🥂 CAPÍTULO XVIII 🥂

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Narra Amar:

El río suavemente, pero no era una risa de alegría. Era amarga, posesiva. Se inclinó hacia mí, acercándose tanto que sentí su aliento cálido contra mi rostro, tenía un aroma delicioso a café, menta y tabaco, al igual que un toque amaderado y fresco de su perfume.

Iván:-Claro que no puedes- dijo, con una seguridad que me hizo estremecer. -Porque, al igual que yo, sabes que nadie más puede hacerte sentir así-

Quería gritarle, empujarlo, decirle que estaba equivocado, pero mis manos se movieron por sí solas, agarrando su sudadera con fuerza, tirando de él hacia mi.

Amar:-¿Y quién te crees que eres para asumir tanto?- susurré, mi voz llena de un desafío que apenas podía sostener.

Iván:-Soy el único que sabe cómo manejarte, Amar.- respondió sin vacilar. -Porque tú también eres un desastre. Igual que yo. Y juntos...-

Su mano subió hasta mi rostro cuando me empecé a mover encima de él, sus dedos rozando mi mandíbula con una mezcla de ternura y posesión.

Iván:-... somos imparables, aunque nos destruya.

Lo odié en ese instante por tener razón, por poner en palabras lo que yo misma no quería admitir. Pero antes de que pudiera responder, sus labios encontraron los míos, y todo pensamiento coherente se desvaneció.

El beso no era suave ni dulce. Era salvaje, crudo, necesitado y posesivo, como si ambos intentáramos probar que el otro nos pertenecía, me mordió el labio inferior y gemí en su boca haciendo mis movimientos más intensos. Sus manos se colaron por la playera y se deslizaron por mi cintura, apretándome con fuerza, mientras mis uñas arañaban ligeramente su nuca, un gesto que sabía que lo volvía loco.

Iván:-Dime que soy tuyo,Amar- exigió contra mis labios, su voz ronca.

Amar:-¿Y si no quiero?- lo desafié, aunque mi respiración entrecortada delataba lo contrario.

Sus ojos ardieron como un fuego peligroso. En un movimiento rápido, tomó las orillas de la playera y la quito por encima de mi cabeza, de la nada sentí que me empujaba y caí mágicamente al piso de la casa de campaña, por suerte estaba acolchonada y por arte de magia una almohada para mi cabeza, el piso me trasmitía su frío, sus manos atraparon mis muñecas, sosteniéndolas firmemente encima de mi cabeza.

Iván:-¿No quieres?- murmuró, su boca rozando mi cuello, sabía que era mi punto débil. -Porque tus ojos me dicen otra cosa. Tu cuerpo también.-

Intenté resistirme, pero él tenía razón. Mis piernas temblaban y mi respiración era un desastre.

Iván:-¿Te gusta jugar conmigo, Amar?- dijo, su voz cargada de deseo y reproche al mismo tiempo. -Porque parece que no puedes decidir si quieres desafiarme o rendirte.-

Amar:-¿Y tú?- respondí, con un retintín que no lograba ocultar mi propia necesidad. -¿No te cansas de intentar controlarme, Iván? Porque si lo que buscas es someterme, déjame decirte que te va a costar mucho.-

Pasé mis manos por su pecho y me deshice de su playera y su sudadera, sus cuadros se veían deliciosos desde aquí abajo, me mordí un dedo seximente.

Él soltó una risa baja y oscura, la clase de risa que hacía que mi estómago se contrajera y mi cuerpo se inclinara hacia él, a pesar de mis palabras.

Iván:-No necesito someterte completamente, Amar.- murmuró, llevando una de sus manos a mi rostro, obligándome a mirarlo directamente a los ojos. -Solo necesito que admitas que, por más que luches, siempre vuelves a mi.-

Solamente tú Donde viven las historias. Descúbrelo ahora