Jennie, una modelo y abogada argen-coreana de 25 años, desempleada y con una gran lista de deseos, decide abandonar su país natal, Corea del Sur, para encontrar una nueva oportunidad en Francia y vivir allí, donde conocerá a una joven, con muchísima...
¡ FELICES FIESTA CHIKIS!, YA QUEDA POCO PARA TERMINAR ESTA HISTORIA... 🎄💕🌙
__________________
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Me arrodillé ante Lisa y Kai, mirándolos fijamente pero no prestándoles la suficiente atención para saber su estado.
Unas manos que percibí que eran de mi hermana me tomaron por mis axilas, elevando mi cuerpo para dejar que los encargados de llevárselos a las ambulancias se los llevaran en distintas camillas.
—Llévenlos a los dos al hospital—ordenó el jefe de policía.
—Pero señor...—susurró—. Uno de ellos está muerto.
—Debemos asegurarnos de que sea verdad. Llévenlos de igual manera.
Aún sin creer los acontecimientos que acababa de vivir hace dos minutos atrás, salimos del estacionamiento a la vez que la lluvia arrasaba en plena madrugada.
Era un deprimente domingo a las 3 A.M., en el cual, acababa de presenciar una muerte, por culpa mía.
—Toma—me extendió un paraguas negro mientras abría el suyo para no mojarse.
No me molesté en abrirlo, solo dejé que las gotas se resbalen sobre mi cuerpo al punto de tener que escurrir mi ropa para secarla.
Presencié como las camillas subían por la rampa en la que yo caminaba, llevándose a los cuerpos cubiertos en mantas blancas bajo la lluvia con rapidez. Tuvieron dificultades para subirlos a la camioneta así que preferí interferir.
—Por favor, déjenme ir con la rubia...—tomé el hombro de uno de los muchachos para detenerlo con desesperación y llamar su atención—. Necesito estar con ella.
—No señorita, deje a los profesionales hacer su trabajo—saltó un oficial detrás de mí—. Usted tiene que ir a la comisaría de inmediato.
Lo que me faltaba.
—¡Al menos déjenme saber el estado de Lisa, por favor!—grité juntando mis palmas en forma de ruego.
—No lo sabemos. Tendrán que hacerle algunos exámenes o quizás cirugías... Ya sabes—abrió el paraguas negro cerrado que tenía en mis manos.
—Intente mantenerse seca, en unos minutos llegarán más policiales para llevarla y a su hermana.
Permanecí en medio de la calle, viendo como las ambulancias terminaban su trabajo y se alejaban de mi campo de vista con apuro.
Unos pocos minutos después, llegaron unos automóviles que nos trasladaron a la comisaria. Allí nos resguardaron unas horas para poder descansar, así que mi hermana aprovechó y cayó en un sueño profundo sobre mi regazo mientras acariciaba su corta melena. En cambio, mi mirada estaba perdida, no tenía asegurado de lo que me sucedería ese día ni en lo que le había sucedido exactamente a Lisa.