❝Roseanne Park es una alfa, fuerte y segura, concurre una noche al burdel Petit Omega para culminar el día de su cumpleaños, casi obligada por la amiga de la vida, pero está segura de que es mala idea.
Lo que no sabe, es que conocerá a una omega de...
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Pasaron cerca de veinte minutos, o quizás más, ya había perdido la cuenta. Los minutos más largos de la vida de Rosé, sin dudas, donde el fuego y el vacío se habían instalado en su estómago, y al parecer se resistían a irse... hasta que alguien saliera y le diera alguna información acerca de Jennie. Que alguien le dijera que su omega estaba viva y bien, que le dejaran ver a su cachorro. Lo necesitaba tanto como necesitaba respirar.
Estaba sola en esa puerta, tal como la habían dejado. Esperando, aún. Del otro lado, su hermosa omega estaba sufriendo quién sabe qué cosa y tampoco sabía nada de su cachorro. Necesitaba a ambos, los quería ya. Ahora. Eso era lo único en lo que su mente pensaba.
Los segundos en que Jennie lo sostuvo en sus brazos y como Jihoon se calmó, fueron los más impresionantes de su vida. Amor puro y en cantidades abundantes, perfección en todas sus formas. Rosé no pudo mirarlos con nada más que no fuera amor rebosando en su corazón, y escapándose en forma de lágrimas.
ㅡSeñora Park ㅡuna enfermera murmuró y Rosé levantó la vista automáticamente, ansiosa por algún tipo de informaciónㅡ. Necesito que me acompañe, su cachorro la está esperando para ser vestido ㅡle dijo suavemente, Rosé asintió, con un nudo en la garganta.
ㅡ¿Y Jennie Kim? ㅡpreguntó, cuando la seguía.
ㅡLa están llevando a una habitación, enseguida va a venir la doctora a hablar con usted ㅡmurmuró, pasando a un sector más privadoㅡ, pero está bien, si eso es lo que necesita saber ㅡle dijo cálida.
Rosé al fin respiró, esas eran las palabras que más había necesitado escuchar en su vida.
Llegaron a una habitación, donde había una enfermera y una pequeña cunita donde estaba Jihoon, Rosé tragó saliva, estaba limpio, con las manitos cerca del rostro en pequeños puños y en una de las muñecas Rosé leyó "Jihoon Park" en una pequeña pulserita blanca. Literalmente se derritió de amor, por enésima vez en el día.
ㅡJihoon lo está esperando para que lo vistan ㅡcanturreo una de las enfermeras, Rosé la miró con pánico.
ㅡ¿Yo? ㅡpreguntó, con miedo en la voz. Ellas rieron bajito y asintieron.
ㅡEs usted la madre, ¿no? ㅡinquirió una y Rosé asintió.
ㅡEs mi cachorro ㅡdijo, con orgullo en su voz y ojosㅡ, solo tengo miedo de hacerle daño ㅡsusurró, acercándose a la cuna y pasando un dedo por la tersa piel del pecho descubierto de Jihoon.
Una de ellas, trajo ropita que habían dejado preparada para ese momento.
ㅡUna madre nunca le hará daño a su bebé ㅡle comentó ella.
Jihoon estaba desnudo con un pañal cubriendo su pequeño cuerpo, tapado apenas con una mantita. Por suerte, dentro del lugar no hacía nada de frío, Rosé recibió el pañal de recién nacido y con indicaciones se lo cambió porque en esos minutos que llevaba, en el mundo exterior ya se había ensuciado hacia apenas unos minutos. Le quedaba grande, se dio cuenta, incluso siendo el más pequeño que había. Sus piernitas bailaban y Rosé sonrió, con lágrimas en los ojos. Luego, una batita blanca llena de ositos de colores y un pantaloncito color beige que hacía el juego perfecto.