Taehyung.
El viaje de regreso a Seúl transcurrió en un silencio pesado, casi asfixiante. Me quedé mirando por la ventanilla del auto, observando cómo el paisaje se desdibujaba con la velocidad, aunque mi mente estaba tan distante que apenas si registraba lo que veía. Cada kilómetro que avanzábamos me alejaba más de Hoseok, y esa distancia se sentía como una herida que no dejaba de sangrar. Había prometido volver por él, protegerlo, pero ahora que no estaba junto a él, esa promesa se sentía insuficiente. Me atormentaba pensar en lo que había dejado atrás, en cómo lo había dejado solo en ese lugar, con esa persona. Jackson. Incluso pensar su nombre me llenaba de rabia e impotencia.
No podía evitar repasar cada detalle de nuestra despedida, la forma en que sus ojos me miraron con esa mezcla de tristeza y resignación, como si supiera que las cosas no serían fáciles en mi ausencia. El calor de su mano todavía parecía estar presente en la mía, como un fantasma que me recordaba que mi lugar debería estar a su lado, no aquí, en un auto, huyendo de esa realidad. Me sentía como un cobarde, alguien que se había rendido ante circunstancias que no debería haber permitido que existieran en primer lugar.
Jungkook, al volante, no había dicho una palabra en todo el trayecto. Era su manera de respetar mi espacio, aunque podía sentir su preocupación en cada vistazo que me lanzaba de reojo. Él no entendía del todo lo que estaba pasando, pero sabía lo suficiente como para no presionarme. Yo agradecía su silencio, aunque, al mismo tiempo, el vacío que llenaba el auto hacía que mi mente se llenara aún más con mis propios pensamientos, cada uno más pesado que el anterior.
Cuando finalmente llegamos a los edificios donde vivía, sentí un nudo formarse en mi garganta. Jungkook detuvo el auto frente a la entrada, dejando el motor encendido mientras giraba la cabeza hacia mí. Pude ver en sus ojos la pregunta antes de que la pronunciara, su voz suave pero cargada de intención.
— ¿Estás seguro de que no quieres que te acompañe un rato?
Por un momento, consideré decirle que sí, que no quería estar solo, que el peso de todo esto me estaba aplastando. Pero al mirarlo, supe que él tenía otras cosas en las que pensar, otras personas que lo necesitaban. Además, esto no era algo que pudiera resolver con compañía. Esto era algo que tenía que cargar por mi cuenta.
— Voy a estar bien —respondí, intentando sonar convincente. Le dediqué una sonrisa débil, casi como un reflejo—Mejor ve con Jimin. Estoy seguro de que se está muriendo por verte.
Jungkook me estudió por un momento, como si estuviera evaluando si de verdad estaba bien dejarme solo. Finalmente, asintió con un leve suspiro, aunque su expresión dejaba claro que no estaba del todo convencido.
— Está bien, pero llámame si necesitas algo. Lo digo en serio, Tae.
Asentí, agradecido por su insistencia, aunque sabía que no lo haría. Abrí la puerta y salí del auto, sintiendo cómo el aire fresco de la mañana me envolvía de inmediato. Me giré hacia él una última vez.
— Gracias, Kook. Por todo.
No esperé su respuesta. Cerré la puerta y lo vi alejarse, el sonido del motor perdiéndose en la distancia mientras la calle volvía a sumirse en el silencio. Me quedé de pie frente al edificio por un momento, sintiendo el peso de todo lo que había pasado en los últimos días apretarme el pecho. Finalmente, inspiré profundamente y me metí en el ascensor, cada paso sintiéndose más pesado que el anterior.
Cuando abrí la puerta de mi apartamento, el silencio que me recibió fue ensordecedor. Todo estaba tal como lo había dejado. Y muy, muy vacío. Dejé caer las llaves sobre la mesa junto a la entrada y me quité el abrigo, colgándolo de manera automática. Mis movimientos eran mecánicos, como si mi cuerpo estuviera funcionando por inercia mientras mi mente seguía atrapada en otro lugar, con otra persona.
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EL DONCEL Y LA BESTIA
FanfictionLos cuentos de hadas no existen. Solamente existe la crueldad y la asfixiante realidad. Por lo menos así, lo veía Jung Hoseok. El chico cuyo destino, fue marcado por las infidelidades y el constante maltrato de su esposo. Quería huir y perseguir...