Capítulo 30

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Al día siguiente de mi boda, los gritos de dolor resonaban con fuerza en el campamento. Sin pensarlo, me levanté apresurada y me dirigí hacia el lugar de donde provenían. El aire frío de la mañana mordía mi piel, recordándome que Orhan Bey ya se había retirado de nuestra tienda al amanecer, dejando tras de sí el silencio de una ausencia que pesaba más de lo que quería admitir.

Lo primero que noté al llegar fue que todos los bey estaban reunidos junto a Bala Hatun, Malhun Hatun y Osman Bey. Sus rostros, sombríos y tensos, reflejaban la gravedad de la situación. Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue ver a Melike Hatun llorando desconsoladamente sobre el cuerpo de su hijo, su lamento desgarrador perforando el aire.

Me detuve en seco, sintiendo un nudo formarse en mi garganta. El joven yacía inerte, con una herida profunda en el costado que aún sangraba. Melike Hatun lo abrazaba como si con su amor pudiera devolverle la vida, pero era evidente que ya no había esperanza.

—¿Creíste que si Alaeddin Bey, tu hijo, secuestraba a mi hija iba a anular el matrimonio? —dijo Yakup Bey, su voz cargada de rabia—. Estabas equivocado. Por eso te lo advierto, Osman Bey: si algo le pasa a mi hija, mataré a todos los miembros de tu familia.

Osman Bey mantuvo la compostura, pero su rostro se endureció ante la amenaza.

—Ya mataron a mi hijo, Yakup Bey —intervino Ibrahim Bey, con una mezcla de furia y dolor en su voz—. Alaeddin Bey lo asesinó para poder casarse con Gonga Hatun.

—¡Mi hijo nunca sería capaz de hacer algo así! —exclamó Bala Hatun, su voz resonando sobre las acusaciones de Ibrahim Bey.

Mientras el caos se apoderaba de todos, Melike Hatun avanzó con furia, desenvainando su daga y lanzándose directamente hacia Bala.

Mientras el caos se apoderaba de todos, Melike Hatun avanzó con furia, desenvainando su daga y lanzándose directamente hacia Bala

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—¡Asesina! —gritó Melike, sus ojos llenos de lágrimas y rabia desbordada.

Bala Hatun, con una calma imperturbable, levantó su espada justo a tiempo para bloquear el ataque

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Bala Hatun, con una calma imperturbable, levantó su espada justo a tiempo para bloquear el ataque. La fuerza del impacto la hizo retroceder un paso, pero rápidamente recuperó el equilibrio.

—¡Esto no te devolverá a tu hijo, Melike Hatun! —dijo Bala, mientras desviaba la daga con un movimiento preciso y calculado.

—¡Esto no te devolverá a tu hijo, Melike Hatun! —dijo Bala, mientras desviaba la daga con un movimiento preciso y calculado

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Entre el deber y el corazónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora