capitulo: 24

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Había pasado todo el día encerrada en la habitación, repasando cada pequeño detalle de cómo había terminado en este lugar. Las paredes agrietadas y el techo con manchas de humedad me recordaban que no había escapatoria. Mi respiración era pesada, mi mente una mezcla de miedo y desesperación.

La puerta se abrió de golpe, chocando contra la pared con un ruido seco. Mi corazón dio un brinco al ver a Hoyt en el umbral, con esa sonrisa burlona que me hacía desear desaparecer.

—Miren lo que tenemos aquí —dijo, cruzando los brazos mientras me estudiaba con la mirada—. Así que Thomas ya te tomó, ¿eh? No falta mucho para que se canse de ti y te deje como todas las demás.

Intenté mantener la calma, pero mis manos temblaban. Su presencia era como un peso insoportable sobre mi pecho.
—C-callate... —murmuré, aunque mi voz sonaba débil incluso para mí.

—¿Callarme? —rió con desprecio—. ¿Sabes qué es lo gracioso? Crees que esto es lo peor que te puede pasar, pero no tienes idea de lo que te espera si él decide que ya no le sirves.

No respondí. Parte de mí sabía que tenía razón, pero otra parte no quería escucharla. Prefería mil veces morir antes que seguir siendo una prisionera en este lugar, pasando por algo tan grotesco como ser obligada a casarme con Thomas Hewitt, un hombre al que apenas entendía.

Hoyt dio un paso hacia mí, inclinándose para susurrar:
—Te daré un consejo, Narela. Haz lo que él quiera. Hazte útil. Porque si no, bueno... —sonrió, levantándose de nuevo—. Aquí nadie vive para contar su historia.

Cuando se fue, cerrando la puerta tras de sí, sentí como si el aire regresara a mis pulmones. Me dejé caer sobre el viejo colchón, con la mente hecha un caos.

Thomas no era como Hoyt. Su presencia era aterradora, sí, pero no de la misma manera. Había algo... diferente. Algo en su mirada que me hacía dudar de todo. A veces, cuando sus ojos se encontraban con los míos, parecía haber una chispa de humanidad, algo más allá del monstruo que ellos querían que fuera.

¿Podría eso salvarme? ¿O era simplemente otra forma de perderme aún más en este infierno?

El día había pasado en una neblina interminable de silencio y tensión. Me quedé encerrada en la habitación, evitando cruzar miradas con cualquiera que pudiera entrar, repasando mentalmente cómo había terminado en este lugar. El olor a madera vieja y humedad me llenaba los pulmones, recordándome que no había escapatoria.

El sonido distante de las herramientas en el sótano me sacó de mis pensamientos. El ruido metálico y constante era un recordatorio de que Thomas estaba allí, trabajando. No había necesidad de que alguien me lo dijera; lo sabía por la pesadez que sentía en el aire.

La puerta se abrió suavemente, y al principio me tensé, esperando lo peor. Pero fue la señora Luda quien entró, cargando una bandeja de madera con algo de comida. Su presencia era un extraño consuelo en medio de esta pesadilla.
—Te traje esto, niña. Debes comer algo, o te vas a enfermar.

Dejó la bandeja en la mesita junto a la cama y se sentó brevemente a mi lado. Su expresión era maternal, una contradicción en esta casa de horrores.
—¿Te has tomado la pastilla? —me preguntó en voz baja, casi como si no quisiera que nadie más la escuchara.

Asentí, sintiéndome aliviada por su preocupación, aunque las palabras se me atoraron en la garganta.
—Gracias... —murmuré, apenas audible.

Ella acarició mi hombro brevemente antes de levantarse.
—Haz lo que te digo, niña. Aquí, cada pequeña decisión puede marcar la diferencia.

Cuando se fue, me quedé mirando la puerta cerrada. El silencio volvió a llenar la habitación, roto únicamente por el ruido constante del sótano. Sentí que mi corazón latía con fuerza cuando los sonidos de las herramientas cesaron de repente. Los pasos pesados de Thomas subieron por las escaleras, resonando con un ritmo pausado y firme.

Un Gigante Extraño [Thomas Hewitt X Tu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora