Capítulo 7

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Lauren estaba de un humor de perros.

La mañana del domingo era cálida y soleada, y los efectos combinados del calor del día y la resaca le provocaron un exceso de sudor y de desagradables náuseas. Alguien la había acercado a casa la noche anterior y, al llegar, estuvo peleándose diez minutos para meter la llave en la cerradura. Luis, que había pasado la noche en casa bebiendo latas de cerveza y viendo el fútbol, al final cedió a su irritación y le abrió la puerta. Ella se cayó en el vestíbulo, subió las escaleras tambaleándose y se fue directa contra la otomana del dormitorio. Ahora ya sabía por qué Luis siempre se peleaba con el maldito trasto cuando se emborrachaba.

Convencida de que la otomana cobraba vida en la oscuridad, se fue quedando dormida y tuvo un sueño un poco alarmante sobre muebles.

Recordaba vagamente haber tenido una discusión. Mierda, otra tarjeta de disculpas. A veces pensaba que sería mejor y más barato comprarlas al por mayor. Esperaba que Verónica no estuviera demasiado enfadada con ella, no en vano lo había organizado todo pensando en ella. Y a había perdido amigos con anterioridad por culpa de los excesos de alcohol y Verónica le resultaba demasiado estimada en aquel momento de la vida. En cuanto lograra erguirse, intentaría llegar hasta el teléfono. Su arrepentimiento se vio interrumpido. Se dio cuenta, de repente, de que su marido estaba hablando con ella y de que probablemente ya llevaba un rato.

—¿Qué?

—Te decía, Lauren —Luis hablaba con una paciencia sobreactuada—, que estaba pensando que podrías haber estado menos evidentemente borracha anoche. Ya tienes casi cuarenta años. ¿No crees que deberías empezar a actuar de un modo más acorde con tu edad, de vez en cuando? ¿No va siendo hora de que dejes de beber tanto y tan a menudo? A saber qué deben de pensar los vecinos. Estabas gritando todo tipo de barbaridades en la puerta.

—Pues tendrías que haber abierto la jodida puerta, ¿no? Apagaste la luz del porche: ¿cómo se supone que tenía que encontrar la puta llave a oscuras? Una noche tras otra tengo que aguantar tu comportamiento de borracho y tú eres incluso más mayor que yo. ¿A santo de qué está bien que tú te bebas cervezas con sus chupitos de whisky, acabes desnudo con un par de putas viejas frente a un público, con la idea de follarte a una o a las dos, después llegues a casa bañado en aceite para bebés y te vayas cayendo por toda la habitación? Supongo que vas a decirme que son cosas de hombres, ¿no? Yo me tomé unos cuantos gin-tonics, demasiados, pero con sensatez; dejé que me trajeran a casa y, de acuerdo, tuve dificultades para subir las escaleras y meterme en la cama, pero por lo menos no me quité la ropa en público con la intención de dejar que ningún stripper de culo peludo se encargara de mí delante de mis colegas.

—Sabía que no ibas a dejar pasar eso. Sabía que ibas a sacarlo. Sencillamente se me escapó de las manos, eso es todo. Y eso es lo que hacen los jugadores de rugby.

—Me importa un pito lo que hagan los jugadores de rugby. Lo único que sé es que se espera que aguante tu comportamiento de machito provocado por el alcohol y que sonría, tolerante, y diga: «Muy bien, Luis, haz lo que quieras. Está bien. Eres un hombre, eres seguidor de un equipo de rugby y esto es lo que ocurre en esos casos.»

Luis volvió a mostrar su indignación.

—No creo que sea una gran cosa, ni que sea inteligente, agradable ni civilizado ver a una mujer, especialmente de tu edad y en tu posición, emborracharse de tal manera. ¿Qué pasa si mis jefes se enteran? ¿Qué pasa si empiezas a comportarte como una idiota en una de mis cenas? Estoy convencido de que estás a punto de convertirte en una alcohólica, ¿sabes?

—Vete a la mierda, Luis, y déjame dormir.

El disgusto de Luis, en realidad, no se debía a que ella se hubiera emborrachado. Se había pasado la noche solo, tragando cerveza entre resoplidos y mirando una peli porno pirata, entre una nebulosa de nieve estática, lo que había propiciado que desenterrara algunas fantasías eróticas sobre su vida sexual. Había decidido que haría el amor con su mujer en cuanto volviera.

Placeres ocultos- Pausada(Camren)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora