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La Tierra abrió los ojos con terror al ver cómo Iris alzaba una mano rápidamente.

Tierra
— ¡No, Iris! ¡No lo hagas!

Pero fue demasiado tarde.
Un destello oscuro emanó de Iris, golpeando a la Luna, La Luna soltó un jadeo ahogado cuando el impacto la derribó al suelo, su luz parpadeando débilmente.

Tierra
— ¡Luna! —gritó, sus ojos llenos de terror mientras intentaba correr hacia el.

Pero antes de que pudiera llegar, Iris lo sujetó con fuerza por la cintura, tirando de él hacia su cuerpo.
La Tierra luchó, intentando soltarse, pero la fuerza de Iris era abrumadora.

Tierra
— ¡Déjame ir, Iris! ¡No quiero ir contigo!

Iris apretó más su agarre, ignorando las súplicas del planeta. Su mirada estaba fija en él, sus ojos brillando con una mezcla de obsesión y desesperación.

Iris no respondió, solo apretó más su abrazo, acercando la Tierra a su pecho, sus ojos brillando con una obsesión oscura.

Iris
— No tienes opción. Tú eres mío, y no permitiré que nadie te arrebate.

Con un último destello de oscuridad, Iris desapareció junto a la Tierra, llevándoselo consigo, dejando a la Luna inconsciente en el suelo, su luz apenas visible. La galaxia, ahora vacía de la presencia de los dos planetas, quedó en un silencio absoluto, mientras la Luna luchaba por recuperar sus fuerzas.

Sujeto a la Tierra con una fuerza que no le daba espacio para moverse. Lo miraba con una devoción irracional, como si de alguna manera él fuera la razón de su existencia. La Tierra, por su parte, se mostraba tensa, sus ojos evitaban los de Iris, y su cuerpo se mantenía rígido.

Tierra
— ¿Por qué… me trajiste aquí? —su voz estaba cargada de frustración, pero también de miedo.
— Esto no es lo que quiero, Iris. Déjame ir.

Iris
— No puedo dejarte ir, Tierra. Tú eres todo lo que tengo. —su voz tembló con una intensidad que casi dolía.
— Yo… yo te cuido. Nadie te cuidará como yo lo haré.

La Tierra intentó apartarse, pero Iris lo sujetó más fuerte, rodeándolo con sus brazos, sin dejarle espacio para escapar. Lo acarició suavemente, como si estuviera tratando de calmarlo, pero la Tierra no reaccionó de la manera que Iris esperaba.

Tierra
— No me toques… —murmuró, apartándose ligeramente.
— Esto no es cuidado. Esto es control.

Pero Iris no se dejó intimidar. Su rostro se acercó al de la Tierra, y antes de que pudiera protestar, presionó sus labios contra los de la tierra. Un beso suave, casi desesperado, lleno de una necesidad insostenible. Iris cerró los ojos, sintiendo que su corazón latía desbocado

Iris continuó acercándose, cada beso, cada gesto, estaba lleno de una posesión enfermiza, como si cada caricia fuera una forma de reclamar lo que sentía que le pertenecía.

Tierra, incómodo, trató de apartarse, pero Iris no lo permitió. Tomó sus manos y las puso suavemente sobre su pecho, como si implorara algún tipo de respuesta.

Iris
— No tienes que luchar contra esto. —dijo, mientras sus dedos recorrían lentamente los contornos de la Tierra, con una sensación de adoración.
— Yo solo quiero estar cerca de ti, siempre cerca de ti. No tienes que temerme.

La Tierra, no pudo evitar sentir un estremecimiento al contacto. Pero rápidamente apartó la mirada, sus pensamientos y emociones caóticos. No entendía por qué Iris no lo dejaba en paz. Pero, a pesar de todo, había algo en la suavidad de sus caricias que comenzaba a debilitar su resistencia, aunque solo fuera un poco.

Iris, viendo la reacción de la Tierra, no pudo evitar sentirse un poco más confiado. Dejó un suave beso en la frente de la Tierra, repitiendo el gesto varias veces, cada uno más tierno que el anterior.

Al ver que la Tierra no reaccionaba violentamente, Iris se acercó aún más, colocándose frente a él. Con un suspiro profundo, sus labios se posaron suavemente sobre la mejilla de la Tierra, y luego recorrió su cuello con besos lentos, tratando de expresar con cada contacto lo que no podía poner en palabras. La Tierra, aunque tenso, no podía evitar sentirse agobiado por la calidez de los gestos de Iris, aunque no los entendiera.

Tierra
— ¿Por qué haces esto? —dijo entre susurros, mirando hacia otro lado.
— No puedo… No puedo ser lo que tú esperas.

Pero Iris no se detuvo. Su mano bajó suavemente por la espalda de la Tierra, aferrándose a él como si no pudiera soltarlo, como si el solo hecho de tenerlo cerca fuera lo único que realmente importara en ese momento.

Iris, al notar la incomodidad de la Tierra, sonrió levemente, pero su expresión estaba cargada de una intensidad oscura, como si un recuerdo lo impulsara a seguir adelante. Sin soltarlo, le susurró al oído con voz suave, casi melancólica.

Iris
— Esto me recuerda… la primera vez que te tomé. ¿Recuerdas? —su tono se llenó de nostalgia, de una especie de posesión tranquila.
— Cuando te acerqué a mí por primera vez, cuando el universo parecía tan pequeño y solo existíamos tú y yo. Fue entonces cuando supe que no podría dejarte ir nunca.

La Tierra, con el rostro tenso, intentó evitar su mirada, pero Iris lo miraba con intensidad, sus ojos brillando con una emoción que mezclaba nostalgia y deseo.

Iris
— Nunca había sentido algo tan fuerte. Te sentí tan cerca, tan mío. Como si nada más en el universo importara. —sus palabras flotaban en el aire, impregnadas con una sensación de posesión.
— Lo supe en ese instante, Tierra. Tú eres mío, y yo soy tuyo. Nada ni nadie puede separarnos

𝐎𝐛𝐬𝐞𝐬𝐢ó𝐧 (Iris x Tierra)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora