Capítulo 17: Sireina

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-¿Ya tienes un plan?- le pregunté unas horas después de haber retomado el camino, pues de verdad me interesaba saber si tenía alguna posibilidad de no terminar muerta.

-Más o menos.

-Soy toda oídos.

-Si en algún momento Agatha decide buscarnos y nos encuentra, no tendremos nada que hacer. Considero que lo mejor será que nos refugiemos lejos de ella pero con compañía, ya sabes, para hacer más interesante el encuentro.- asentí con la cabeza, su idea era buena, ahora solo faltaba que no me considerasen un bicho raro y me repudiasen.

El trayecto de hoy fue muy cómodo, duró a penas un par de horas y el camino era plano. Nuestro destino era una playa con una agua azul verdosa y arena roja. Sí, roja, no me he equivocado.

-¿Por que la arena es de este color?- pregunté mientras nos dirigíamos hacia la orilla.

-Por la sangre de sus enemigos. En esta playa se producen las batallas contra las ninfas y las sirenas y, como ves, suelen salir victoriosos los seres de agua.- eso no me gustó, se supone que nos tenemos que alejar del peligro no buscar más- ¿Qué? Fuiste tú la que preguntaste.- dijo al ver mi cara de horror.

Cuando llegamos a la orilla, Oliver sacó una especie de polvo rosa y lo esparció en el el agua.

-¿Qué haces?- pregunté curiosa.

-Llamarlas.

- ¿A caso tienes una mente suicida y tu plan es enrojecer más esta arena?- dije y el negó con la cabeza.

-Pretendo que te protejan.

Iba a añadir algo más pero una cabezita de una niña emergió del agua.

-Hola Oliver.- dijo la pequeña con una voz dulce pero que apenas.

-Hola Coral ¿no está tu hermana?

-Si está pero no quiere verte.

-Coral, es muy urgente, necesito hablar con ella.

-Haré lo que pueda.- dijo y al igual que había aparecido hacía escasos minutos volvió a desaparecer.

La noche empezaba a acercarse pero ni la pequeña Coral ni la hermana de la que hablaban habían aparecido, empezaba a perder la fe, y ciertamente, no tenía muy claro si quería conocerla.
Cuando todo se llenó de oscuridad decidí que iba a descansar ya que, aunque apareciera, yo no tenía nada que hacer con ella. Me tumbé en la arena que, sorprendentemente era muy agradable al tacto, pero fui incapaz de dormirme.

-¿A quién esperamos?- pregunté a aún tumbada con los ojos abiertos.

-A Sireina.- contesto sin quitar la vista del mar.

-Cuéntame quién es, así cojo el sueño.

Me miró y, con una sonrisa,m se sentó a mi lado.

-Sireina es uno de los mejores ejemplares de ninfa que conocido. Era amable, atenta, hermosa, risueña... era perfecta.- su confesión más desveló aún más y causó un cosquilleo no muy agradable adentro de mí.

-¿Por qué era y no es? ¿Qué pasó?

-Le fallé y la destruí.

Me incorporé para verle mejor y pude ver como todo su cuerpo estaba en tensión y sus ojos miraban el suelo.

-Cuando apenas tenía unos 10 años, venía todos los días a verla, a jugar con ella, a pasar el resto del día porque verla feliz me hacía feliz.- yo lo escuchaba atenta a todos los detalles, tanto de los que contaba con su boca como los que contaba con su cuerpo.- todo iba bien hasta que cumplió 18 años. Su padre le había prohibido salir del agua, decía que en la tierra no tenía nada bueno, pero ella lo ansiaba tanto quu la noche que cumplió los 18 se escapó de su casa para dar una vuelta más allá de la playa roja conmigo. La convencí yo, le daba miedo que se enterase su padre. Lo disfrutó tanto que no nos dimos cuenta de la hora y cuando salió el sol- hizo una pausa, sus ojos estaban cristalinos- su piel se empezó a quemar, cuando llegamos a la playa casi estaba muerta. Desde ese día no ha querido saber nada más de mí.

Lo abracé y me devolvió el abrazo más fuerte de lo normal. Notaba su corazón acelerado. Verlo así me chocó, pues siempre estaba haciendo bromas y con una sonrisa, incluso en los momentos más difíciles. Fue cuando entendí que todos tenemos problemas, traumas o remordimientos, aunque algunos los ocultan. Al darme cuenta quise ayudarle en todo lo que pudiese con Sireina, puesto que se había centrado en solucionar nuestro problema antes que los suyos personales.

-Gracias. Necesitaba contárselo a alguien.- me dijo cuando el abrazo finalizó.

-Gracias a ti por confiar en mí.

Cuando levantó la vista se tensó.

-Es ella.

Me giré hacia la orilla y ahí estaba. Era hermosa, como había afirmado ya Oliver, joven, de piel muy blanca y pelo oscuro y largo. Muchas estrellas y conchas de todos los tamaños rodeaban sus pechos, cubriéndolos por completo, y no supe descifrar que llevaba abajo, pues el agua le llegaba al ombligo. Llevaba perlas por todo el cabello, al igual que en el cuello. Estaba seria, mirándolo fijamente con los brazos cruzados.

Oliver me miró y asentí, dándole a entender que tenía todo mi apoyo. Luego de esto, se adentró en el mar para rencontrarse con ella.

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Hola corazones, aquí les dejo otro capítulo. Ya sé que no es muy largo pero quería daros algo así que preferí hacerlo más cortito y entregároslo antes.
Gracias por haber llegado tan lejos, soy un amor.

Os quiere, Lu.

El Secreto De Las FloresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora