Capítulo 34

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Después de que Osman Bey hablara, el Kadi, con una postura firme, se adelantó al centro donde Osman Bey, Malhun Hatun y Bala Hatun se encontraban. Su túnica blanca ondeaba ligeramente con el viento, mientras sus ojos serenos recorrían a los presentes.

—Hemos venido hoy a realizar el juicio para determinar si el Shehzade Alaeddin Bey es culpable del asesinato del Shehzade Ahmet Bey —declaró el Kadi con voz firme, que resonó como un eco en el valle.

Antes de que el Kadi pudiera continuar, Melike Hatun se acerco al Kadi con una mirada de furia contenida. Sus ojos centelleaban como brasas vivas mientras su voz quebraba el silencio.

—¡Los has venido a salvar! —acusó Melike Hatun, apuntando al Kadi con un dedo tembloroso, su tono cargado de reproche y dolor.

El Kadi permaneció inmóvil, estudiando a Melike Hatun con una calma imperturbable. Finalmente, habló, su voz llena de gravedad.

—La razón se ha ido; en su lugar, ha llegado la furia —dijo, mirando directamente a los ojos de la Hatun.

Los murmullos se esparcieron entre los alpes, pero el Kadi los acalló levantando una mano. Dio un paso hacia Melike Hatun, quien no retrocedió, sino que apretó con más fuerza la empuñadura de su espada.

—La ira ha abrumado la mente. Ahora el sultán es la ira; no te deja ver el mundo. Lo sé. Tu corazón arde en llamas, pero tu ira te ciega —continuó diciendo el Kadi, su voz como una brisa calmante en medio de la tormenta.

Con movimientos lentos y deliberados, el Kadi extendió una mano hacia Melike Hatun, tomando la espada de ella. Hubo un instante de tensión en el que nadie se movió, todos expectantes. Entonces, con una sorprendente tranquilidad, el Kadi colocó la hoja fría contra su propio cuello.

—Si apagar el fuego dentro de ti requiere un sacrificio, empieza conmigo, Melike Hatun —declaró, sus palabras cargadas de desafío, pero también de compasión.

La Hatun respiraba agitada. Sus manos temblaban, y su mirada fluctuaba entre la ira y el desconcierto. Todo quedó en un silencio sepulcral, todos pendientes de su próxima acción. Finalmente, las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Melike Hatun mientras su espada caía al suelo con un sonido metálico.

—No busco venganza... solo quiero la verdad —murmuró, rompiéndose finalmente bajo el peso de su dolor.

El Kadi dio un paso atrás y, dejando la espada en el suelo, extendió una mano hacia Melike.

—Entonces, busquemos juntos la verdad. Pero hazlo con un corazón libre de odio.

El Kadi retomó su posición en el centro del círculo, la solemnidad en su rostro más marcada que nunca. La atmósfera estaba cargada de emociones, pero el juicio debía continuar.

—Por orden de este tribunal, se llaman a declarar a Holofira Hatun y Gonga Hatun, testigos de los hechos que nos han traído hasta aquí —anunció el Kadi.

Holofira y Gonga Hatun al escuchar sus nombre se colocaron en el centro del círculo. El silencio era absoluto mientras el Kadi las miraba fijamente.

—Holofira Hatun, según lo que sabemos, estuviste presente la noche en que murió el Shehzade Ahmet Bey. Por favor, relata lo que ocurrió —dijo el Kadi, dándole la palabra.

Holofira  dio un paso al frente, su voz clara y firme.

—Fue Yakup Bey quien desencadenó todo esto. Tenía a su hija, Gonga Hatun, encerrada en una jaula, tratándola como una prisionera. Alaeddin Bey y yo decidimos liberarla. Esa noche, logramos entrar en el campamento de Yakup Bey y encontrar a Gonga. Mientras Alaeddin abría la jaula, Ahmet Bey apareció.

Entre el deber y el corazónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora