-capítulo 10-

7 1 0
                                    

La noche había caído por completo, y el crujir de la madera bajo los pasos de Gorou rompía la calma que reinaba en la casa. Caminaba con cuidado por el pasillo, mirando de vez en cuando la puerta de la habitación donde ____ descansaba. Sus ojos, normalmente llenos de energía, ahora estaban opacos y cargados de preocupación.

Se detuvo frente a la puerta y apoyó la frente contra ella, cerrando los ojos con fuerza. Sabía que debía entrar, que debía estar allí para él, pero había algo en su interior que le pesaba. "No pude protegerte antes... ¿qué me hace pensar que podré hacerlo ahora?" Su mandíbula se tensó y golpeó suavemente la puerta con el puño cerrado.

—Tch... —chistó entre dientes, alejándose de la puerta y apoyando la espalda contra la pared—. Cobarde...

—¿Hablando solo? —preguntó una voz conocida.

Gorou levantó la mirada y vio a Kazuha al final del pasillo. El albino caminaba con una calma que parecía imposible de alterar. Sus ojos carmesí se posaron en Gorou con una mezcla de interés y comprensión.

—A veces ayuda —dijo Kazuha mientras se acercaba lentamente—. Aunque no soluciona nada.

Gorou soltó una risa seca. —Dímelo tú...

El silencio se extendió entre ellos por un momento, solo roto por el sonido de la lluvia golpeando el techo. Kazuha miró la puerta detrás de Gorou.

—¿No piensas entrar? —preguntó con calma, pero con un deje de desafío en la voz.

—No quiero incomodarlo —respondió Gorou, desviando la mirada—. Ya tiene suficiente con sus propios problemas.

Kazuha soltó una risa suave y se cruzó de brazos. —Vaya excusa tan barata. Si te importa tanto, ¿por qué te quedas fuera?

Gorou apretó los puños, bajando la mirada. Sabía que Kazuha tenía razón, pero había algo que le impedía moverse. Miedo. Miedo de no ser suficiente, miedo de fallar otra vez.

—Tú no lo entiendes, Kazuha... —murmuró, con los ojos clavados en el suelo—. Yo estuve con él desde que éramos niños. Lo vi reír, lo vi llorar, lo vi ser feliz... y también lo vi romperse. Cuando se rompió, no estuve allí para sostenerlo.

Kazuha observó a Gorou con atención. No respondió de inmediato. Solo dio un paso más cerca, apoyando una mano en su hombro.

—Entonces quédate esta vez. No tienes que hacerlo solo. Ninguno de nosotros tiene que hacerlo solo —le dijo con una firmeza que no aceptaba discusión.

Los ojos de Gorou se abrieron con sorpresa. Miró a Kazuha, viendo en él algo que no había notado antes: determinación.

—No importa cuánto intentes protegerlo solo, Gorou. No eres un héroe, ni un salvador —continuó Kazuha, apretando el hombro de Gorou con más fuerza—. Pero sí puedes ser su apoyo. Y eso es mucho más valioso.

Las palabras de Kazuha calaron hondo en Gorou. Su respiración se hizo más lenta, y finalmente asintió.

—Tienes razón... —admitió con una sonrisa cansada.

—Siempre la tengo —respondió Kazuha con una sonrisa burlona antes de soltarle el hombro—. Anda, entra.

Gorou respiró hondo, se acercó a la puerta y la abrió con cuidado. La habitación estaba en penumbra, con la luz de la luna filtrándose a través de la ventana. ____ estaba en la cama, envuelto en la manta hasta los hombros, su respiración era pausada pero con ciertos espasmos, señales de que había llorado en sueños.

Gorou cerró la puerta tras de sí, caminó hacia la cama y se sentó en el borde. Su mirada se suavizó al ver a ____, tan vulnerable, tan frágil... pero a la vez tan fuerte por seguir adelante a pesar de todo. Con cuidado, le apartó un mechón de cabello de la frente y acarició su mejilla con el pulgar.

—Lo siento, pequeño... —susurró con la voz quebrada—. Esta vez no voy a soltarte.

Horas después...

La oscuridad en la habitación se volvió más densa. Algo se movió en la sombra de la esquina. Una presencia, invisible para la mayoría, pero presente para los que alguna vez habían sentido el frío del miedo.

Los ojos de ____ se abrieron de golpe. No fue el ruido lo que lo despertó, fue la sensación. Esa presencia. La misma que había sentido tantas veces antes, la misma que había aprendido a reconocer desde que era niño. Su cuerpo se tensó por reflejo, su respiración se volvió rápida, sus ojos buscaban desesperados en la oscuridad.

"No está aquí... no está aquí... ya no puede alcanzarme..." se decía a sí mismo una y otra vez.

—Oh, pero sí puedo, ____... —una voz ronca y familiar resonó en su mente, como un susurro frío que le erizó la piel—. Siempre puedo alcanzarte.

—¡NO! —gritó de golpe, sentándose en la cama con el cuerpo cubierto de sudor.

—¡____! —Gorou se levantó de inmediato, colocándose a su lado—. ¡Estoy aquí, estás a salvo!

El pecho de ____ subía y bajaba con rapidez. Su mirada estaba perdida, atrapada entre la realidad y el recuerdo. Gorou lo tomó por los hombros, obligándolo a mirarlo.

—¡Mírame! ¡Soy yo, Gorou! ¡No estás allí! ¡Estás aquí conmigo! ¡Estás a salvo!

Los ojos de ____ finalmente se enfocaron en los de Gorou. Lo miró con una mezcla de miedo y confusión. Su respiración empezó a calmarse poco a poco, y su cuerpo dejó de temblar.

—G-Gorou... —susurró con la voz quebrada, como si recién se diera cuenta de dónde estaba.

—Sí, soy yo, estoy aquí... —Gorou lo abrazó con fuerza, apoyando la barbilla en su hombro—. No voy a dejar que nadie te toque, nunca más.

—Él estaba aquí... —susurró ____, sus lágrimas cayendo sobre la camisa de Gorou—. Yo... lo sentí...

—No, no lo estaba —respondió Gorou con suavidad, acariciando su espalda—. Solo fue una pesadilla, eso es todo. Estoy aquí. Kazuha, Chongyun y yo estamos aquí para ti. No estás solo.

En otro lugar...

Una figura encapuchada caminaba por un pasillo oscuro. Se detuvo frente a una puerta de metal y golpeó tres veces. La puerta se abrió con un chirrido, revelando una habitación iluminada con una tenue luz azul.

—¿Todo listo? —preguntó una voz dentro de la habitación.

La figura encapuchada asintió, quitándose la capucha y revelando un rostro que había permanecido en las sombras durante demasiado tiempo.

—El fuego ya está encendido —dijo con una sonrisa torcida—. Solo hay que esperar a que el humo los asfixie.

La otra persona en la habitación soltó una risa baja y maliciosa. —Perfecto. ¿Y el objetivo principal?

—En su punto más débil —respondió con frialdad—. Solo necesitamos empujarlo un poco más. Pronto, no podrá distinguir entre la realidad y la pesadilla.

El hombre dentro de la habitación se levantó de su silla, revelando su rostro bajo la tenue luz azul. Scaramouche.

—Entonces sigamos con el plan —dijo con una sonrisa ladeada—. Pronto se arrodillará ante mí... o ante sus propios miedos.

Ambos rieron, sus voces resonando en la habitación mientras la puerta de metal se cerraba con un fuerte "clang".

De vuelta en la habitación...

Gorou seguía abrazando a ____, escuchando sus sollozos mientras acariciaba su cabello. Se inclinó y susurró:

—No importa cuántas sombras aparezcan, yo seré tu luz.

Los ojos de ____ se cerraron lentamente, su respiración volviendo a la calma mientras se dejaba llevar por el cansancio. Gorou no se movió de su lado.

Sabía que la peor batalla no era contra el enemigo... sino contra los propios demonios del alma.

🍂El viento me guío hasta ti🍂 Kaedehara x Malereader (Omegaverse)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora