Capítulo 35

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Mientras seguíamos caminando, el silencio entre nosotros no era incómodo, sino más bien un refugio. Orhan Bey tenía esa habilidad peculiar de ofrecer consuelo sin necesidad de palabras, y en ese momento, lo agradecí más de lo que pude expresar.

Finalmente, después de unos minutos, él rompió el silencio, su voz resonando con esa mezcla de autoridad y calidez que lo caracterizaba.

—Esta noche se llevará a cabo una cena para celebrar que Alaeddin ha sido absuelto. Será una oportunidad para que todos estén juntos después de tantos días de incertidumbre.

Asentí lentamente, procesando sus palabras. Una cena en la tribu significaba muchas cosas: alegría, unión, pero también atención y preguntas. ¿Podría mantener oculto lo que había descubierto? ¿Podría soportar la mirada de Malhun o de cualquier otro que notara mi inquietud?

—Es una buena noticia —respondí, esforzándome por sonar convencida. La verdad era que la idea de estar rodeada de tantos ojos me hacía sentir vulnerable, pero sabía que no podía rehuir a la celebración. Alaeddin era importante para todos, incluso para mí, aunque nuestras interacciones hubieran sido limitadas.

Orhan Bey pareció percibir mi conflicto interno. Se detuvo de pronto y se giró para mirarme directamente. Su altura imponente y su expresión seria hicieron que me sintiera pequeña por un momento, pero no de manera incómoda. Era más bien como si su presencia me envolviera, como un escudo invisible.

—Si necesitas tiempo, puedo hablar con Osman Bey. No tienes que estar ahí si no te sientes preparada.

Su oferta me tomó por sorpresa. No era común que Orhan Bey ofreciera alternativas tan directas, y su preocupación genuina me hizo dudar de mi decisión de asistir.

—No, estaré bien. Además, todos estarán ahí. No puedo faltar —contesté con una pequeña sonrisa, intentando parecer más segura de lo que realmente estaba.

Orhan Bey entrecerró los ojos ligeramente, evaluándome, pero finalmente asintió, aceptando mi respuesta. Reanudamos nuestro camino, y aunque ninguno de los dos habló más sobre la cena, sentí que había algo más que él quería decir, algo que permanecía en sus pensamientos.

Al llegar cerca de donde se celebraria la cena, ya se se encontraba el bullicio de los preparativos, Orhan Bey me detuvo con un gesto suave. Su mano descansó brevemente en mi brazo, suficiente para captar mi atención.

—Esta noche no es solo para celebrar a Alaeddin. Es para recordar que, incluso en los momentos más oscuros, no estamos solos. No lo olvides.

Mientras seguíamos caminando hacia la parte central de la tribu, un movimiento a lo lejos llamó mi atención. Al girar la vista, vi la figura inconfundible de mi padre, Gündüz Bey, acercándose con su paso firme y su porte imponente, el mismo que siempre parecía exigir respeto sin necesidad de palabras. Una leve sonrisa se dibujó en mi rostro al verlo, pero pronto se desvaneció al percatarme de otra figura que estaba entre los asistentes a la cena: Holofira.

Mi corazón se tensó al instante, como si un puño invisible lo apretara. Allí estaba ella, con su aire tranquilo y aquella sonrisa que, aunque serena, parecía un recordatorio constante de lo que nunca podría olvidar. Holofira también estaría en la cena, y aunque había intentado enterrar las emociones que su presencia despertaba en mí, en ese momento volvieron a aflorar con fuerza.

Orhan Bey, ajeno a mi reacción interna, se excusó brevemente para supervisar otros detalles de la celebración, dejándome sola con mi padre. Gündüz Bey me observó con su mirada penetrante, una mezcla de curiosidad y preocupación que me hizo sentir como si estuviera bajo escrutinio. No tenía que decir nada; él sabía. Siempre sabía.

Entre el deber y el corazónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora