Capítulo 30 ― La cuerda que aguantamos ―

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Fuimos a la cafetería, donde aún estaban todos acabando de comer. Cuando James y yo nos sentamos con nuestras bandejas, se hizo el silencio un momento y todos dirigieron sus miradas hacia mí, todas llenas de pena, pero Ethan tardó poco en romper ese silencio incómodo.

― ¿Sabíais que dicen que el tamaño del cerebro de un avestruz es más pequeño que el de su propio ojo?

El silencio volvió, pero esta vez todos miramos a Ethan. En parte sin sorprendernos de sus ocurrencias, y en parte sorprendidos de que pensar eso ya fuera normal.

― ¿Te afectó hinchar tantos globos seguidos? ― Madeleine le puso una mano en la frente.

― No. ― Le apartó la mano. ― Andrew, ¿tus padres me podrían hacer un TAC ?

― ¿Para qué quieres hacerte un TAC? ― Respondió el pelinegro.

― Quiero saber cuánto mide mi cerebro.

― La primera vez que escucho eso. ― Sebastian añadió riéndose.

― No puedo coger una regla y medirlo cómo cuando nos medimos la...

― Suficiente. ― Felicity le cortó antes de que continuara la frase, pero todos sabíamos como acababa y por ello acabamos riendo a carcajadas.

La conversación cambió y Ethan me miró y me guiñó un ojo. Había hecho eso para desviar la atención de mí. Le sonreí a modo de respuesta y empecé a comer.

Así pasó la siguiente hora, entre ocurrencias nuevas del rubio, como que quería que él y James hicieran paracaidismo disfrazados de batman y superman.

Y sin darnos cuenta, la gente se fue yendo de la cafetería y el sol se iba escondiendo. Solo cuando nos quedamos callados un momento y nos sumió el silencio, miramos a nuestro alrededor para darnos cuenta de que estábamos solos con el personal de limpieza.

Esa fue señal suficiente para saber que habíamos estado casi dos horas allí sentados, simplemente hablando y riéndonos.

Mientras íbamos a nuestras habitaciones para cambiarnos, James me detuvo un momento.

― ¿Segura que quieres ir?

― Si te soy sincera, no. Pero si me quedo aquí sé que mi cabeza seguirá haciendo de las suyas. Al menos si salgo me distraeré.

― ¿Quieres que vayamos juntos? Puedo esperarte si quieres.

― No, tranquilo. Seguramente las chicas me ayuden a maquillarme y eso, así que tardaremos. ― Rodeé su cintura con mis brazos y tuve que levantar la cabeza para mirarle a los ojos. ― Nos vemos allí.

― Te estaré esperando. ― Me dio un beso corto y nos separamos para ir a nuestras habitaciones. Pero antes de pasar la puerta de la residencia, volvió a hablar. ― Me encantas. Eres preciosa. Y estoy orgulloso de ti. ― Me giré con una sonrisa en la cara. ― No está de más recordarlo para que no lo olvides.

― No lo olvido, porque tu no lo permites.

― Entonces estoy haciendo bien mi trabajo.

Cómo cabía esperar, Felicity quería hacerme el maquillaje y Madeleine peinarme. Les dejé hacer porque tampoco estaba inspirada, y cómo de costumbre, me dejaron vagar por su ropa para elegir algún vestido que me gustara.

Me enamoré de un vestido de satén blanco largo, con tirantes finos, escote recto y con una abertura que iba de antes de la mitad del muslo hasta abajo. Lo combiné con unos zapatos de tacón.

Cuando vi mi reflejo en el espejo del baño, me sorprendió verme así. No por el resultado, si no por la situación en la que estaba. Ver que había dado un paso que pensé que tardaría en dar, ver que poco a poco iba avanzando cuando el más mínimo paso que hacía en la dirección contraria eran pasos de gigantes para mí.

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⏰ Última actualización: Dec 08, 2024 ⏰

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