✩。:*• Imaginas/OS con Leon S. Kennedy ✩。:*•
✧ Cada capítulo contiene una historia diferente al resto, en algunas ocasiones pueden ser consecutivas (tomando no más de dos o tres capítulos de duración, a excepción de algunas consideraciones).
✧ Conten...
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Audiencia: 18+ «sexo explícito» Apariencia: Albert Wesker, RE4 Remake.
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El eco de la profunda voz de mi jefe retumba en las cuatro paredes de su oficina. Intento concentrarme en teclear con rapidez en mi ordenador, pero no puedo evitar imaginar de qué se trata aquella acalorada discusión.
Aunque no alcanzo a escuchar las palabras exactas, el tono lo dice todo: alguien está en serios problemas. No puedo evitar preguntarme quién será la víctima esta vez y qué error lo abría hecho enfurecer tanto. He presenciado demasiadas de estas escenas. La mayoría de las veces, sus gritos van dirigidos a otros colaboradores, mientras yo permanezco en silencio, inmóvil, como una sombra en el rincón de su oficina.
Sus palabras resuenan como un eco constante en mi mente: " No hables a menos que te lo pida." "No me mires a los ojos, mantén la mirada en el suelo." Y lo hago. Siempre lo hago. Obedezco cada orden al pie de la letra cuando las dicta. Siento temor por mi seguridad, pero, de algún modo extraño, también sé que estando con él estoy protegida... aunque en realidad, no lo sea del todo.
Es frustrante. También es aterrador. Tenerlo frente a mí en ese estado, con su mirada fría y calculadora clavada como un cuchillo, es suficiente para hacerme sentir insignificante.
A veces me pregunto si sabe cómo afecta a las personas, pero, en el fondo, sospecho que lo disfruta. Que le gusta el control absoluto que ejerce, el miedo que inspira con cada palabra que pronuncia.
Ser su secretaria personal no es solo un trabajo; es una constante prueba de resistencia. Mis días están marcados por su estado de ánimo, por las tormentas que desata con su temperamento y las pausas breves de calma que parecen ser demasiado buenas para durar.
⸺ ¡______, ven aquí ahora!
Doy un salto en mi escritorio cuando su profunda voz atraviesa el aire como un latigazo. Mi nombre retumba en el silencio, arrancándome de mis pensamientos, mis compañeros me miran con horror sabiendo lo que está por venir, casi deseándome suerte. Maldigo en silencio, pero no tengo tiempo para recriminarme más; mi cuerpo ya está reaccionando antes de que mi mente pueda procesarlo.
Me levanto de inmediato y camino apresurada hacia su oficina, casi corriendo, con un nudo doloroso en la boca del estómago. Frente a la enorme y pesada puerta de cedro, respiro hondo e intento recuperar la compostura. Levanto la mano y golpeo suavemente dos veces.