Al día siguiente desperté con una sensación de aturdimiento que me invadía todo el cuerpo. La resaca me había dejado completamente fuera de lugar, a pesar de haber dormido varias horas seguidas. Aunque había descansado, no me sentía renovado. De hecho, me sentía más cansado que cuando me acosté.
Supongo que era por todo lo que había pasado el día anterior. Las imágenes, las conversaciones, las emociones de aquella noche seguían rondando en mi mente como ecos persistentes que no podía evitar. A pesar de haber dormido, no pude descansar realmente, mi cabeza no dejaba de darle vueltas a todo lo que había sucedido. Me sentía agobiado y, en cierto modo, perdido.
Me levanté de la cama y me dirigí al baño con pasos lentos. Después de un rato me vestí de manera rápida y sin mucho entusiasmo. Necesitaba agua, algo que me ayudara a sentirme un poco más despejado, aunque sabía que la resaca seguiría conmigo durante un buen rato. Bajé las escaleras con una sensación de pesadez en el cuerpo.
Cuando llegué a la cocina, vi que Jonathan ya estaba allí, con el cabello desordenado, la ropa algo arrugada y un aspecto tan poco fresco como el mío. Estaba en medio de la preparación de lo que parecía un desayuno improvisado. Por la hora en que era y por cómo se veía, supe al instante que él también había tenido una noche pesada, probablemente había terminado tan borracho como yo.
Al verme entrar, Jonathan levantó la mirada y me dedicó una sonrisa, aunque algo cansada. Luego, con su usual tono relajado, me preguntó:
– ¿Qué te gustaría desayunar?
Le respondí de inmediato, con la esperanza de que algo picante ayudará a calmar la resaca que sentía.
– Unos chilaquiles bien picosos, por favor, algo que me ayude con esta resaca – le dije mientras me sentaba en la mesa.
Jonathan sonrió, como si hubiera anticipado mi respuesta, y se puso a preparar el desayuno. Mientras se movía por la cocina, con la destreza de alguien que ya tiene práctica en este tipo de tareas, no pude evitar observarlo. Era como si su actitud relajada contrastará con el caos que sentía por dentro. En unos minutos, los chilaquiles estuvieron listos. Nos sentamos juntos a la mesa, listos para comer y continuar con el día, aunque mi mente seguía saltando de un pensamiento a otro, sin poder centrarse.
Empezamos a comer en silencio, pero no pude evitar romperlo. Tenía una pregunta que no me dejaba en paz.
– Oye, Jonathan, ¿pasó algo relevante después de que me subí ayer? – le pregunté, mientras le ponía queso a mis chilaquiles.
Jonathan me miró con una ligera sorpresa en el rostro al principio no dijo nada, simplemente se quedó en silencio, masticando un poco de lo que tenía en la boca finalmente, suspiró y me respondió
– No, nada muy importante – dijo, tratando de restarle gravedad al asunto. – Las personas que estaban allí se fueron unas dos horas después de que tú te fuiste, y el patrón también se marchó para arreglar unos asuntos pendientes. Nada fuera de lo común.
Me quedé un momento pensativo, dándole vueltas a su respuesta. La forma en que lo dijo me hizo sentir que había algo más detrás de esas palabras, pero decidí no insistir. En lugar de eso, lo miré directamente y le lancé otra pregunta que me tenía bastante intranquilo.
– ¿Y quién era ese tal Alexander que se me acercaba tanto? ¿Por qué, después de que Jackson lo golpeó, aún se acercaron para ayudarlo? ¿no deberían haberlo dejado ahí tirado por haber hecho enojar a su patrón? – Mi tono era relajado, pero no podía evitar notar lo tensa que se puso la atmósfera. Jonathan dejó de comer y por un momento, parecía que no sabía si debía responder o no. Lo miré, esperando que me diera alguna explicación, pero lo que sucedió fue algo inesperado.
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Dentro de tres mundos
Teen FictionEn la universidad Forger de betas había un joven estudiante de 3 año llamado Demian que a simple vista parecía uno más del montón, pero él ocultaba un enorme secreto que no quería que fuese revelado nunca. Demian era un joven muy estudioso intelige...