos relajamos en el jardín. Joe cumplió su promesa y le enseñó a Luca los acordes de una nueva canción, mientras mis papás conversaban con Kevin y Danielle sobre los planes para Navidad. Todo parecía encajar de una manera tan natural que era difícil imaginar que nuestras vidas no siempre habían sido así.

NARRA JOE

Más tarde, cuando el sol comenzaba a ponerse, llevé a Sara a un rincón del jardín donde había preparado algo especial.

—¿Qué es esto? —preguntó, con curiosidad en sus ojos.

—Solo quería regalarte un momento para nosotros.

Había colocado una manta en el césped con unas velas alrededor y un pequeño reproductor de música. Le ofrecí mi mano para que se sentara conmigo, y cuando lo hizo, puse nuestra canción favorita.

—¿Recuerdas la primera vez que tocamos esta canción? —pregunté, sonriendo.

—Claro que sí. Fue en ese concierto... nunca pensé que estaría aquí contigo hoy.

—Yo tampoco, pero estoy agradecido de que estemos aquí.

La miré, y por un instante, el mundo desapareció. Solo éramos nosotros, nuestras manos entrelazadas, y el eco de nuestras risas resonando en el aire.

—Sara, nunca he estado tan seguro de algo en mi vida como de esto.

Ella me miró, sus ojos brillando con emoción.

—¿De qué?

—De que quiero que este sea solo el comienzo de nuestra historia.

NARRA SARA

El día terminó con un cielo lleno de estrellas y una sensación de paz que hacía mucho no experimentaba. Estábamos todos en el patio, compartiendo historias y risas, mientras Luca, exhausto pero feliz, se quedaba dormido en el regazo de mi papá.

Cuando llegó la hora de despedirnos, sentí un nudo en la garganta. Kevin y Danielle nos abrazaron, y las niñas insistieron en que volviéramos pronto. Mientras subíamos al auto, miré a Joe, agradecida por cada pequeño detalle que había hecho que este día fuera tan especial.

—¿Lista para regresar a casa? —preguntó, entrelazando su mano con la mía.

—Sí. Pero esta vez, casa se siente diferente.

Joe sonrió y besó mi mano.

—Porque ahora es nuestra.

Y con esa promesa en el aire, supe que nuestro futuro estaba lleno de días como este: simples, hermosos y llenos de amor.

El dia que enamore a mi idoloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora