-capítulo 8-

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El frío era abrumador. No el tipo de frío que cala la piel, sino uno que se siente en el alma, un frío que no se quita con mantas ni con fuego. Afuera, la tormenta de nieve rugía con fuerza, haciendo que las ventanas de la habitación vibraran levemente con cada ráfaga de viento.

Kazuha estaba sentado junto a la cama, observando el rostro de ____ con atención. Su respiración se había calmado, y aunque aún tenía rastros de lágrimas en sus mejillas, se veía un poco más en paz. Kazuha no apartó la mirada de él ni por un segundo. Sabía que las heridas más profundas no eran las que se veían en su cuerpo, sino las que estaban grabadas en su mente.

Tomó su mano con suavidad, acariciando las vendas que envolvían sus dedos quemados. Sabía que ____, por fuera, parecía alguien fuerte, alguien que había soportado demasiado. Pero por dentro, Kazuha sabía que estaba roto. No era su culpa. Nadie podía salir ileso de algo así.

Mientras tanto, en la entrada de Snezhnaya...

La nieve caía con fuerza, casi cegando la vista de Gorou mientras avanzaba. Su abrigo estaba cubierto de escarcha, y cada paso que daba le costaba el doble debido a la nieve que se acumulaba bajo sus pies. Su cuerpo temblaba, pero no se detenía. No podía.

—Estoy cerca... estoy cerca... —se repetía a sí mismo mientras apretaba los dientes y seguía avanzando.

Su mente estaba llena de imágenes de su infancia, recuerdos de esos días felices corriendo junto a ____. Pero luego venían los otros recuerdos, los oscuros. La imagen de la madre de ____ tirada en el suelo, la forma en que el padre de ____ lo había mirado con esa furia descontrolada, la impotencia de no haber podido hacer nada.

"Esta vez será diferente", pensó mientras avanzaba. "Esta vez lo protegeré".

La tormenta arreciaba, pero Gorou no se detuvo. No podía detenerse, no cuando sabía que ____ lo necesitaba.

De vuelta en la habitación de ____...

El sonido de la puerta abriéndose hizo que Kazuha girara la cabeza de inmediato. Era Chongyun, con algunas mantas gruesas entre los brazos. Entró con pasos firmes, cerrando la puerta rápidamente para evitar que el frío de afuera entrara.

—¿Cómo está? —preguntó Chongyun, dejando las mantas sobre una silla cercana.

Kazuha miró a ____ por un momento antes de responder. —Está más tranquilo, pero... —suspiró—. Hay cosas que ni el sueño puede reparar.

Chongyun asintió en silencio. Sabía exactamente a qué se refería. Se acercó a la cama y dejó una de las mantas sobre los pies de ____, asegurándose de que estuviera bien cubierto. Luego se sentó al otro lado de la cama, observando con atención las vendas de sus manos.

—Vi las marcas... —murmuró Chongyun con seriedad.

Kazuha asintió lentamente. —Yo también. No quise presionarlo para que hablara, pero me dijo algo... —Hizo una pausa, como si las palabras fueran difíciles de pronunciar—. Me dijo que su padre fue quien le hizo esas heridas.

El silencio cayó sobre ellos como otra ráfaga de nieve. Chongyun apretó los puños con fuerza, su mirada se oscureció con una mezcla de rabia e impotencia.

—Ese hombre debería pudrirse... —susurró Chongyun, con la voz temblorosa por la ira contenida.

—Lo hará —respondió Kazuha con frialdad, su mirada fija en ____—. No permitiré que vuelva a tocarlo, nunca más.

En otro lugar, más oscuro y lejano...

El sonido de pasos resonaba en una habitación oscura, el eco rebotando contra las paredes de piedra. Scaramouche caminaba lentamente, con una sonrisa satisfecha en el rostro. La figura encapuchada que lo seguía se mantenía en silencio, esperando nuevas órdenes.

—Todo va según lo planeado —dijo Scaramouche, deteniéndose frente a una gran ventana desde la que se veía la tormenta de nieve—. ____ está más vulnerable que nunca. El fuego, sus recuerdos, sus traumas... todo se ha reabierto. Está justo donde quiero que esté.

—¿Y qué harás ahora? —preguntó la figura encapuchada, con la cabeza ligeramente inclinada.

Scaramouche giró la cabeza para mirarlo con una sonrisa torcida. —Solo necesito un pequeño empujón más. La mente de una persona rota es fácil de moldear. Y cuando llegue el momento, me elegirán a mí, no a Kazuha, no a Gorou... solo a mí.

De vuelta con Gorou...

Por fin, a lo lejos, pudo ver la gran mansión en la cima de la colina. La nieve cubría el techo, pero aún se distinguían las luces encendidas en algunas ventanas. Su corazón latió con fuerza al verla.

—Ya casi... —murmuró, apretando el paso a pesar del cansancio acumulado.

Con cada paso, su mente se llenaba de recuerdos de ____: la forma en que sonreía cuando le ganaba en sus carreras de niños, cómo solía esconderse detrás de él cuando alguien desconocido se acercaba, el brillo en sus ojos cuando hablaban de sus sueños. Gorou siempre quiso proteger a ____, pero no pudo hacerlo cuando más lo necesitaba.

—Pero esta vez no fallaré —se dijo a sí mismo con determinación.

Cuando llegó a la entrada, golpeó la puerta con fuerza, dejando caer un par de gritos para llamar la atención. No importaba si despertaba a todos en la casa.

—¡Abran la puerta! ¡Soy yo, Gorou! ¡Déjenme entrar, por favor!

La puerta se abrió de golpe, revelando a Kazuha con una expresión de sorpresa que rápidamente se convirtió en alivio.

—¡Gorou! —exclamó Kazuha, tirando de él hacia adentro para sacarlo del frío—. ¿Qué demonios haces aquí? ¡Podrías haberte congelado ahí afuera!

Gorou se tambaleó hacia adelante, sus piernas temblando por el esfuerzo. Estaba empapado de nieve, su cabello y su cola canina cubiertos de escarcha. Pero no le importó.

—¿Dónde está? —preguntó con urgencia, agarrando a Kazuha por los hombros—. ¿Dónde está ____?

Kazuha lo miró fijamente por un momento antes de señalar hacia la habitación. —Está descansando, pero...

Gorou no dejó que terminara de hablar. Pasó corriendo junto a Kazuha, subiendo las escaleras de dos en dos hasta llegar a la habitación. Chongyun se levantó de la silla en cuanto lo vio entrar.

—¿Gorou? —preguntó con incredulidad.

Pero Gorou no respondió. Se arrodilló junto a la cama y miró a ____, que todavía dormía. Su respiración era suave y rítmica, pero había una fragilidad en su rostro, una calma que parecía forzada.

—____... —susurró Gorou, sus ojos llenándose de lágrimas—. Perdóname... perdóname por no haber estado ahí...

Extendió la mano con cuidado, acariciando su cabello con la misma ternura con la que lo hacía cuando eran niños. El calor de su cuerpo se sintió más real que cualquier cosa en ese momento. No importaba la tormenta, el frío o la oscuridad. Él estaba ahí ahora.

—No te dejaré solo otra vez... nunca más.

De vuelta con Scaramouche...

—Gorou ha llegado —informó la figura encapuchada, mirando la ventana con atención.

Scaramouche soltó una carcajada corta, fría y sarcástica. —Por supuesto que lo hizo. Los perros siempre regresan con sus amos.

La figura encapuchada frunció el ceño, pero no dijo nada.

—Pero no importa —continuó Scaramouche, dándose la vuelta con una sonrisa de pura maldad—. Gorou puede protegerlo todo lo que quiera. Al final, cuando ____, su querido e inocente ____, esté tan roto que no sepa a quién aferrarse, será mi nombre el que grite.

🍂El viento me guío hasta ti🍂 Kaedehara x Malereader (Omegaverse)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora