Ana Sofía seguía una senda en medio del espeso monte, todo parecía irreal y lleno de calma mientras su andar se iluminaba sólo por la luz de luna que se colaba intermitentemente entre la maraña. Cada paso que daba se sentía extrañamente familiar, la estela de cada tagüinchi que volaban a su alrededor, y el canto de los búhos, era como repetir algo ya vivido; y como no, si aquel camino lo había visto y andado tantas veces en sus pesadillas, y de manera visionaria sabía lo que encontraría al final, entonces le entraba el impulso de seguir hasta ponerse frente a frente a lo que le fuese aquello que le aguardaba.
A punto de llegar a la cima de la empinada loma, Ana Sofía escuchó entre la arboleda un llanto constante y gritos realmente fuertes y desesperados, que para ella fueron imposibles de ignorar.
Siguiendo el origen de los berridos, Ana Sofía llegó hasta un claro entre el monte, sólo para encontrarse con una escena que dejó helada la sangre; frente a ella, estaba la Bruja sosteniendo entre sus manos vueltas garras, el debilitado cuerpo del joven que se toparon en la calle hacía unas horas, y el pobre muchacho luchando infructuosamente con sus menguantes fuerzas mientras los afilados colmillos de la bruja se apretaban cada vez más en su cuello.
—¡No! —Resonó desde el fondo del pecho de Ana Sofía.
La envalentonada pelirroja se fue sobre la Bruja, o lo que quedaba de ella en el monstruo, y a pesar de toparse contra una fuerza mayor a la suya, logró arrebatarle su presa; Ana Sofía cayó de espaldas con el peso del muchacho semiinconsciente, y desde el suelo, a merced del monstruo que se acercaba con fría intención, luchaba por encontrar en sus fieros ojos esa templanza y misterio tan usuales, sin encontrar ni una brizna, ahora sólo reflejaban sed de sangre y el instinto primario de devorar.
La Bruja se forzó a salir de su trance cuando resplandores naranjas se asomaban por el sur, y podía escuchar voces de hombres que se aproximaban. Entonces su anatomía volvió a la ordinaria humanidad, sólo para tomar a Ana Sofía del brazo y levantarla en un intento de llevarla lejos de ahí.
—Debemos irnos —aseveró la Bruja. —Vienen a por este chico —señaló hacia el agraviado.
—No voy a dejarlo aquí —protestó Ana Sofía.
—No seas ingenua, si te encuentran aquí con él, te acusarán de lo que sea que yo le haya hecho. —Alzo la voz la Bruja sujetando con más brío el brazo de Ana Sofía.
Ana Sofía supo que no podía hacer nada ante la insistencia de la señora Bruja y se abandonó a la voluntad de esta, haciéndose desaparecer con ella como un denso humo que se esparcía.
La horda de hombres arribaron a donde los llantos provenían y encontraron al joven sano y salvo, su padre lo levantó en brazos y suspiró aliviado. Otro de aquellos hombres que iban en la bola, vio entre la hojarasca algo que destellaba ante la luz de las antorchas, lo recogió y observó, era un anillo con una inscripción «A.S. Belmares».
—De antemano sabíamos que la llegada de esa gente no traería nada bueno —murmuró aquel pueblerino observando la pieza recién hallada.
La desaparición de personas había cesado hace años, cuando a causa de la maldición del Infiernillo, mermó la cantidad de niños y jóvenes. Por décadas los pobladores creyeron haberse librado de aquel ser monstruoso que robaba críos para devorarlos, y ahora su tranquilidad era perturbada por una "nueva amenaza", el malentendido llevó a los ahí presentes a concluir que un miembro de la familia Belmares, alguien con las iniciales A.S., era quien perpetraba aquellos bestiales actos. Fue fácil deducirlo: Ana Sofía.
Dejando atrás la anterior escena, y habiendo aparecido de pronto a las afueras de una modesta choza entre la arboleda, Ana Sofía y la Bruja hablaban a los gritos, Ana Sofía estaba demasiado exaltada y llena de pánico, evitaba que la Bruja se le cercase siquiera y impidiéndole dar explicaciones.
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La maldición de El Infiernillo (2e)
Historical FictionUna historia llena de tradición mexicana y matices sobrenaturales te aguarda; sigue las historias entrelazadas de una familia acomodada del siglo XX en su llegada a El Infiernillo, un lugar bajo una extraña maldición. Con la Revolución Mexicana en p...